SECCIÓN OFICIAL
EL HOMBRE DE LAS MIL CARAS
Una historia de amor al dinero, pero también de amistad, confianza, lealtad o de todo lo contrario. La detención de Roldán y la curiosa figura de Francisco Paesa contada con ironía y mucha mala uva. La corrupción y latrocinio que, a pesar de tener más de 20 años, no prescriben y se reflejan perfectamente en la España de hoy en día. Lo mejor hasta ahora de la sección oficial. Eduard Fernández candidato a mejor actor. El guión y la dirección de Alberto Rodríguez, notables.
I AM NOT MADAME BOVARY
Cine chino, pretencioso en la forma y vacío en el fondo. Larga, tediosa, contemplativa y aburrida. Una fábula que no necesitaba más del tiempo que dura un cortometraje. No debería figurar en el palmarés.
PROYECCIONES ESPECIALES -PREMIO DONOSTIA
LOS SIETE MAGNÍFICOS
A pesar de no bajar a la lluvia y al barro, como Kurosawa, Antoine Fuqua reúne la épica del western clásico con la oscuridad del western crepuscular. Apasionante. Emocionantes últimos «parabarás» de James Horner y sentido homenaje al compositor trágicamente fallecido.
PREMIO DONOSTIA – ETHAN HAWKE
Llano, cercano, entusiasta, contagia su amor por el cine en cada palabra. Un gran tipo y un eminente actor con una importante carrera a sus espaldas a pesar de sus escasos 45 años. En la tradición de los premiados que se han metido al público y a la prensa en el bolsillo por su sencillez y accesibilidad.
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SECCIÓN OFICIAL
LA DOCTORA DE BREST

Sidse Babett Knudsen. Foto: Manu Zapata
Vibrante thriller médico basado en hechos reales. Primera mitad acción. Segunda mitad reflexión. Buen sabor de boca global. Sidse Babett Knudsen candidata a mejor actriz, su hándicap, sobreactuación en ciertos pasajes.

Emmanuelle Bercot (directora), señalando al personaje real, la doctora Iréne Franchon, y la actriz que la interpreta, Sidse Babett Knudsen. Foto: Manu Zapata
LA HUÉRFANA

Confuso juego de flashbacks que pretende esconder la endeblez del argumento. El director juega a la vuelta atrás regresiva, al estilo Memento, pero desorienta al espectador al no aportar información suficiente para comprender la estructura del relato. Reparto excesivamente coral con presencias (Sergi López) meramente testimoniales.
MANDA HUEVOS

La figura del varón en el cine español desde la posguerra hasta antes de ayer.Exhaustivo repaso temático que comprende el franquismo, la transición, la llegada de la democracia y la crisis del nuevo milenio. Momentos verdaderamente hilarantes y otros estremecedoramente duros. Amena lección de cine de Diego Galán tras Con la pata quebrada.

Y mañana, el primero de los platos fuertes. Primer Premio Donostia 2016: Ethan Hawke.
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Otro año más vivazapata.net va a acudir a Donosti, por tercer año consecutivo desde la fundación de la web, aunque ya son más de 10 años asistiendo ininterrumpidamente al Zinemaldia, para acercar a todos sus lectores, a todos vosotros, lo más destacado de lo que va a acontecer durante estos próximos nueve días en San Sebastián. La información estará centrada en la sección oficial, sin olvidar todas esas sorpresas en forma de buen cine que nos encontremos en otras secciones. Y este año lo queremos hacer en forma de telegrama, cortito y al pie, como diría el clásico. Esperamos que lo disfrutéis tanto como nosotros.
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Tras Charles Chaplin, muchos han sido los intérpretes que han visitado el lado oculto de la cámara para firmar sus propios proyectos. Desde Lawrence Olivier a Mel Gibson, con el imprescindible Clint Eastwood de por medio, sin olvidar a Jodie Foster o Angelina Jolie. Dentro de nuestras fronteras destacan por la cantidad y calidad de su producción Icíar Bollaín, con El olivo todavía muy reciente, y Fernando Fernán Gómez, autor de la más personal, oscura y maravillosa película que haya dado el cine español, El extraño viaje, emparentada en su malditismo con otra obra maestra indiscutible, La noche del cazador, cuya mala acogida por una crítica obtusa propició que Charles Laughton se levantara para siempre de la silla del director para regresar a sus eminentes labores interpretativas. Afortunadamente, el futuro de Raúl Arévalo en estos menesteres se nos antoja diametralmente opuesto.

