Cuando un cineasta es reconocido con más de treinta galardones por su ópera prima, incluidos el Oscar a la mejor película extranjera y premios en festivales del prestigio del de Cannes, más que una bendición lo que le cae encima es una losa difícil de levantar. Después de esto resulta casi imposible alcanzar cotas más altas en sus siguientes filmes y responder a las elevadas expectativas que su prometedor debut había suscitado. Es el caso de Danis Tanovic, realizador bosnio, y su hermoso alegato antibelicista En tierra de nadie (2001). Tras una serie de trabajos irregulares fuera de su país, en Cirkus Columbia (2010) regresó a terreno conocido y volvió a dar muestra de su talento revisitando en esta ocasión las cenizas de la guerra de los Balcanes.
Con La mujer del chatarrero, además de seguir rodando en Bosnia Herzegovina, ha dado un paso más a la hora de consolidarse como un autor con voz propia. Al contrario que en su última obra, Tanovic aborda una puesta en escena eminentemente naturalista para narrar, casi en tono documental, una historia tan sencilla como dura y contundente. Siguiendo en cierta manera, argumentalmente hablando, los dictados del cine iraní de Abbas Kiarostami o de cualquier miembro de la prolífica familia Makhmalbaf, cuenta una historia aparentemente simple en su planteamiento, las dificultades de un chatarrero gitano para lograr que la sanidad de su país atienda a su mujer enferma, pero con una carga de profundidad y un desarrollo dramático que tocan la fibra sensible del espectador.
Tanovic ha querido fotografiar la acción de distintos modos, utilizando así elementos estéticos de forma narrativa, aportando subtexto a la trama. Si bien el tono pudiera pedir un encuadre nervioso, fruto de la cámara en mano tan socorrida en este tipo de historias, el director ha utilizado diferentes tipos de realización de forma que los interiores resultasen mucho más opresivos, con planos cerrados e incluso jugando con cierto feísmo, para que al contrastarlos con los exteriores en los que se ve al chatarrero en medio de la naturaleza, en planos mucho más hermosos y abiertos y con una textura y un grano que nos recuerdan más al cine de ficción que al documental, se transmitiese de alguna manera esa sensación de libertad en comparación con la claustrofobia reinante en los hospitales de la gran ciudad, donde los protagonistas se ven como ratones enjaulados.
Los 75 minutos de metraje dan fe de que se ha querido ir al meollo, evitando detalles superfluos. Este filme narra con crudeza, casi sin diálogos y sin rastro alguno de música (ni como banda sonora, ni generada por la propia acción) una historia de esas que no se cuentan habitualmente, dando visibilidad a quienes habitualmente no la tienen y mostrando la dignidad de unas gentes que son personas antes que personajes, actores de la vida real, no profesionales, que reflejan de forma nítida unas vivencias que por desgracia no se encuentran tan lejos de nosotros como podríamos creer.
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La mujer del chatarrero
Director: Danis Tanovic
Guión: Danis Tanovic
Intérpretes: Nazif Mujic, Senada Alimanovic, Semsa y Sandra Mujic
Fotografía: Erol Zubcevic
Montaje: Timur Makarevic
Duración: 75 min.
Bosnia Herzegovina, Francia, Eslovenia, Italia, 2013
En los tiempos que corren, en los que la tecnología campa a sus anchas por doquier, el requisito mínimo exigible a una película de animación proveniente de uno de los grandes estudios estadounidenses es un acabado impecable. Dando por cumplida esta condición, para situarse por encima de la media habría de tener una buena historia, detrás del espectáculo pirotécnico en el que se convierte una producción de estas características no se debería encontrar algo vacuo o incluso nocivo (teniendo en cuenta que este tipo de cine va dirigido, principalmente, a un público infantil) sino un contenido constructivo e interesante. Afortunadamente, más allá de la brillantez técnica, que se le supone, este filme tiene algo que contar que, de una u otra forma, enriquecerá a su espectador, sea cual sea su tipología.
El germen de “Las aventuras de Peabody y Sherman” se encuentra en la serie de televisión de dibujos animados “Rocky and friends” que cautivó a los niños norteamericanos en la década de los 50. Más en concreto Mr. Peabody, el perro más inteligente del mundo, y Sherman, su hijo adoptivo, son los protagonistas del segmento “La Historia improbable de Mr. Peabody”, cuyos elementos principales (homenajes incluidos), se encuentran presentes en esta película.
