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Crítica de “Omar” (2013)

24 julio, 2014

Al realizador Hany Abu-Assad se le podría colocar, sin dudarlo, la tan manida etiqueta de ciudadano del mundo. Nacionalizado holandés, de origen palestino, es un árabe israelí nacido en la localidad galilea de Nazaret. Su peculiar filiación, un curioso y caleidoscópico encuentro de culturas, le ha llevado a dirigir películas que han alcanzado el éxito rodeadas de una intensa polémica. Con la magnífica Paradise now (2005) metía el dedo en la llaga haciendo protagonizar su filme a dos terroristas suicidas palestinos que se cuestionan lo que están a punto de hacer. Un Globo de Oro y una más que merecida nominación al Oscar premiaron la valentía de un discurso diferente planteado desde la confrontación de distintas opiniones. Omar supone un regreso, no exento de controversia, a la Franja de Gaza, pero esta vez el descarnado relato se transforma en una tragedia shakespeariana en la que se barajan en la partida de cartas de la vida los naipes del amor, la traición, la codicia, el poder y los celos siguiendo las directrices de un clásico contemporáneo como la saga de El padrino, a la que el propio desarrollo de la trama no duda en citar como referente.

con heridas en la cara

En esta disléxica versión de Romeo y Julieta, Omar es el enamorado, un palestino que vive en los territorios ocupados, que para llegar a su amada Nadia ha de escalar, día sí y día también, jugándose la vida, el altamente vigilado Muro de Cisjordania, la pared de cemento de 7 metros de altura construida por el gobierno israelí. Sí, nos encontramos ante una historia de amor pero a la semi clandestinidad del romance y a las trabas culturales y tradicionales se une el convulso contexto del enfrentamiento palestino-israelí con todo lo que eso conlleva. Y es aquí donde aparece con fuerza el nombre del genio de Stratford. En el triángulo amoroso, en el concepto de traición en su sentido más amplio (desde el hecho de romper una amistad de toda la vida hasta la sospecha de que hay un topo en la célula palestina que planea atentar contra los soldados que vigilan el muro) o en las ansias del protagonista de acabar con la ocupación.

 beso

Abu-Assad ha construido un sólido relato en el que no sobra ni un solo minuto de metraje. La combinación de las distintas tramas, plenas de matices que las enriquecen, resulta modélica, destacando la inteligente utilización del sentido del humor como elemento desengrasante. La calidez de la luz y, sobre todo, una brillante realización, que resuelve tan efectivamente las trepidantes persecuciones como elocuentemente sabe reflejar la intimidad y la inocencia de los encuentros amorosos con una sensibilidad a flor de piel, resultan efectivos recursos en manos de un director que sabe cómo utilizarlos para enriquecer una narración que deviene inevitablemente hacia un brutal desenlace en forma de surreal pregunta de clarificadora respuesta, tan absurda como la ley del talión que alimenta la cruel espiral de violencia que azota, incesante, la zona en nombre de la sinrazón.

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Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © ZBROS. Cortesía de Golem Distribución. Reservados todos los derechos

 

 

Omar

Dirección y guión: Hany Abu-Assad

Intérpretes: Adam Bakri, Leem Lubany, Samer Bisharat

Fotografía: Ehab Assal 

Montaje: Martin Blinker y Ellas Salman 

Duración: 96 min.

Palestina, 2013

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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From → Críticas, Estrenos

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