En breve en http://www.vivazapata.net podréis leer qué nos ha parecido el último estreno de Woody Allen protagonizado por Colin Firth y Emma Stone. No os lo perdáis.
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Próximamente tendréis en http://www.vivazapata.net la reseña de la nueva película de María Ripoll que ha despertado reacciones muy positivas. La directora de Lluvia en los zapatos y Tu vida en 65´ vuelve a sorprender gracias la versatilidad de sus recursos narrativos. Está protagonizada por la barcelonesa Aina Clotet, a la que recordamos por sus intensos papeles en Elisa K y Los niños salvajes, y por la india Nandita Das.
Y la siguiente que vendrá, la crítica de la esperada última película de Woody Allen, Magia a la luz de la luna.
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Tras un breve paréntesis provocado por la preparación del cine fórum acerca de La pesca del salmón en Yemen, retomamos el pulso de la actualidad cinematográfica con la crítica de Jimmy´s hall, que en breve tendréis en estas líneas. El reciente estreno dirigido por Ken Loach podría ser el último trabajo de su dilatada carrera. El realizador británico ha vuelto a sus orígenes con ese poso de crítica social y de lucha cara a cara con el poder establecido que se encuentran presentes en gran parte de su cine.
Y, a continuación, ya estamos preparando el comentario sobre la esperada película de María Ripoll, Rástros de sándalo.
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Amo el cine británico desde que tengo uso de razón. Bueno, tal vez sea un poco exagerado decirlo así, digamos que desde que fui consciente de que el séptimo arte era algo más que una afición para mi. El recuerdo más temprano entre las cuatro paredes de una sala, Carros de fuego, mi primer gran amor, Michelle Pfeiffer en Las amistades peligrosas aunque la Jamie Lee Curtis de Un pez llamado Wanda no le quedó a al zaga, pero en ese caso las risas se llevaron la palma. Estos tipos tienen la sana costumbre de saber reírse de sí mismos y tal vez por eso les salen películas tan sinceras, en lo social, en lo dramático, en lo romántico y en lo cómico. Esa acidez, esa retranca, hace que historias que, desde otra óptica podrían resultar de un almibarado o de un empalagoso totalmente insoportable, cuando nacen del talento de los cineastas de las islas (de las dos), sean disfrutadas y puestas en valor por quien escribe, y tantos otros aficionados, frente a otros productos del estilo bastante más decepcionantes. Ahí están Cuatro bodas y un funeral, maravillosa Andie MacDowell pero absolutamente fascinante Kristin Scott Thomas, y sobre todo Notting Hill, ah, Julia, cuando Charles Aznavour escribió She parece que estaba pensando en ti.
Dando un paso más en esta fascinante forma de jugar con los géneros, tomaron el cine social de Ken Loach y le dieron cierto matiz de comedia, sin obviar el drama inherente y algún toque de romance y desarrollaron una corriente encabezada por las estupendas The full monty y Tocando el viento. En esta última destacaba un joven actor escocés que comenzó su carrera de la mano de Danny Boyle con pequeñas joyas como Tumba abierta y el filme que le lanzó a la fama, Trainspotting. No era otro que Ewan McGregor, un fulano que haga lo que haga te lo crees de cabo a rabo, sin duda, uno de los mejores intérpretes del panorama cinematográfico actual y además canta y no lo hace nada mal, no hay más que ver lo bien que se desenvuelve en Moulin Rouge.

La pesca del Salmón en Yemen es el perfecto ejemplo de buen cine británico que narra una comedia romántica con sus ramificaciones dramáticas, políticas y otorgando a la trama cierto empaque, llegando a lo filosófico-religioso-científico, que no tienen productos similares que llegan constantemente desde los Estados Unidos. Y claro, con Ewan McGregor en el reparto, qué más podría pedir un cinéfilo anglófilo. Una compañera a su altura.