El actor de Azuloscurocasinegro o El camino de los ingleses se ha enriquecido de la experiencia adquirida de tipos como Daniel Sánchez Arévalo y Antonio Banderas (otro “tránsfuga”), pero para su debut ha buscado beber, inteligentemente, de las sabias fuentes de Alberto Rodríguez, con quien coincidió en La isla mínima. No hay más que ver el rompedor inicio, una espectacular persecución automovilística modélicamente rodada en un plano secuencia, para recordar la trepidante carrera por los tejados de Grupo 7. El coche termina estrellado. Su conductor (Luis Callejo), en la cárcel. El motivo, un atraco a mano armada.

Tras los créditos, la trama nos acerca a un bar donde un tipo tímido y taciturno (Antonio de la Torre) se enamora de la mujer que regenta el establecimiento, que resulta ser la pareja de aquel chófer que todavía se encuentra cumpliendo condena pero próximo a salir de prisión.

Arévalo, co escritor del filme, divide la narración en capítulos, introducidos por un título conceptual que describe su contenido, que propician un recorrido lento pero seguro que añade elementos que van haciendo crecer paulatinamente el interés de la cinta.

Tanto la propuesta estética como la elección de intérpretes y su dirección resultan capitales a la hora de valorar el resultado final. La decisión de rodar en Súper-16mm. atribuye una textura granulada a la imagen que, junto a la sobriedad de la fotografía, contribuye a la creación de una atmósfera enrarecida subrayada por la magnífica banda sonora de Lucio Godoy y Vanessa Garde que evoca, con mucha intención y acierto, la de Los santos inocentes. El trabajo del realizador con el reparto, fabuloso, como era de esperar. Consigue sobresalientes trabajos de unos inconmensurables Antonio de la Torre, Luis Callejo y un sorprendente Manolo Solo, con marcado acento andaluz, a los que nos encontraremos en la próxima edición de los Goya junto a varios miembros más del equipo.

Raúl Arévalo nos ha dejado boquiabiertos con un primer largometraje tremendamente sólido que juega con la mezcla de géneros sin perder nunca el norte. Cine negro, costumbrismo, película de carretera, drama carcelario y western conviven en este inquietante guión que desprende cierto aroma a El secreto de sus ojos.

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Tarde para la ira
Dirección: Raúl Arévalo
Guión: Raúl Arévalo y David Pulido
Intérpretes: Antonio de la Torre, Luis Callejo, Ruth Díaz
Fotografía: Arnau Vals Colomer
Música: Lucio Godoy, Vanessa Garde
Montaje: Ángel Hernández Zoido
Duración: 92 min.
España, 2016
Rótulo verde intenso sobre fondo de hojas secas y bosque otoñal con inconfundible acompañamiento musical a cargo de Carter Burwell: Director de fotografía, Barry Sonnenfeld. La firma de su mejor trabajo, a las ordenes de los hermanos Coen, en la mítica Muerte entre las flores. Su posterior salto a la dirección, toda una sorpresa. Este “transfuguismo” se hace más habitual en el caso de guionistas e incluso montadores, aunque ahí están Jan de Bont (Speed) y Peter Hyams (Muerte súbita) para llevarnos la contraria. Si Sangre fácil, Cuando Harry encontró a Sally o Misery pregonaban a los cuatro vientos la brillantez de Sonnenfeld como cinematógrafo, ¿por qué los cantos de sirena le embaucaron para tomar un camino distinto al que le estaba viendo triunfar? Un misterio insondable.

Su currículum en este nuevo cometido no resplandece tanto. Un par de chispas, Cómo conquistar Hollywood y Hombres de negro, entre un ramillete de medianías, con sonoros fiascos como Wild wild west. Teniendo en cuenta su falta de instinto a la hora de elegir proyectos (rechazó dirigir Forrest Gump, a la postre ganadora del Óscar a la mejor película), su nombre al frente de un largometraje como éste no nos proporcionaba excesivas esperanzas.

