En breve publicaremos la crítica correspondiente al estreno el pasado viernes de un thriller ubicado en medio del conflicto irlandés. Una de las sorpresas de la temporada que demuestra que la cantera del cine británico sigue dando muy buenos frutos. Está protagonizada por uno de los actores de moda, Jack O´Connell, con una interpretación realmente impactante. No os la perdáis.
Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.
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Aquí os dejo un artículo que publiqué para homenajear a las estupendas bandas de mi localidad natal, Tafalla, y a la gente que las capitanea, y de paso para recomendar Tocando el viento que sale a colación por el contraste de dos directores de banda totalmente antitéticos. El que tenemos en cartel, y es el gran favorito a hacerse con el Oscar al mejor actor secundario, al que interpreta J.K. Simmons en Whiplash y el entrañable Danny al que dio vida el añorado Pete Postlethwaite en Tocando el viento.
Durante las fiestas patronales de mi localidad, Tafalla, que se celebraron desde el pasado 14 de agosto hasta el día 20, tuve el inmenso placer de comprobar en los diferentes actos de las mismas el excelente nivel de las dos bandas que tenemos en la Ciudad del Cidacos.
La Banda de Música «La Tafallesa» con su director, de Óscar de Esteban, a la cabeza seduce a su audiencia gracias a su extenso repertorio y en estas fechas encandila con la interpretación de variados y preciosos pasodobles. El estar lejos a veces me ha imposibilitado disfrutar de esos grandiosos conciertos de música de cine que con tanto mimo preparan y que es una de las debilidades de este que escribe.
Alfonso Muro es quien dirige a los txikis, a la Banda de la Escuela Municipal de Música de Tafalla, y año tras año, en el concierto que ofrecen durante las fiestas, van demostrando que hay una cantera estupenda. Se atreven con todo, música de cine, versiones de The Beatles, canciones de los Blues Brothers, y, a pesar de su juventud, con una ejecución impecable.

Para todos esos magníficos músicos, pero sobre todo para los más jóvenes, y para todos los lectores de http://www.vivazapata.net a los que les apasione, o cuanto menos les interese, la música de banda, aquí va la recomendación de una película que hace unos años emocionó a este aficionado al cine.

«Tocando el viento» se engloba en ese buen cine británico que abarca temas sociales y que mezcla comedia y drama, con la crisis como telón de fondo, logrando ese perfecto equilibrio que lo hace tan interesante. Se puede considerar predecesora de alguna manera de «Full Monty» en ese sentido, pero es que además añade el atractivo de esa música de banda, en este caso de brass, que es toda una maravilla. Y como guinda un reparto que incluye a actores como Ewan McGregor y Pete Postlethwaite. Chavales, si todavía no la habéis visto, aquí tenéis una buena oportunidad.
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Tocando el viento
Director: Mark Herman
Intérpretes: Ewan McGregor, Pete Postlethwaite, Tara Fitzgerald
Duración: 107 min.
Reino Unido, Estados Unidos 1996
En breve. Tras el monográfico dedicado a Alejandro González Iñárritu, tendréis la crítica de uno de los peliculones de la temporada de premios. Whiplash, de reciente estreno, ha sido una de las sorpresas agradables del cine independiente. Duelo interpretativo de muchos quilates entre Miles Teller y J.K. Simmons, que interpreta a un tiránico director de banda de jazz.
Y posteriormente os acercaremos a otro peculiar director de banda, para que podáis comparar. Cine y música, en este caso de bandas.
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Alejandro González Iñárritu comenzó su carrera con una prometedora carta de presentación, Amores perros. A partir de ahí un halo de pretenciosidad se adueñó de su cine. Los guiones de Guillermo Arriaga para 21 gramos y Babel se arrogaban el derecho de narrar la historia definitiva sobre el alma o la incomunicación humana desde una supuesta posición de superioridad intelectual frente al espectador. Especialmente sangrante resulta el caso de la primera en la que una historia potencialmente interesante se ve malograda por un montaje confuso en su arbitrariedad, alterando el orden lógico de la narración sin un criterio concreto, simplemente con el objetivo de epatar al espectador para ocultar defectos del libreto. Cuando el montaje acronológico tiene una razón de ser (Sospechosos habituales, Pulp fiction) resulta maravilloso.
En Biutiful, ya sin la colaboración de Arriaga (rota por un agrio conflicto de egos), el cine de Iñárritu comenzó a experimentar un salto cualitativo, al tiempo que su narrativa se tornaba más convencional. Birdman se ha convertido en la linealidad total, en el reverso luminoso de 21 gramos. El montaje desaparece ya que está concebida como un interminable plano secuencia, al estilo de La soga de Hitchcock. Se trata de un arriesgado ejercicio de estilo que, gracias a la temeridad y la pericia de un director de fotografía obsesionado con esta forma de rodar, Emmanuel Lubezki (espectacular inicio el de Gravity), y a la magia de la posproducción (que ha dado apariencia de continuidad allí donde acababan las tomas) rezuma elegancia y aporta verdad a una historia mucho más terrenal que los ampulosos trabajos realizados junto a su anterior guionista.