En la parte femenina se encuentra la inteligente, atractiva, magnética y londinense Emily Blunt, cuya evolución desde aquella secretaria del demoníaco personaje de Meryl Steep en El diablo viste de Prada, que fue el que la puso en el mapa, pasando por la piel de La joven reina Victoria, hasta convertirse en la partenaire de Tom Cruise en Al filo del mañana, es la de quien ha llegado a la primera fila del cine mundial.

Por cierto, ojo a la evolución del personaje de McGregor basado en sus sutiles, y progresivos, cambios de peinado.

Todavía hay un detalle más que confiere un mayor atractivo a esta historia y no es otro que el nombre de su director, Lasse Hallström. Es curioso que un proyecto completa y genuinamente británico haya sido encomendado a un cineasta sueco pero quien lo hizo sabía perfectamente lo que tenía entre manos. Hallström es uno de los mejores contadores de cuentos en imágenes que existen. Si quieres una historia bien narrada él es tu hombre. Su puño y letra quedan claramente visibles en A quién ama Gilbert Grape, Las normas de la casa de la sidra y en esa maravilla incomprendida que es Atando cabos – The Shipping news.
Con ingredientes tan sumamente atractivos cómo no cocinar un delicioso plato que seduzca a los paladares más refinados.

Cada vez es menos frecuente encontrar un plano que compendie todo lo que se intenta contar en una película, el argumento en sí y lo que realmente se está intentando transmitir, y en pocas ocasiones dice tantas cosas y es tan expresivo como aquí. El momento en la oscuridad del cine es mágico, el hallazgo de un pequeño tesoro, sucede dentro de la primera mitad de la película y es el engranaje que hace girar la trama y pone en funcionamiento el mecanismo que hace avanzar el argumento hasta el siguiente nivel. Es probable que un instante tan especial se halle entre las páginas de la novela en la que se basa el guión de Simon Beaufoy pero solo un director de la clase de Lasse Hallström sería capaz de recogerlo y plasmarlo de esa manera tan sencilla, tan efectiva, tan hermosa y tan lírica a la vez. Para el espectador atento no pasará inadvertido.

Más allá de esto y de la situación entre los personajes de Ewan McGregor y Emily Blunt, que lleva el peso de la trama, resulta muy interesante el personaje del jeque, su especial relación con ellos dos y esa disquisición entre la ciencia y la fe que plantea el argumento. Al fin y al cabo nos encontramos ante otra historia que trata sobre la persecución de un sueño sin cejar en el empeño, sobre el despertar de una vida anodina y ser fiel a uno mismo, la diferencia, el punto de vista cínico y descreído que ponen los británicos, su peculiar sentido del humor y esa elocuencia tan elegante con la que Lasse Hallström cuenta las cosas.

(la parte que está en cursiva y no se refiere a títulos de películas, principalmente la que habla de Emily Blunt, está añadida a día de hoy, el resto pertenece a la crítica original que se hizo en el momento del estreno de la película)

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La pesca del salmón en Yemen
Director: Lasse Hallström
Intérpretes: Ewan McGregor, Emily Blunt, Amr Waked
Duración: 107 min.
Reino Unido, 2012
En la tarde de ayer pudimos disfrutar de nuevo de un interesante cine fórum en el incomparable marco que nos proporciona el Salón de Actos del Castillo de Marcilla. Estos amenos encuentros los realizamos en colaboración con el club de lectura de la Biblioteca de Marcilla, con la bibliotecaria Gloria Perales al frente, y bajo el auspicio de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de la localidad.
En esta ocasión nos acercamos a la novela de Paul Torday, La pesca del salmón en Yemen y a su adaptación al cine estrenada en 2012 y que fue dirigida por el sueco Lasse Halström y protagonizada por Ewan McGregor, Emily Blunt y Kristin Scott Thomas.
En la mesa moderando la conversación nos encontramos la anteriormente citada Gloria Perales, que hizo acertadas acotaciones acerca de la novela y su relación con la película, y este que os escribe, Manu Zapata, que se encargó de la parte cinematográfica. El debate resultó muy ameno gracias al contraste de opiniones respecto a una novela cuya estructura y forma narrativa poco tenía que ver con la que posteriormente se utilizó para la película, transformada en una ágil y eficaz comedia romántica, con su parte de sarcasmo e ironía sobre la clase política y la prensa además de con mucho más poso del que suele ser habitual en este género y una profundidad casi espiritual, por Simon Beaufoy, guionista de The full monty, Slumdog Millionaire y 127 horas, entre otras.