Los viajes en el tiempo como excusa para explorar épocas clave para el avance de la humanidad, altas dosis de acción y cierto toque sentimental hacen de este filme una iniciación un tanto curiosa, pero muy amena, a la Historia Universal para el espectador más joven. Y los continuos guiños a películas como “En busca del arca perdida”, “Espartaco” o “Regreso al futuro”, las referencias a los distintos presidentes de Estados Unidos y el refinado gusto en los créditos finales para homenajear al arte de Mondrian harán las delicias, entre carcajada y carcajada, de los más talluditos.
Uno mantiene intacta la fascinación infantil que siempre le ha producido la ciencia ficción. Aquellos dibujos animados que nos acercaban a un deslumbrante futuro, con series como “Mazinger Z” y detalles salidos de la imaginación desbordante de genios de la talla de Hayao Miyazaki. Resulta reconfortante que un tipo como Rob Minkoff nos haya vuelto a sumergir en aquellos fantásticos recuerdos. Evidentemente no nos encontramos ante una obra maestra e incluso se podría decir que el 3D no es esencial para el disfrute de esta cinta como lo pudiera ser en “Gravity” o “La vida de Pi”. A pesar de todo, el director californiano no nos ofrecía un trabajo tan atractivo desde que nos sorprendiese con “El rey león”. Tenemos, pues, ante nosotros una muy estimulante propuesta que satisfará la curiosidad del niño al tiempo que provocará el interés del adulto, con estas lecciones de Historia acelerada con mucho sentido del humor y fantasía con forma de entretenimiento inteligente y música del sempiterno Danny Elfman.
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Las aventuras de Peabody y Sherman
Director: Rob Minkoff
Guión: Craig Wright
Intérpretes (voces en la v.o.): Ty Burrell, Max Charles, Stanley Tucci
Música: Danny Elfman
Montaje: Tom Finan
Duración: 92 min.
Estados Unidos, 2014
“La Iglesia católica vendió a mi hijo”. El sábado 19 de septiembre de 2009 el periódico londinense The Guardian publicaba este artículo firmado por Martin Sixsmith. En él contaba la desgarradora historia de Philomena Lee, una mujer irlandesa que, a sus setenta años, después de cincuenta de amargo silencio, no pudo soportar un segundo más el dolor que partía su alma en dos y requirió su ayuda para buscar a su hijo Anthony, al que apartaron de sus brazos fruto de una de las cientos de adopciones forzosas que se dieron en Irlanda desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta los años 70. El actor Steve Coogan, conmovido por el artículo, compró inmediatamente los derechos del libro que el ex corresponsal de la BBC escribió sobre el caso para llevarlo al cine.
El guión, escrito por el propio Coogan (que además interpreta a Sixsmith) y Jeff Pope, construye una road movie con dos personajes con ideas y pensamientos diametralmente opuestos. El pragmatismo intelectual del periodista contrasta con la sencillez de la sólida fe de Philomena. De ese choque surgen los innumerables toques cómicos que tiene esta historia, a pesar de la tragedia que la envuelve, marca de la casa de un Stephen Frears que nunca ha renunciado al sentido del humor, gamberro y descacharrante en sus películas irlandesas, negro y desaforado en las americanas o sofisticado y sutil en las británicas. En ese sentido, además de en la sobriedad y la efectividad de la realización y en la elegancia de una magnífica banda sonora firmada por Alexandre Desplat, este trabajo se encuentra íntimamente emparentado con La reina.
“No quiero odiar a la gente. No quiero ser como tú”. Esta frase, que Philomena Lee espeta a Martin Sixsmith en una secuencia antológica que hace que el nudo que llevaba ya cierto tiempo en nuestra garganta se disuelva en silenciosas lágrimas, define a esta extraordinaria irlandesa. Una enfermera jubilada que ha dedicado su vida a ayudar a los demás y cuyo dolor, desazón, sentimiento de culpa y anhelo de encontrar a su hijo no impiden que deje de ser la mujer humilde, tolerante y de buen corazón que siempre ha sido. No he nombrado a Judi Dench porque cuando miras a la pantalla no ves a la actriz, quien se encuentra allí es la propia Philomena. A sus casi 80 años la Dama del Imperio Británico debería (lástima que no vaya a ser así) recibir un merecido Oscar por una de las mejores interpretaciones, si no la mejor, de su carrera.