Un hombre de negocios ególatra, duro e inflexible (Kevin Spacey) descuida, debido a su adicción al trabajo y a la empresa que lleva su nombre, la relación con su familia. Las circunstancias (y el karma) harán que termine atrapado dentro del cuerpo del gato que se dispone a regalar a su hija por su decimoprimer cumpleaños.

La trama nos resulta harto familiar. No es más que un “Cuento de Navidad” de Dickens camuflado de comedia felina, con un Mr. Scrooge que sufre el acecho de su particular fantasma, un vendedor de animales con una divertida vena sádica tras el que se encuentra el rostro de Christopher Walken.

Un ágil comienzo que tira, vagamente, de un toque irónico y cínico nos hacía prometérnoslas felices. Tristemente, todo queda en un espejismo. El guión abusa de tópicos y no acaba de trascender un arquetípico diseño de situaciones y personajes que, en ocasiones, bordea el ridículo, incluso a los ojos del público infantil, objetivo evidente de un filme familiar como éste. Con un tipo como Spacey, creador de una galería de fulanos a cual más ruin y oscuro, poniéndole la voz a un gato, uno esperaba mayores dosis de mala baba en un texto rompedor que rebosase causticidad. Dándole la vuelta a la tortilla, si analizamos el largometraje como una historia de redención al más puro estilo de Frank Capra, queda tan lejos del cine del director de Qué bello es vivir que resulta preferible obviar la comparación.

A pesar de ciertos momentos entrañables, la superficialidad se adueña de una trama ñoña, sosa y descafeinada que se queda en agua de borrajas, dejando como único punto fuerte de la cinta su escasa duración. Y es que desde Babe, el cerdito valiente resulta realmente complicado ver una película con animales que termine de funcionar.

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Siete vidas, este gato es un peligro
Dirección: Barry Sonnenfeld
Guión: Gwyn Lurie, Matt Allen, Caleb Wilson, Dan Antoniazzi, Ben Schiffrin
Intérpretes: Kevin Spacey, Jeniffer Garner, Christopher Walken
Música: Evgueni y Sacha Galperine
Fotografía: Karl Walter Lindenlaub
Duración: 87 min.
Francia, China 2016
“No me llames tío, que no se note el nepotismo”. A pesar de su extensa y exhaustiva producción, el octogenario Woody Allen no ha perdido una pizca de chispa y hace gala de un sentido del humor y una capacidad autoparódica envidiables. Su ritmo de trabajo no decae, una película por ejercicio desde 1982, 35 en los últimos 35 años, que sumadas a las diez anteriores completan una filmografía formada (de momento) por 45 obras (y la correspondiente a 2017 ya en desarrollo), todas con su punto de interés y varias de ellas en el olimpo cinematográfico. Con esta capacidad creativa una línea como la de ahí arriba casi surge mecánicamente, sin pensar, aunque una flor no haga primavera. Lo cierto es que el nivel de sus últimos trabajos se había estancado en un notable, alcanzando el sobresaliente únicamente gracias a Medianoche en París. Qué reconfortante resulta poner una letra detrás de otra para escribir: el maestro ha vuelto por sus fueros, más activo y clarividente que nunca.

Las palabras que abren esta crítica surgen de la boca de Phil Stern (Steve Carell), representante de las más rutilantes estrellas del Hollywood de los 30, que interpela a su sobrino Bobby (Jesse Eisenberg), a quien ha enchufado en la compañía para que se labre un futuro en Los Ángeles. La decepción de un fallido romance con la secretaria de su tío (Kristen Stewart) le hace regresar a su Nueva York natal donde triunfa como relaciones públicas del local donde se mueve la flor y nata de la alta sociedad.

A pesar de tomar el título de un divertimento romántico protagonizado por Fred McMurray en 1939, el genio neoyorquino plantea la película como un juego de pistas, una búsqueda del tesoro, para los más cinéfilos y una deliciosa comedia sofisticada e ingeniosa para los no iniciados. Las miguitas de pan nos llevan a un histrión reconvertido a papeles dramáticos; Carell no es McMurray pero su carrera ha evolucionado de manera similar. ¿Por qué tanta insistencia en un plato de espagueti con albóndigas? Si por lo menos apareciese por algún lado una raqueta de tenis. ¡Alto! ¡No puede ser! Un restaurante amenizado por la música de un piano, ideal para encuentros furtivos. Entonces, tal vez… ¡Un momento! Un espejito de mano con el cristal roto acabaría por despejar todas las dudas. ¡Ohhh! Nada de nada. Pero… ¡Ya está! Esa carta enmarcada, firmada por el mismísimo Rodolfo Valentino, acaba por confirmar nuestras sospechas.

