Mañana se emite en Tele 5 Intocable, el gran éxito francés que durante el año 2012 conquistó al público de todo el mundo. Narra en tono de comedia la peculiar relación entre un aristócrata tetraplégico y su cuidador, un joven marginal recién salido de la cárcel, basada en una historia real. Muy recomendable trabajo dirigido a cuatro manos por Olivier Nakache y Eric Toledano con magníficas interpretaciones de sus dos protagonistas, François Cluzet y Omar Sy. Aquí tendréis la crítica que escribimos en su día con motivo del estreno en España de la película, de la que ya habíamos disfrutado en la clausura del Festival de San Sebastián de 2011.
Bajo estas líneas podéis comparar a los dos actores con los personajes reales en los que se basan sus personajes.

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“La persistencia de la memoria” Dalí (1931), “Cisnes que se reflejan como elefantes” Dalí (1937), “Manos pintoras” Escher (1948), “Relatividad” Escher (1953). La verdadera genialidad no estriba en la concepción de ideas revolucionarias, que se salgan de lo normal, avanzadas a su tiempo. La verdadera genialidad reside en la capacidad de plasmar y transmitir esas ideas de un modo personal e intransferible de forma que puedan ser percibidas por cualquiera que se coloca delante de un cuadro o que se sienta a ver una película. Christopher Nolan añade una nueva vuelta de tuerca a la sorprendente evolución de una filmografía plagada de películas impactantes con Origen, en la que se aprecian claras influencias de la genialidad, la osadía, el surrealismo y el mundo onírico de Salvador Dalí y el asombro y la habilidad de un visionario, artista de lo imposible y creador de ilusiones ópticas como Maurits Escher. A partir de ahora Nolan va a formar parte de este grupo de artistas que, adelantándose a su tiempo, han explorado el mundo de los sueños y de las paradojas visuales y nos han regalado imágenes que perdurarán para siempre en nuestras retinas.
Como en su primer gran éxito, Memento, Nolan establece las reglas del juego en los primeros 15 minutos de metraje sumergiendo al espectador en una determinada forma de narrar que va a sucederse durante el resto de la película. La peculiaridad en este caso estriba en que vamos a ver cómo los protagonistas son capaces de meterse en los sueños de otros e incluso de manipularlos para introducir ideas en sus mentes. La arquitectura imposible que puede surgir en un mundo onírico que mana de la imaginación propicia una dirección artística espectacular. En este caso se ha optado por un estilo realista con toques de paradoja visual, influencia del holandés Escher, más que por adentrarse en terrenos más oscuros, barrocos, coloristas y recargados como han hecho otros filmes de temática similar como Más allá de los sueños. La visión del Nolan realizador se une al gran trabajo de su colaborador habitual el director de fotografía Wally Pfister para conseguir un resultado impecable en lo que a imagen se refiere. El director británico realiza un fantástico despliegue de su talento en la espectacular secuencia del pasillo del hotel en la que consigue algo nunca visto a la hora de rodar una secuencia de acción, situándose a la altura de las innovaciones que los hermanos Wachowski introdujeron en Matrix.

El perfecto subrayado a este espectáculo audiovisual lo aporta otro sospechoso habitual de los equipos de Nolan, el compositor Hans Zimmer gracias a una potente y magnifica banda sonora. El guión en un momento determinado realiza una narración paralela a cuatro niveles jugueteando con la suspensión temporal, estirando y encogiendo el tiempo. Un plano detalle de un reloj de agujas cuyo segundero cambia de velocidad repentinamente se convierte en pariente cercano de los relojes blandos con los que Dalí retorcía el tiempo en mitad de sus desasosegantes paisajes irreales. Nolan ha creado así un juego de muñecas rusas con esta laberíntica historia en la que ha querido retratar de alguna manera la arquitectura de la mente, el mundo de anhelos, ideas y miedos que se ocultan en los recovecos del subconsciente, tomando como referencia la torturada personalidad del protagonista encarnado brillantemente por un Leonardo DiCaprio cada vez más cercano a un Oscar que se le resiste. El reparto se completa con un ramillete de actores y actrices de lo mejorcito que nos brinda el panorama actual, casi todos candidatos o ganadores del Oscar. Desde la veteranía de Michael Caine, Tom Berenger o Pete Postlethwaite a la insultante bisoñez de Ellen Page pasando por la elegancia de Marion Cotillard, la revelación de Joseph Gordon-Levitt o la sobriedad de Ken Watanabe o Cillian Murphy. Un elenco internacional procedente de Inglaterra, Irlanda, Estados Unidos, Japón o Francia.