Michael Keaton es Riggan Thomson, una estrella de Hollywood venida a menos, cuyo éxito interpretando al superhéroe Birdman queda ya tan atrás en el tiempo que intenta redimirse (y demostrar que por encima de todo es un actor más que una celebridad) financiando, dirigiendo y protagonizando su propia obra de teatro en Broadway. El conflicto interior entre algo que lo eleve y lo prestigie, como un arriesgado Raymond Carver al calor de las tablas, y su regreso a la notoriedad, gracias a un hipotético “Birdman vuelve”, narrado en tono de comedia satírica tirando a negra por un González Iñárritu inédito, es el motor que mueve la maquinaria que se despliega por cada uno de los recovecos del St. James Theatre como si fuese el cerebro del actor. El juego con el espectador gracias al indudable paralelismo con el Batman de Keaton es uno más de los incontables guiños que jalonan el filme.

La riqueza del guión, con Macbeth en mente jugueteando con el metalenguaje, reflexiona sobre la creación artística y la necesidad de cada cual de sentirse respetado dentro de su profesión y de ser querido, e incluso amado, por los que le rodean, de aportar algo por lo que merezca la pena ser recordado. Este trabajo nos ha reconciliado con un realizador que ha sabido volver a poner los pies en la tierra y nos ha ofrecido excelentes interpretaciones de un elenco insuperable.

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Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia)
Director: Alejandro González Iñárritu
Guión: Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris y Armando Bo
Intérpretes: Michael Keaton, Emma Stone, Edward Norton
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Música: Antonio Sánchez
Duración: 119 min
Estados Unidos, 2014
Las poderosas imágenes de un mar embravecido, de cascos de barcos destrozados en torno al esqueleto de una ballena varada tiempo atrás, de la naturaleza salvaje que se rebela contra el hombre, no tendrían esa fuerza que te adhiere a la butaca sin el acompañamiento imprescindible de las notas inspiradas por el genio de un maestro del minimalismo como Philip Glass.
El hipnótico prólogo de Leviatán nos remite a lo antiguo, a lo inmutable, a lo inveterado. El propio monstruo marino ya hace referencia a la Biblia. La religión, en forma de cristianismo ortodoxo, se encuentra presente en el argumento de forma patente, a través de sus diferentes manifestaciones artísticas pero sobre todo como sustento del poder establecido e influencia sobre gerifaltes de tres al cuarto con delitos de corrupción y sangre a sus espaldas, que de forma hipócrita acuden a rendir pleitesía al todopoderoso Pope. El descarnado dibujo de la Rusia actual que propone el filme, más allá de las costumbres locales, no difiere mucho de lo que, por desgracia, estamos descubriendo que nos rodea cuando salen a la luz las vergüenzas ocultas en las cloacas del estado.
El puñetazo en el estómago que Andrey Zvyagintsev nos asesta certero con este trabajo supone una versión actualizada de ese tratado sobre la resignación que es el Libro de Job. La historia se mueve en un entorno rural en el que la tiranía del alcalde pretende expropiar, utilizando todos los medios a su alcance, un terreno frente al mar donde un mecánico tiene su casa y su taller. A pesar de contar con la ayuda de un amigo y abogado moscovita verá cómo los hilos de la burocracia se mueven para asfixiarle al tiempo que su propia vida personal se va convirtiendo, poco a poco, en un infierno. La rica polisemia de nuestra lengua nos recuerda que leviatán también define a algo de grandes dimensiones difícil de controlar, como esas redes ocultas bajo el poder, que incluso en el ámbito local, se extienden amenazantes desde el ayuntamiento a los órganos judiciales, pasando por la policía.

La fotografía colabora en la narración retratando unos paisajes agrestes, inquietantes, oníricos, que se convierten en un personaje más de la película gracias a las precisas composiciones que en ocasiones recuerdan a pinturas. Llega un momento en los 140 minutos de duración del filme en que la intensidad de thriller político mezclado con cine negro con la que comienza la historia decae para centrarse en la trama familiar. Lo que parece un parón no supone sino una nueva toma de impulso para asestar el mazazo final.

La naturaleza se vuelve a desatar de forma devastadora al son de la grandilocuencia de los compases de la música de Philip Glass en un epílogo que cierra el círculo abierto al inicio, dejando un tiempo necesario para que el espectador encaje lo mejor que pueda la crueldad de la historia de la que acaba de ser testigo al tiempo que subraya su carácter intemporal y universal.

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Copyright de las imágenes © Cortesía de Golem Distribución. Reservados todos los derechos.
Leviatán
Dirección: Andrey Zvyagintsev
Guión: Oleg Negin y Andrey Zvyagintsev
Intérpretes: Aleksey Serebryakov, Elena Lyadova, Roman Madyanov
Fotografía: Mikhail Krichman
Duración: 140 min.
Rusia, 2014

