Sombreros fuera para celebrar el talento de un guionista y director capaz de otorgar una segunda vida a un clásico del cine pergeñado por otro escritor y realizador de figura inabarcable, dando, además, una vuelta de tuerca que aporta verosimilitud al final ¿feliz? del original para dejar la conclusión igual de abierta que en aquel sillón, en medio de una inacabada partida de cartas. ¿Otro Óscar al mejor guión original como en 1961? La sonrisa permanente y el disfrute experimentado se merecen todos los premios del mundo. Una nueva obra maestra en la lista.

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Copyright imágenes © FilmNation Entertainment, Gravier Productions, Perdido Productions. Cortesía de eOne Films Spain. Reservados todos los derechos.
Café Society
Dirección y guión: Woody Allen
Intérpretes: Jesse Eisenberg, Kristen Stewart, Steve Carell
Fotografía: Vittorio Storaro
Montaje: Alisa Lepselter
Duración: 96 min.
Estados Unidos, 2016
La Academia hizo ayer pública la preselección del trío de películas que pugnarán por el derecho a representar al cine español en la próxima ceremonia de los Óscar. El 7 de septiembre sabremos definitivamente cual de las tres se lleva el gato al agua. «Julieta» de Pedro Almodóvar parte con ventaja, por el predicamento que el manchego tiene en Hollywood, pero no se puede descartar alguna sorpresa. Tanto «La novia», con fuerte presencia en la temporada de premios 2015-2016, como «El olivo», estrenada más adelante, son historias intensas, perfectamente capaces de convencer en la meca del cine.
Aquí os dejamos los enlaces (no tenéis más que pinchar en cada uno de ellos) a las tres críticas que publicamos con motivo de su estreno comercial para que podáis repasar cada uno de estos imponentes trabajos.
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Copyright imágenes © Get In The Picture Productions, Rec Films, Cine Chromatix,El Deseo, Morena Films, The Match Factory. Cortesía de Entertainment One, Betta Pictures, El Deseo. Reservados todos los derechos.
Accidentes de tráfico, infidelidades descubiertas, caídas por acantilados, cadáveres encontrados, robos a punta de pistola, arrestos por irrumpir en un cuartel de la Guardia Civil. Todos casos reales relacionados con ese videojuego gratuito que esconde los bichitos que el usuario ha de cazar en el mundo que nos rodea. La fiebre se ha extendido por medio mundo y tiene a gente de todas las edades completamente abducida. Un análisis de Nerve desde este prisma nos mostraría una ficción que camina dos pasos por detrás de la rocambolesca realidad. A pesar de ello, la pertinencia de este trabajo dirigido a espectadores que fluctúan entre la adolescencia y los 30 años, una vez completado su visionado, queda fuera de toda duda.

El filme aborda el tema de la sobreexposición a las redes sociales de la juventud y las consecuencias perniciosas que de ello puedan derivarse por medio de un relato en el que la viralidad de una aplicación multimedia provoca que infinidad de internautas se desvivan por saber quién juega, quién gana y quién pierde. La voz en off de Vee, la protagonista, nos describe un entretenimiento del que duda en tomar parte hasta que, arrastrada por las circunstancias, se ve totalmente inmersa en una peligrosa espiral que podría deparar cualquier tipo de final.

24 horas al día, 7 días a la semana. Como verdad o atrevimiento, pero sin verdad. Si superas los retos que se te plantean ganas cada vez más dinero, pero los desafíos se complican progresivamente. Si lo dejas, pierdes el botín acumulado. Prohibido delatarlo a la policía, la penalización sería muy severa. Si te limitas a ser observador simplemente contemplas en tu dispositivo cómo otros se arriesgan por afán crematístico, pero también de popularidad.