Sin ninguna duda nos encontramos ante una obra maestra y un paso adelante en la forma de hacer y concebir el cine. Como los grandes genios Christopher Nolan es un adelantado a su tiempo. Su destreza para reflejar el mundo onírico al que todos nos acercamos noche tras noche es comparable al genio de Dalí para plasmarlo en un lienzo y a la habilidad de Escher para crear paradojas visuales e ilusiones ópticas. Christopher Nolan es al cine lo que Dalí y Escher a la pintura.

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ORIGEN
Director: Christopher Nolan
Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Joseph Gordon-Lewitt, Ellen Page
Duración: 148 minutos
USA, 2010
Aprovechando el estreno de Transcendence, protagonizada por Johnny Depp y debut tras las cámaras de Wally Pfister, director de fotografía habitual de Christopher Nolan, productor de la cinta, publicamos la crítica que publicamos en su día de una de sus últimas colaboraciones: Origen, la magnífica película protagonizada por Leonardo di Caprio.
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La música de un piano intensamente solitario resuena sobre el fondo negro de la pantalla en la que aparece un rótulo que reza: “Las dos caras de enero”. Cuando uno tiene la costumbre de acudir a una sala de cine sin apenas información sobre la película que se dispone a ver y los créditos iniciales se relegan al final de la misma, inicia un sugestivo juego del gato y el ratón consistente en adivinar el compositor de esa magnífica banda sonora que llama la atención desde sus primeros acordes antes de que el nombre del misterioso músico sea revelado.
Parafraseando el eslogan publicitario, el guionista de la estupenda Drive, Hossein Amini, debuta en la dirección adaptando una novela de la autora de El talento de Mr. Ripley, Patricia Highsmith, producido por quienes llevaron a la gran pantalla El topo. El mero hecho de utilizar un reclamo de este tipo sin hacerlo en tono cómico no suele presagiar nada bueno. A pesar de ello, la premisa argumental no deja de resultar interesante. Atenas, 1962. Dos artistas del engaño de distinto cariz, un guía que escamotea unos dracmas de más a los incautos turistas (Oscar Isaac) y una especie de Bernard Madoff de la época (Viggo Mortensen), y la joven esposa de este último (Kirsten Dunst) forman un triángulo de intereses cruzados que habrán de entenderse para escapar impunes del asesinato fortuito de un detective privado.

Mientras tanto, las cuerdas de los violines y el arpa, que construyen una melodía evocadora, sutil, con ecos al mejor Bernard Herrmann, continúan haciéndonos cavilar, pero seguimos sin identificar al autor de tamaña maravilla.

Más allá de referentes clásicos, con reminiscencias a El hombre que sabía demasiado, o de citas cultas a obras maestras del género negro como Testigo de cargo, lo cierto es que el filme nos deja fríos. No llegamos a sentir empatía por ninguno de los protagonistas de forma que nos trae sin cuidado el destino que puedan correr, por muy sombrío que este sea. A pesar de todo, tras un inicio un tanto convencional, una segunda parte más oscura e inquietante insufla algo de oxígeno a la narración. Pero la inverosimilitud de un final al que se le reclama una vuelta de tuerca hacia un tono más lúgubre, teniendo en cuenta el desarrollo previo de la historia, termina por desbaratar las pocas esperanzas depositadas en ese último tercio de metraje.

Lo cierto es que hemos disfrutado mucho más con el suspense de nuestro pequeño entretenimiento musical que con el que nos ofrecía la propia película. Como suele suceder en infinidad de ocasiones, el acompañamiento melódico se encuentra muy por encima del principal fílmico al que viste. Esperamos con avidez el cartón en el que se lee “music by”. En ese momento todas las piezas encajan. Y es que el mestizaje entre los sonidos étnicos del folclore greco-turco y la elegante partitura que rezuma un contemporáneo clasicismo no podría haber salido sino de la imaginación y el genio de un donostiarra llamado Alberto Iglesias.