En conclusión, nos encontramos con dos trabajos totalmente distintos, uno, la novela, más farragoso de leer pero con una carga de profundidad y una crítica feroz de la corrupción política y la utilización que hace de la prensa para sus intereses que resulta de total actualidad, y otro, el filme, que, sin dejar de lado el tono crítico, narra una comedia romántica con más empaque de lo que suele ser habitual que habla sobre la persecución de un sueño, el despertar de una vida anodina y gris y sobre ser fiel a uno mismo, pero con la mala leche y la ironía que tienen los británicos y esa fantástica capacidad para reírse de sí mismos.

Mañana, en la próxima entrada de http://www.vivazapata.net, tendréis la crítica que en el momento de su estreno escribimos sobre la versión cinematográfica de La pesca del salmón en Yemen.

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Compartimos,
Esta no es la historia de Pablo Escobar, por más que el título nos remita a él y que tanto su controvertida figura como la entidad, el talento y la enorme humanidad de quien lo incorpora eclipsen a todo lo que se ponga a su lado. Aunque el currículo de Benicio del Toro se encuentra jalonado de papeles intensos e impactantes, sacados de la realidad, de la ficción literaria o de la pluma acerada de los guionistas, el germen de lo que es hoy en día lo encontramos en Fenster, aquel timador de poca monta de hablar ininteligible de Sospechosos habituales, que ya hacía augurar que el animal cinematográfico que dormía aletargado dentro del actor se encontraba a punto de explotar.
En el pasado Festival de San Sebastián cambiaron las tornas. Fue el pupilo, el recién llegado Josh Hutcherson, quien concitó las atenciones de una enfebrecida legión de fans adolescentes gracias a la popularidad alcanzada debido a su participación en la saga de Los juegos del hambre, oscureciendo por unos momentos al flamante premio Donostia. La elección de Hutcherson como protagonista pondría en duda el cariz de un filme al que fácilmente se le podría colgar el cartel de comercial, aunque la más que probable recomendación de Del Toro, que lo dirigió en un segmento de 7 días en La Habana, y el trabajo del propio intérprete confirman que fue escogido más por sus dotes que por la cantidad de entradas que su nombre pudiese vender.
No nos encontramos, pues, ante una biografía de Pablo Escobar. Esta película narra la historia de un joven que llega a Colombia para hacer surf en sus paradisiacas playas y termina enamorándose de la sobrina del más temido de los señores de la droga. Del Toro desarrolla con maestría un atractivo personaje cuya carismática personalidad no queda exenta de contrastes: la salvaje crueldad exhibida ante sus enemigos rivaliza con la generosidad que tiene para los suyos. A pesar de la magnética presencia del puertorriqueño y de la fascinación que ejerce en el espectador, tanto el director, el debutante Andrea Di Stefano, como el armazón de esta inquietante historia presentan la solidez suficiente como para no sucumbir a la tentación de centrarse en la figura del capo del narcotráfico, que ejerce un papel importante, aunque secundario.

Escobar: Paraíso perdido tiene vocación de thriller clásico, de aquel cine negro del Hollywood dorado que nos atrapaba en una primera secuencia repleta de tensión para rebobinar y mediante un flashback comenzar a responder las acuciantes preguntas que surgían invariablemente en el espectador: ¿cómo ha conseguido meterse el protagonista en semejante embrollo?, ¿de qué forma va a desentrañarse el conflicto una vez alcanzado el momento clave narrado en el prólogo? A medida que van sucediéndose los minutos comprobamos que la primera parte de la interrogación se encuentra bien resuelta y que lo que realmente nos intriga es la respuesta a la segunda cuestión. A pesar de nuestros recelos iniciales Di Stefano consigue cerrar de forma coherente un atractivo e interesante guión.