Como nos mostraba hace poco Money Monster, las imágenes que nos bombardean desde todo tipo de pantallas nos están convirtiendo en una sociedad de mirones. Disfrutamos viendo lo que les pasa a los demás sin pararnos a analizar ni juzgar aquello que nos llega a través de todos estos medios. Lo que en su primera mitad parecía otra tonta película para púberes, cortada por el mismo patrón que muchas de las que la han precedido, se termina convirtiendo en una llamada de atención a esta nueva generación digital que se limita a observar el mundo que proyecta internet, dando por válido cualquier contenido que aparece y capta su interés, sin criterio moral alguno.

A pesar de los típicos juegos malabares de guión para hilar una apoteosis lo suficientemente epatante, el relato se encuentra pergeñado de tal manera que, además de saber dirigirse a su audiencia potencial mediante un lenguaje perfectamente reconocible, consigue articular un entretenimiento con moraleja que funciona como un mecanismo de relojería sin dejar de resultar atractivo para otro tipo de espectador. Podemos dar por bien empleados los 96 minutos de duración y el importe de la entrada si esta cinta logra despertar cierto espíritu crítico entre su público objetivo en cuanto al uso y consumo que hace de la red de redes.

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Copyright imágenes © Alison Shearmour Productions, Keep Your Head, Lionsgate, Supermarché. Cortesía de eOne Films Spain. Reservados todos los derechos.
Nerve
Dirección: Henry Joost y Ariel Schulman
Guión: Jessica Sharzer, a partir de la novela de Jeanne Ryan
Intérpretes: Emma Roberts, Dave Franco, Emily Meade, Miles Heizer
Música: Rob Simonsen
Fotografía: Michael Simmonds
Duración: 96 min.
Estados Unidos, 2016
Las cenizas de Rebeca Méndez fueron esparcidas sobre las aguas del Pacífico, frente al lugar donde piensan levantar una estatua para rememorar por siempre su trágica historia de amor y fidelidad, junto a la misma playa que visitaba año tras año, con su vestido de novia, desde que, con tan solo catorce primaveras, observó cómo su prometido se hacía a la mar, apenas tres días antes de los esponsales, para desaparecer engullido por una tormenta tropical. Visiblemente trastornada, volvió una y otra vez con su atuendo nupcial y envejeció esperando el ansiado retorno, pero su enamorado nunca bajó de ninguno de los barcos que atracaban en el puerto. En el pueblo la conocían como “La Loca del Muelle de San Blas” y el grupo Maná le dedicó una sentida canción.
La protagonista de Regreso a casa, pese a ser un personaje de ficción, comparte esa misma fijación. El día cinco de cada mes elabora cuidadosamente un cartel con el nombre de su marido y se encamina hacia la estación henchida de ilusión. Cuando todos los viajeros se han apeado del tren y las enormes verjas se cierran a su espalda, dejando el andén vacío, y su esposo no hace acto de presencia, inicia, desconcertada, el camino hacia su vecindario.

Pero su cónyuge sí que ha vuelto. Ha sido liberado, tras más de diez años en prisión, debido al fin de la Revolución Cultural en China. El drama surge en el momento en el que ella no puede reconocerle, pese a tenerle a su lado, por mor de una dolencia psicológica.

Bajo la piel de esta mujer se encuentra Gong Li, la más destacada de las actrices orientales, descubierta por Zhang Yimou en Sorgo Rojo, allá por 1987. Vuelve a ponerse a las órdenes del realizador, tras la ruptura sentimental de ambos, por segunda vez en los últimos veinte años para demostrar que no ha menguado ni un ápice de su talento ni de su atractivo.

El momento sublime que surge de las teclas de un piano del que emanan las melancólicas notas de una pieza interpretada por el reputado Lang Lang para la banda sonora nos recuerda al mejor Yimou, el de El camino a casa o La casa de las dagas voladoras, aquel que quedó detenido en el tiempo entre los estertores del siglo XX y los albores del XXI. Un espejismo dentro de un trabajo menor, acorde con su producción más reciente, exento de la emoción de Amor bajo el espino blanco, lastrado por una introducción excesivamente larga que ahoga la fuerza de una secuencia que, en otras circunstancias, hubiese resultado memorable.