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Las dos caras de enero
Dirección y guión: Hossein Amini
Intérpretes: Viggo Mortensen, Oscar Isaac, Kirsten Dunst.
Fotografía: Marcel Zyskind
Montaje: Nicolas Chaudeurge y Jon Harris
Duración: 96 min.
Reino Unido, Estados Unidos, Francia, 2014
El cartel publicitario la presenta como la película dirigida por el guionista de Drive, basada en la novela de la autora de El talento de Mr. Ripley, producida quienes llevaron a la gran pantalla el topo. ¿Será todo eso marchamo de buen cine de suspense? En breve saldremos de dudas y tendréis aquí la crítica de Las dos caras de enero, protagonizada por Viggo Mortensen, Kirsten Dunst y Oscar Isaac.
Tras haber dado carpetazo a una primera trilogía X-Men un tanto irregular y cerrada en falso, el director de las dos primeras películas, Bryan Singer, en su faceta de productor, quiso revitalizar la franquicia abriendo una nueva rama de la saga con una brillante idea: volver al principio para contar el origen de los personajes principales y de la misma Patrulla X. De ahí surgió X-Men: Nueva Generación, un estupendo filme de acción, el mejor de todos los que se han hecho en torno al universo de los mutantes. Se centraba en la crisis de los misiles de Cuba, con ecos jamesbondianos y una simplicidad argumental que hizo de ella una muy refrescante propuesta por parte de su director y co-guionista Matthew Vaughn. El éxito de crítica y público (y, por supuesto, el afán pecuniario) hizo que se quisiese continuar por este nuevo camino.
El filme que nos ocupa, de nuevo bajo la batuta de Singer, ha querido unificar la totalidad de líneas argumentales de la saga en un mismo guión, con todos sus personajes, de forma coherente. De esta manera nos encontramos con que la idea inicial de una trama lineal centrada en los años 60 y 70, mucho más interesante a priori, ha perdido peso dentro del libreto para convivir en paralelo con un futuro indeterminado. Una premisa tan simple, pero al tiempo tan manida,como la de viajar al pasado para evitar un acontecimiento que cambie el curso del negro destino que se cierne sobre los mutantes, que el cine nos ha mostrado hasta la saciedad en títulos que van desde Terminator a 12 monos pasando por Regreso al futuro, es la excusa que se ha querido utilizar para que las dos ramificaciones de la serie convivan dentro de la nueva historia. Con lo que, amén de la cantidad de mutantes que aparecen, nos encontramos con los dos personajes que sirven de nexo a ambas trilogías, tanto en su juventud, Charles Xavier y Erik Lehnsherr, como en su madurez, Profesor X y Magneto.

El tratamiento visual que Singer ha aplicado a la parte futurista, que al buscar lo apocalíptico resulta tenebrista, y el hecho de que se encuentre ubicado en un único decorado interior hace al filme opresivo. Y el sentido del humor que pudiese aliviar este aspecto, que tan bien funcionaba en la anterior entrega, se encuentra diseminado en chispazos intermitentes, con el asesinato de JFK y la efervescente presencia de un personaje como Quicksilver como protagonistas.

Al contrario que X-Men: Nueva Generación, cuyas virtudes se centraban en la sencillez, la complejidad que busca esta película al querer resolver las tramas de prácticamente todos los personajes se convierte en un lastre insalvable que la hace excesivamente larga, enrevesada y anodina. Parece que se encuentre dirigida a contentar a los fans de la saga y de los cómics más que a la satisfacción del espectador que simplemente busca entretenimiento en el cine de acción.