En el Festival de Venecia de 2013 “Philomena”, además del galardón al mejor guión, obtuvo, otorgado por el jurado ecuménico, el premio SIGNIS. El epílogo de esta historia real se siguió escribiendo el pasado 5 de febrero cuando se visionó la película en el Vaticano y fueron recibidos por el Papa Francisco Philomena Lee y Steve Coogan en un gesto de apoyo a su proyecto para reunir a madres e hijos separados como resultado de adopciones forzosas.
Los verdaderos Philomena Lee y Martin Sixsmith
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Philomena
Director: Stephen Frears
Guión: Steve Coogan y Jeff Pope, basado en el libro “El hijo perdido de Philomena Lee” de Martin Sixsmith
Intérpretes: Judi Dench, Steve Coogan, Sophie Kennedy Clark
Música: Alexandre Desplat
Fotografía: Robbie Ryan
Montaje: Valerio Bonelli
Duración: 98 min.
Reino Unido, Estados Unidos, Francia 2013
LOS PREMIOS
En el capítulo de los galardones cabe destacar que ha sido una de las ceremonias más previsibles de los últimos años. Prácticamente todos los premios estaban cantados. Tan solo se puede hablar de relativas sorpresas en dos categorías, una menor, cortometraje de animación, donde “Get a horse” la pieza de Disney era la gran favorita y se fue a casa sin premio, y otra de más relumbrón, pero no de las más importantes, mejor documental, en la que “20 feet from stardom” arrebató el Oscar a “The act of killing”. En este caso ambas sonaban como favoritas al premio, aunque daba la sensación que la película danesa se encontraba ligeramente por encima en cuanto a posibilidades. Otro filme del país nórdico se fue a casa de vacío, “La caza”. Era la más redonda, sin duda ninguna para este que escribe, entre las candidatas incluidas en la categoría de película de habla no inglesa. La competencia se presumía fuerte, con la belga “Alabama Monroe” y la italiana “La gran belleza”; dos grandísimos trabajos aunque con pequeñas taras que las hacían no alcanzar el nivel de la película de Thomas Vinterberg. Finalmente el magnífico homenaje que Paolo Sorrentino hace a “La dolce vita” emuló al inmortal trabajo de Fellini consiguiendo un Oscar más para Italia, y ya van 14.
El resto exactamente lo esperado. Reparto en las dos categorías principales con lo que eso conlleva. Dos triunfadoras, “12 años de esclavitud” mejor película del año, refrendado por otros dos premios, mejor actriz secundaria y mejor guión adaptado, y “Gravity”, que hizo historia para el cine mejicano con la victoria de Alfonso Cuarón en la categoría de mejor dirección, y además amasó 6 galardones más, siendo con un total de 7 el filme más premiado de la noche. Viendo la ceremonia hubo algo que llamó la atención, el guionista de “12 años de esclavitud”, John Ridley, al recoger su premio no nombró en sus agradecimientos a Steve McQueen, director de la cinta, quien aplaudía de forma fría y con gesto serio. Poco después se ha sabido que se ha mantenido en secreto el enfrentamiento que hay entre ambos por miedo a que pudiera afectar a la película en la carrera por el Oscar. El agrio desencuentro viene del hecho de que Ridley declinó que McQueen apareciese en los créditos como co-guionista (con lo que habría recibido conjuntamente el galardón concedido a la adaptación). Si bien es cierto que McQueen participó activamente dando forma al texto que Ridley había entregado, su comportamiento posterior, por lo que se ha sabido ahora, no ha sido nada edificante.