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Copyright imágenes © Chapter 2, Jaguar Films, Pathé. Cortesía de EOne Entertainment. Reservados todos los derechos.
Escobar: Paraíso perdido
Dirección: Andrea Di Stefano
Guión: Andrea Di Stefano y Francesca Marciano
Intérpretes: Josh Hutcherson, Benicio del Toro, Claudia Traisac
Música: Max Richter
Fotografía: Luis David Sansans
Duración: 120 min.
Francia, España, Bélgica, 2014
En breve tendréis en estas líneas la crítica de «Escobar: Paraíso perdido» que se acaba de estrenar y está protagonizada por el reciente ganador del Premio Donostia Benicio del Toro, por Josh Hutcherson, que se ha hecho conocido gracias a la saga de «Los juegos del hambre» y que cuenta también con la presencia de la televisiva Claudia Traisac y de Carlos Bardem.
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En torno a la primera hora de metraje de El amor es extraño, George (Alfred Molina), cincuenta y muchos, frondosa barba salpicada por canas, porte elegante y aspecto cansado, conversa, acomodado en un mullido sofá, con un joven en medio de una fiesta en un apartamento donde todo el mundo baila al son de una pegadiza melodía. Ante una eventual invitación a cenar confiesa que se encuentra agotado y que lo que desearía en esos momentos sería irse a dormir. ¿Y por qué no lo haces?, inquiere su interlocutor. Porque te encuentras sentado en mi cama. ¿No tienes casa?, continúa. No. Es una historia muy larga. Todo empezó cuando me casé con mi compañero durante 39 años, justo después me echaron del trabajo y ahora nos hallamos buscando un apartamento que podamos permitirnos pagar.
Nada mejor que las palabras de uno de los protagonistas de esta cinta para explicar de forma sencilla y directa su interesante planteamiento. George y Ben (John Lithgow) se han visto obligados, debido a las dificultades económicas generadas por el despido del primero, a vender su apartamento en el centro de Nueva York de modo que, mientras encuentran otro que se acomode a sus posibilidades, George ha sido acogido por unos amigos y Ben vive con la familia de su sobrino.

Tras este ilusionante inicio nos topamos con un grave problema de irregularidad dramática a la hora de desarrollar el argumento que deriva en un alarmante descenso del aliciente que poseía la historia.

Desde el momento en que aparece en pantalla, Alfred Molina capta completamente nuestra atención. Su propia presencia y todo lo que acontece en torno a su George eleva el atractivo de la narración. Por el contrario, con el taciturno papel que interpreta John Lithgow nos sucede completamente lo opuesto. Su personaje nos resulta exactamente igual de cargante que a Kate (Marisa Tomei), la mujer de su sobrino. En una secuencia tremendamente reveladora, ella, novelista de éxito, escribe, inspirada, en su ordenador, cuando un ocioso y aburrido Ben no para de hablar, interrumpiendo su concentración (de forma inconsciente, por supuesto), con la consiguiente frustración por parte de la literata al no poder reprender a un invitado. La empatía es inmediata. Por desgracia, cuando la trama se centra en Ben se abre un tremendo valle en la curva de interés del filme y tanto su devenir como sus tribulaciones dejan de importarnos en cuestión de segundos.

Resulta curioso que sea a partir de una divertida secuencia donde la pareja protagonista se reúne tras largo tiempo separados cuando la película retoma el brío inicial para culminar de forma pausada, atractiva y emotiva. Esto no consigue sino que resulte más molesto y decepcionante ver como Ira Sachs, director de la cinta, ha desperdiciado el potencial de una historia tan sugestiva como ésta. No ha sabido conectar un esperanzador planteamiento y un desenlace brillante a través de un conflicto lo suficientemente sólido como para seducir a una audiencia que exige mucho más.

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El amor es extraño
Dirección: Ira Sachs
Guión: Ira Sachs, Mauricio Zacharias
Intérpretes: John Lithgow, Alfred Molina, Marisa Tomei
Fotografía: Christos Voudouris
Duración: 94 min.
Estados Unidos, Francia 2014