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X-men: Días del futuro pasado
Director: Bryan Singer
Guión: Simon Kingberg
Intérpretes: Hugh Jackman, Michael Fassbender, James McAvoy
Música y Montaje: John Ottman
Fotografía: Newton Thomas-Sigel
Duración: 131 min.
Estados Unidos, Reino Unido, 2014
Regenerarse, renacer, reinventarse, resurgir. Cuando las circunstancias te llevan inevitablemente a decidir en la disyuntiva entre renovarse o morir es que estás a punto de ser borrado del mapa, de desaparecer por obsoleto, por circunstancias externas o por tu propia responsabilidad. En el caso de la gente que hasta hace poco más de dos semanas estábamos trabajando en VEO7 fueron las decisiones erróneas y la mala gestión de otros la que nos ha puesto a los pies de los caballos y nos ha obligado a elegir y por supuesto escogemos reinventarnos y seguir hacia delante. De esta misma forma ha actuado Bryan Singer, responsable de los dos primeros títulos de la saga X-Men, que ha decidido, con acierto, volver la vista al inicio de todo. Volver al principio para contar el germen de la Patrulla X pero sin ningún tipo de atadura que pudiera lastrar el proyecto.
Algunos personajes son los mismos, sí, pero se ha querido que tuvieran su propio desarrollo independientemente de cómo habían quedado reflejados en la trilogía ya existente. Se ha pretendido dar una visión distinta a la saga, una reinvención de la misma más parecida a los dos primeros títulos y aportando una profundidad a los personajes de la que carecían las películas anteriores. El espíritu del cómic primigenio es el que sobrevuela por encima de todo. Se respira esa atmósfera clásica de la historia original de 1963. El prólogo en el campo de concentración nazi en 1944 es brutal y le da un toque más cercano a lo realista que a lo fantástico y eso, en una película de superhéroes, supone un plus de profundidad de cara al dibujo inicial y al desarrollo posterior de los personajes. El alma de esta secuencia es un fantástico y sorprendente Kevin Bacon.
La estructura del guión funciona tan bien porque a pesar de ser una película coral con multitud de personajes la trama se centra en el triángulo de relaciones de amistad-odio que se dan entre Charles Xavier (James McAvoy), Erik Lehnsherr, el futuro Magneto, (Michael Fassbender) y Sebastian Shaw(Kevin Bacon). El motor que genera el conflicto son los deseos de venganza y destrucción que siente Erik Lehnsherr hacia Sebastian Shaw, el hombre que ha marcado su existencia desde niño y que le ha convertido en lo que es, su amigo Charles Xavier ejercerá de freno a ese odio tan visceral. Y todo eso metido en la coctelera que supone un film de superhéroes.
Pero hay muchos más elementos de interés. El grueso de la trama se desarrolla en 1962 durante la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética, en medio de la crisis de los misiles de Cuba. No cabe duda de que este contexto internacional resulta mucho más fascinante que el actual orden mundial y da pie a que surjan situaciones relacionadas con los cuerpos de espionaje que tanto juego han dado al cine y a la literatura. Empezando por la CIA, incluyendo referencias a agencias secretas del gobierno norteamericano con homenaje incluido a los Men in Black, dando un toque Bond que añade elegancia y estilo al conjunto e incluso incluyendo esa enorme sala de la guerra, donde el presidente de los Estados Unidos decide lanzar, o no, sus misiles nucleares contra la URSS, que recuerda inevitablemente a la de Teléfono rojo, volamos hacia Moscú.
Todo esto manejado en su justa medida hace que X-Men: Primera Generación trascienda el calificativo de película de acción y superhéroes y vaya un poco más allá. En el fondo, si obviamos todo esto que proporciona un vestido atractivo a la historia, nos encontramos con una película de actores bien dirigida y muy bien interpretada. Ahí se encuentran presentes los temas de la adaptación, el sentirse diferente, la forma de afrontar esas diferencias, el odio, la venganza, el canalizar esa energía y esas cualidades extraordinarias que se poseen de una forma positiva o destructiva o incluso autodestructiva.
Cuando Bryan Singer declinó dirigir esta precuela pero permanecer como productor ejecutivo escogió sabiamente a Matthew Vaughn para sacarla adelante. La labor de ambos ha generado un resultado muy por encima de lo esperado. El director británico ya había sorprendido con Stardust y Kick Ass y ha sabido buscar actores de carácter para dar profundidad a personajes aparentemente superficiales. Ahí están los Kevin Bacon, James McAvoy, la recientemente nominada al Oscar Jennifer Lawrence(Winter´s bone) y un espectacular Michael Fassbender, que es lo mejor de la película sin ninguna duda. Su presencia, magnética, y su interpretación sorprenderán a quien no lo conozca y confirman algo que ya se veía venir. X-Men: Primera Generación va a suponer el espaldarazo definitivo para la carrera de un actor que lleva camino de convertirse en imprescindible en el cine de la próxima década.
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X-men: Primera Generación
Dirección: Matthew Vaughn
Intérpretes: James McAvoy, Michael Fassbender, Kevin Bacon
Duración: 132 min.
USA, 2011
Aprovechando el estreno de su continuación, X-men: Días de futuro pasado, hoy mismo en los cines, vamos a recordar un título que revolucionó las salas en junio de 2011. Curiosamente la crítica en su inicio tiene una referencia a un funesto acontecimiento que acaeció en la vida laboral del autor de la crítica por aquellas fechas. Espero que disfrutéis leyéndola y si no habéis visto la película esta misma noche se emite en televisión, una buena ocasión para recuperar este interesante acercamiento al cine de superhéroes.
Y la semana próxima tendréis en http://www.vivazapata.net la crítica de X-men: Días del futuro pasado.
Beautiful girls. Una Natalie Portman con cierto aire de lolita intelectual responde a Timothy Hutton: “…y todas las chicas de color dijeron…” , y comienza a tararear rítmicamente el “du, du, du, du, du…” de Walk on the wild side. Quedémonos simplemente con el sonido, los coros se multiplican, se acoplan perfectamente a la melodía y hacen crecer la canción hasta límites insospechados. Lisa Fisher, Judith Hill, Claudia Lennear, Darlene Love. ¿A alguien le suena alguno de estos nombres? Son sus voces las que hemos oído tantas y tantas veces en nuestras canciones favoritas, sin ponerles cara, desconociendo por completo que, ahí, al lado de gente como Lou Reed, Michael Jackson, Joe Cocker, Aretha Franklin o The Rolling Stones, esas cantantes anónimas, con su arte, eran capaces de convertir una buena canción en un tema inolvidable. De forma que esos 20 pasos que les separan de la fama se refieren, por una parte, a la distancia real a la que se encuentran, dentro de un escenario, de todas estas luminarias del firmamento musical, pero por otro lado también habla, metafóricamente, del abismo, insalvable en la mayor parte de las ocasiones, que habrían de cruzar para salir de las bambalinas y enfrentarse al gran público en solitario.
Ese Walk on the wild side se convierte así en la mejor manera de acompañar a unos créditos iniciales en los que se suceden fotografías de bandas en las que los cantantes principales aparecen con la cara tapada, para que centremos nuestra atención en quienes se encuentran a sus espaldas. De ellas nos va a hablar este magnífico documental dirigido por Morgan Neville, ganador del último Oscar de la categoría.