En las categorías interpretativas los nombres estaban bastante claros. Matthew McConaughey consolidó el giro de 180º que comenzó a dar a su carrera hace un par de años con un merecido Oscar al mejor actor por la magnífica “Dallas Buyers Club”, de inminente estreno. También parecía cantado el premio para Cate Blanchett, aunque “Blue Jasmine” no sea santo de nuestra devoción, en la humilde opinión de este junta letras quien realmente merecía el galardón era Judi Dench. La Dama del Imperio Británico estaba soberbia en “Philomena”, de la que, probablemente mañana, tendréis en estás páginas la correspondiente crítica. Sandra Bullock se fue a casa sin Oscar pero con una sonrisa de oreja a oreja pensando que su porcentaje sobre la taquilla de “Gravity” iba a incrementarse después de los 7 premios que consiguió el filme.
Jared Leto acompañó a su compañero de reparto McConaughey y se llevó a casa el premio al mejor actor secundario, recordando en su discurso las graves situaciones que se sufren en Ucrania y Venezuela. La situación más igualada se daba en la categoría de mejor actriz secundaria, en la que finalmente se alzó con la victoria Lupita Nyong´o, nacida en Méjico (de ahí su nombre), pero de padres keniatas. “12 años de esclavitud” es su primer trabajo en cine y resulta escalofriante la encarnación que hace de una esclava a la que hace la vida imposible el caprichoso dueño de la plantación en la que trabaja, detestable personaje al que da vida Michael Fassbender.
En esta pugna la que salió perdiendo fue una Jennifer Lawrence que no dejó de estar divertida en toda la noche pese a que Ellen Degeneres le recordó su caída el año pasado cuando subió a recoger su Oscar y la que minutos antes había tenido en la alfombra roja. Encajó con deportividad su derrota y la de su película. “La gran estafa americana” fue la gran damnificada de la noche, se fue de vacío cuando contaba con 10 candidaturas. Lo cierto es que lo tenía muy complicado y además del premio a la actriz secundaria la otra posibilidad a la que podía aferrarse era haber ganado en la categoría de guión original, donde no estaban ninguna de las otras dos favoritas, pero el Oscar finalmente fue a parar a manos de Spike Jonze por “Her”.
La Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas no da puntada sin hilo y, a menudo, sabe reconocer a aquellas películas que marcan un antes y un después en la historia del cine (aunque siempre haya honrosas excepciones y flagrantes olvidos) . Este año ha querido dar brillo y poner en valor a dos trabajos arriesgados y valientes. “Gravity”, una maravilla de la tecnología que cuenta un historia de superación personal y da un paso más en el desarrollo de las tres dimensiones aplicadas al cine, y “12 años de esclavitud”, un drama duro y descarnado, pero sin resultar truculento, un filme que llama a las cosas por su nombre y en el que podemos ver lo peor, y algo de lo mejor, de la condición humana.
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Para conmemorar hoy 8 de marzo el Día de la Mujer os dejamos la crítica que en su día escribimos sobre una curiosa película que pasó más bien desapercibida. Se trata de una comedia romántica decimonónica y en uno de sus personajes quedan reflejados los momentos incipientes en que la lucha de la mujer empieza a luchar por equiparar sus derechos a los de los hombres. Se trata de una película ligera, a alguno podría parecerle frívola, pero creo que, en ocasiones, es el mejor medio para transmitir ideas profundas.
Desde vivazapata.net os pedimos disculpas, el especial sobre los Oscar 2014 tendrá su segundo artículo y culminación mañana.
HYSTERIA
Ni remotamente habría pasado por la cabeza del doctor Joseph Mortimer Granville que pasaría a la historia y mucho menos el hecho que le haría famoso entre sus contemporáneos, allá por 1880, y que esa notoriedad durase hasta dos siglos más tarde. En Hysteria se recrean de forma lúdica, simpática y escogiendo, acertadamente, la fórmula de la comedia romántica los avatares que pudieron dar lugar a la consecución de tan singular hallazgo. Basándose en un acontecimiento debidamente documentado se han sabido añadir los ingredientes suficientes para hacer atractiva la historia sin faltar a lo esencial de la Historia.
Puede resultar un tanto extraño ubicar una comedia romántica fuera de todo lo que no sea contemporáneo. Suele ser un género anclado a su tiempo, a la época en la que ha sido rodado, aunque excepciones haberlas, haylas. Kate y Leopold era un híbrido que jugaba entre dos épocas y dentro del cine español se encuentra la estupenda Inconscientes de Joaquín Oristrell, que tiene mucho, muchísimo en común con Hysteria, ya que aúna los principios del psicoanálisis con todas las referencias sexuales que brotaban al hilo de las revolucionarias teorías del doctor Freud dentro de una trama se suspense con toque de comedia romántica a principios del siglo XX.