Lo reiterativo de un guión que gira y gira en torno a las continuas visitas al recinto ferroviario construye un bucle que se extiende a otros elementos de la trama, acabando por matar cualquier atisbo de esperanza de recuperar el pulso que el director chino exhibió en sus impresionantes comienzos. Para nuestra desgracia, el antaño hacedor de obras maestras se ha convertido en un cineasta convencional.

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Copyright imágenes © Le Vision Pictures. Cortesía de Golem Distribución. Reservados todos los derechos.
Regreso a casa
Dirección: Zhang Yimou
Guión: Zou Jingzhi, basado en la novela de Yan Geling
Intérpretes: Gong Li, Chen Daoming, Zhang Huiwen
Música: Chen Qigang
Fotografía: Zhao Xiaoding
Duración: 109 min.
China, 2014
En el olimpo de la historieta española habitan dos parejas diametralmente opuestas. Los lampiños Mortadelo y Filemón siempre han ocupado la posición predominante, pero a muy corta distancia el imaginario colectivo ha colocado las pobladas melenas de los hermanos Zapatilla; Zipi, el rubio, y Zape, el moreno. Los traviesos gemelos siempre fueron a la zaga de los espías de la T.I.A. en el terreno audiovisual, aunque acaban de dar alcance a sus chapuceros colegas. Recién entrado el siglo XXI disfrutaron de una serie de televisión obra del rey midas de la animación patria, Claudio Biern, dejando su re debut en la gran pantalla (tras un fallido intento en 1982) para 2013 con una adaptación de acción real que sorprendió debido a la calidad del producto final. Una muy entretenida película destinada a público infantil y juvenil que no descuidaba a la audiencia más nostálgica.

Zipi y Zape la han liado muy gorda. Después de reducir a cenizas una juguetería han de acompañar, como castigo, a sus progenitores a una misteriosa isla donde el paterfamilias, Don Pantuflo (inspirado Jorge Bosch), espera publicar su último libro.

En esta segunda incursión, idéntico equipo de producción, mismo director y una intención continuista, pese al cambio de protagonistas, en cuanto a la trama y al acabado de un trabajo que ambiciona superar a su predecesor. El guión rezuma grandes dosis de fantasía, y si bien toma ideas ya existentes en la fallida traslación al cine del cómic La liga de los hombres extraordinarios, consigue voltearlas en un muy interesante giro para lograr lo que al otro lado del charco no fueron capaces: captar la atención de la concurrencia e ilusionarla, sea cual sea su edad, gracias a una mezcolanza de referentes con forma de apasionado homenaje a la literatura de aventuras, a sus inmortales criaturas y a sus imperecederos creadores.

Por más que los diálogos busquen las más de las veces la complicidad adolescente, los más veteranos nos vemos agasajados con guiños que nos llevan de vuelta a aquellos maravillosos años, y que van desde Karate Kid a Pipi Långstrump, le piden algún elemento prestado a El show de Truman, se dan un garbeo por Regreso al futuro e incluso se atreven a parafrasear literalmente aquel infausto 23F.

Si a esta historia la vestimos con los atractivos ropajes del vestuario confeccionado por Sonia Grande, agregamos una dirección artística que aúna la espectacularidad de los escenarios naturales con la desbordante imaginación de los diseñados expresamente para la cinta, los fotografiamos de manera brillante añadiendo impactantes tomas aéreas, complementamos el conjunto visual con unos efectos especiales a la altura, lo dotamos de un montaje ágil que, como único pero, deja un pequeño valle de interés mediado el filme, y ponemos la guinda al pastel a través de una banda sonora de aire sinfónico que combina épica y misterio, redondeamos una factura técnica que nada tiene que envidiar a propuestas similares que nos llegan desde allende los mares, obteniendo un entretenimiento muy recomendable y refrescante para esta inmisericorde canícula.

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Copyright imágenes © Mod Producciones, Kowalski Films, Atresmedia Zine, Movistar +, Zeta Cinema. Cortesía de The Walt Disney Company Spain. Reservados todos los derechos.
Zipi y Zape y la isla del capitán
Dirección: Oskar Santos
Guión: Jorge Lara y Oskar Santos, a partir de personajes creados por José Escobar
Intérpretes: Teo Panell, Toni Gómez, Elena Anaya
Música: Fernando Velázquez
Fotografía: Daniel Sosa Segura
Duración: 105 min.
España, 2016