Neville ha contado con los valiosos testimonios de nombres míticos como Sting, Bruce Springsteen o Stevie Wonder, gran cantidad de metraje de archivo y, por supuesto, con las entrevistas realizadas a multitud de coristas, para, ayudado por una ágil realización, unos atractivos efectos visuales y un efectivo montaje, articular un relato con un sentido de la narración que va más allá de lo meramente documental, que consigue atrapar la atención del espectador para, poco a poco, llegar a emocionarle.

Esta película te enseña a disfrutar de todas esas canciones que siguen haciéndote vibrar, a verlas de otra forma, a descubrir que detrás de ellas hay mucho talento y unas voces maravillosas. La secuencia que describe la rocambolesca forma en que Merry Clayton sorprendió a Mick Jagger y Keith Richards durante la grabación de los coros de Gimme shelter tiene tal fuerza que se convierte en un momento irrepetible que pone la carne de gallina. El filme construye una tesis sobre lo que significa la música para estas cantantes en la sombra y sobre las inesperadas vueltas que puede dar su vida. Y todo ello sin dejar de narrar, en segundo plano, la historia de la música moderna desde los años 60 hasta nuestros días desde el punto de vista de esas artistas invisibles que se encuentran A 20 pasos de la fama.

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A 20 pasos de la fama
Dirección y guión: Morgan Neville
Intérpretes: Lisa Fisher, Darlene Love, Judith Hill, Claudia Lennear
Fotografía: Nicola Marsh y Graham Willoughby
Montaje: Douglas Blush, Kevin Klauber y Jason Zeldes
Duración: 91 min.
Estados Unidos, 2013
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