En el caso que nos atañe retrocedemos hasta finales del siglo XIX y nos encontramos a un fracasado doctor, defensor a ultranza de los nuevos descubrimientos en materia de medicina que choca contra el muro de las convenciones de una profesión que se niega a abrirse al progreso y que sigue anclada en el pasado. El galeno, Mortimer Granville (Hugh Dancy), termina trabajando en la consulta de un médico que se dedica a tratar lo que entonces se conocía como histeria, y que dejó de considerarse una enfermedad en 1952, que no era sino un cajón desastre para diagnosticar a casi la mitad de las mujeres del Londres victoriano con síntomas de ansiedad, irritabilidad e incluso fantasías sexuales; cualquier comportamiento extraño era considerado un síntoma. El tratamiento, muy sencillo: un masaje estimulante que provocaba lo que en terminología científico-médica se conocía con el eufemismo (sí, el palabro de moda) de paroxismo histérico, y que, evidentemente, relajaba adecuadamente a la paciente.
La directora Tanya Wexler ha sabido hilar varias tramas paralelas para lanzar en un mismo relato un alegato en favor de avances de todo tipo en una sociedad anclada en el inmovilismo en una época de apertura. Logros científicos, con los experimentos con el teléfono y la electricidad del excéntrico personaje de un estupendo Rupert Everett afortunadamente recuperado para la comedia, y sobre todo conquistas sociales como la lucha de la mujer por su independencia, por el derecho al voto y reclamando un papel protagonista en los cambios que se estaban produciendo en la Inglaterra victoriana, que encarna la indómita Charlotte Dalrymple, la hija díscola del mentor de Granville interpretada por Maggie Gyllenhaal. De manera inteligente se han contrapuesto las personalidades más convencionales, por decirlo de alguna manera, del doctor Granville, de carácter excesivamente británico y reprimido, y de la hermana de Charlotte, Emily, más recatada y representando el ideal femenino, con el carácter extrovertido y la personalidad de una mujer sin miedo a serlo en una sociedad eminentemente masculina.
Todo esto contado con la simplicidad que le aporta una realización de corte clásico, con planos perfectamente encuadrados e iluminados, como si se tratase de cuadros de época, y movimientos de cámara suaves y elegantes, arropados por una dirección artística modélica y un montaje que, apoyado en la banda sonora, ha aportado agilidad a la narración. El guión se encuentra trufado de metáforas e insinuaciones sexuales introducidas con suma sutileza, con alguna que otra honrosa excepción. Lo cierto es que la historia fluye de manera perfecta y las piezas del mecanismo encajan sin que se aprecie el artificio que las sostiene. Agradable y notable esta comedia romántica en la que queda claro que la suma de circunstancias de diversa índole enfocadas en la dirección adecuada pueden dar lugar a un insospechado hallazgo que ponga tu nombre en los libros de Historia. Y ojo con los créditos finales porque ofrecen todo un abanico de posibilidades.
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Hysteria
Directora: Tanya Wexler
Intérpretes: Hugh Dancy, Maggie Gyllenhaal, Rupert Everett
Duración: 100 min.
Reino Unido, Francia, Alemania, Luxemburgo, 2012
LA CEREMONIA
La ceremonia de los Oscar 2014, que se entregan a las películas estrenadas durante 2013 en Los Ángeles, no fue ni la más aburrida ni la más entretenida de los últimos años pero dado el nivel habitual que suelen tener este tipo de eventos digamos que salvó el expediente. La presentadora Ellen Degeneres no metió demasiado el dedo en la llaga a la hora de hostigar a los invitados con sus bromas, tan solo se le fue un poco la mano con Liza Minelli. Las curiosas ocurrencias de los guionistas dieron un toque gamberro al que se quisieron apuntar los actores, ganasen o perdiesen. Meryl Streep, Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Kevin Spacey, Brad Pitt, Angelina Jolie, Matthew McConaughey, prácticamente todos participaron del jolgorio, todos, excepto un Leonardo DiCaprio excesivamente serio. Incluso Harrison Ford, pese a su aire taciturno, se apuntó a una improvisada cena a base de porciones de pizza. Aunque lo más recordado fue el selfie, la auto foto que se hizo la presentadora junto a todos los actores que se encontraban en las primeras filas del teatro y que se ha convertido en la foto más twiteada de la historia, compartida 3 millones de veces en menos de 24 horas.
Los tradicionales montajes recordando a los héroes de cine o el 75 aniversario del estreno de “El mago de Oz” pasaron, esta vez, a un segundo plano. Correctos aunque no espectaculares como antaño. Lo más emotivo, el recuerdo a los fallecidos durante el último año, que han sido muchos y muy queridos. Bette Midler cantó “The wind beneath my wings” para homenajearlos. He de decir que mi mayor sorpresa fue descubrir el nombre de Harold Ramis, el cazafantasmas de las gafas y director, entre otras, de “Atrapado en el tiempo”, en la terrible nómina de quienes nos han dejado. Bill Murray tuvo un recuerdo para él saliéndose del guión cuando presentaba el premio a la mejor dirección de fotografía. Su pérdida, una semana antes de la ceremonia, apenas había trascendido, y se unió a la también reciente y sorprendente de Phillip Seymour Hoffman, y a las de James Gandolfini, Peter O´Toole, Joan Fontaine o Shirley Temple entre muchos otros. Olvidaron mencionar a la gran Sara Montiel, que tuvo un fugaz, pero intenso, paso por Hollywood con “Veracruz”, junto a Gary Cooper y Burt Lancaster.
Espectacular fue la actuación en directo de U2, interpretando de forma acústica la canción por la que optaban al Oscar, “No ordinary love” de “Mandela: Del mito al hombre”. Fueron derrotados por Idina Menzel que derrochó fuerza en el escenario para defender “Let it go” del musical de Disney “Frozen”. El Oscar se lo llevaron a casa el matrimonio formado por Robert López y Kristen Anderson-López, compositores de la canción, con lo que Robert López consigue lo que unos pocos privilegiados como Audrey Hepburn, Whoopy Goldberg y Mel Brooks, haber ganado los premios de las academias de televisión, música, teatro y cine de Estados Unidos, o lo que es lo mismo, los premios Emmy, Grammy, Tony y Oscar.
La realización estuvo más torpe de lo que suele ser habitual. La elegancia y la invisibilidad de las cámaras de antaño esta vez se vio ensombrecida por un error infrecuente en este tipo de eventos: la emisión se fue a negro durante dos o tres segundos, probablemente por un fallo en una cámara. La incidencia se subsanó a la máxima brevedad, pero no por eso deja de ser insólito en una retransmisión acostumbrada a ser inmaculada. A pesar de los pesares en lo que a audiencia televisiva se refiere el éxito fue mayúsculo. La octogésimo séptima Ceremonia de Entrega de los Premios de la Academia se ha convertido en el evento no deportivo más visto en la historia de la televisión estadounidense desde el final de la serie “Friends”. Con 43 millones de espectadores de media, ha superado a la gala del año pasado en 3 millones, logrando un 6% más de share. La impericia del presentador Seth McFarlane y su humor un tanto pasado de revoluciones fueron los culpables de los malos datos en 2013.
Mañana continuaremos con Oscars 2014(II), el análisis de los premios.
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El próximo viernes 28 de febrero, a las 19:30 horas, volveremos al inigualable marco que nos brinda el Salón de Actos del Castillo de Marcilla para presentar y moderar un cine fórum sobre «El erizo», película francesa protagonizada por Josiane Balasko e inspirada en la novela de Muriel Barbery «La elegancia del erizo», que cosechó un tremendo éxito a nivel mundial prácticamente desde su publicación en 2006. Como siempre estaremos acompañados por Gloria Perales, bibliotecaria de Marcilla y responsable del Club de Lectura, actividad a la que este cine fórum sirve como complemento. A los que os pille cerca os animamos a que os acerquéis (la entrada es gratuita), para los que no, daremos debida cuenta aquí. Promete ser muy interesante.
Si esto es una película Belga, ¿qué hacen cinco tipos con pinta de cowboys encima de un escenario? La música que interpretan es bluegrass, country en estado puro, y sí, aunque parezca mentira, nos encontramos en el país de Tintín.
Créditos iniciales sobre negro. Un matrimonio, una niña enferma, un hospital.
Siete años antes. Primer encuentro de los padres preocupados de hace un momento. Didier (Johan Heldenbergh), apasionado del banjo, uno de los músicos del inicio, y Elise (Veerle Baetens), tatuadora cuya hermosa piel es el delicado lienzo que muestra el virtuosismo de su arte.
Nos hemos desplazado desde un punto indeterminado de esta historia hasta aproximadamente la mitad para volver casi al inicio. En apenas unos minutos se nos han expuesto los elementos clave que van a articular este relato.
El bluegrass. Hilo conductor y nexo de unión entre los principales conceptos que se tratan en esta película: la vida, la pasión, la paternidad y la maternidad, el sufrimiento, Estados Unidos (para lo bueno y para lo malo), el rechazo, la negación de uno mismo y del otro.
El amor. La relación de pareja de unos protagonistas diferentes, pero complementarios, vivida hasta el límite. Didier, racional, pragmático, independiente, y Elise, apasionada, sensual, madura e inteligente. Su diferente forma de afrontar la enfermedad de su hija aporta un interesante contraste de ideas desencadenante de una intensa tormenta emocional.
Los tatuajes. Seña de identidad de Elise. Hablan de su entrega cada vez que se enamora y de cuánto le ha decepcionado la vida en ese sentido. Los amplios ventanales de su estudio la muestran como una personalidad transparente, sin ambages, que se enfrenta a la vida a pecho descubierto y que se estrella, como pájaro desorientado, al no apreciar la pared de cristal tras la que se parapetan los demás.
La estructura. Felix Van Groeningen, director y co guionista, adaptó la obra teatral escrita por el actor protagonista, Johan Heldenbergh, obviando la linealidad de la misma. El montador, Nico Leunen, ayudó al realizador a retorcer ese armazón un poco más si cabe, de forma que el relato se haga, no cronológicamente, sino enfrentando y contrastando distintos momentos de las vidas de Didier y Elise para que, por muy alejados temporalmente que pudiesen estar, al colocarlos unos a continuación de otros provocasen un choque de sentimientos que hiciera surgir una emoción que habríamos perdido de haberse contado esta historia de forma convencional.
Alabama Monroe, que adolece de cierta tendencia al exceso en su parte final, se mira en el espejo de la espléndida Blue Valentine, además de en la forma de la narración, en la crudeza con la que está reflejado ese sentimiento autodestructivo que puede acabar con una relación. A pesar de la belleza de las imágenes, el drama de ver cómo los dos protagonistas se están perdiendo el uno al otro y no pueden hacer nada por remediarlo no deja de recibirse como un puñetazo en el estómago. Lo de Alabama Monroe casi es lo de menos, aunque probablemente quiere decir que en un mundo perfecto Elise y Didier habrían podido ser felices.
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Copyright de las imágenes © Menuet Producties, Topkapi Films. Cortesía de Golem Distribución. Reservados todos los derechos.
Alabama Monroe
Título original: The Broken Circle Breakdown
Director: Felix Van Groeningen
Guión: Felix Van Groeningen, y Carl Joos a partir de la obra de teatro de Johan Heldenbergh y Mieke Dobbels
Intérpretes: Johan Heldenbergh, Veerle Baetens, Nell Cattrysse
Musica: Bjorn Eriksson
Fotografía: Ruben Impens
Montaje: Nico Leunen
Duración: 111 min.
Bélgica, Holanda. 2012
En breve tendréis aquí nuestra opinión sobre el reciente estreno «Alabama Monroe», la candidata por Bélgica al Oscar a la mejor película de habla no inglesa y fenómeno de la temporada, con una exitosa participación en los pasados premios del cine europeo. La crítica se publicó el pasado sábado en Diario de Navarra pero dada la escasez de espacio no se pudo respetar la estructura original, con muchos párrafos en la parte inicial de la misma. Aquí la tenéis tal y como se concibió (una especie de montaje del director…). Esperamos que os guste y podáis aprovechar para ver la película si no lo habéis hecho ya.


































