Hace unos días se presentó en el Festival de Cannes el nuevo trabajo del director Iraní Asghar Farhadi, Le passé. Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, vamos a echarle un vistazo a su anterior película, la maravillosa Nader y Simin, una separación.
Ayer a partir de las 19 horas en el Castillo de Marcilla disfrutamos de una estupenda tarde de literatura y cine. Contamos con la inestimable colaboración de Gloria Perales, bibliotecaria de Marcilla, que en el Club de Lectura de este mes de mayo analizó Una pena en observación, el libro de C.S. Lewis en el que está inspirado el guión de Tierras de Penumbra.
La película de Sir Richard Attenborough que trata temas tan profundos e intensos como pueden ser la amistad, el amor, el sufrimiento, la enfermedad, la muerte, la pena y Dios dio lugar a un muy interesante debate. Fue un placer revisitar este estupendo filme donde Anthony Hopkins y Debra Winger están sublimes. A pesar de no ser un fiel reflejo de los últimos años de la vida del autor de los libros infantiles que forman la serie de Las crónicas de Narnia el magnífico guión de William Nicholson fue candidato al Oscar, al igual que la interpretación de Debra Winger. Un trabajo tan emocionante como impactante y que te deja con un nudo en la garganta.
Como complemento a la crítica de «Bárbara», en breve, la crítica de «La vida de los otros», película que siempre sale a colación al hablar del estupendo filme alemán recién estrenado.
¡Viva el cine! Así concluía uno de los momentos más recordados de la pasada ceremonia de los Goya. Cuando salió a recoger su premio al mejor largometraje de animación Javier Mariscal habló en defensa de Internet pero dejando bien claro que a él, como le enseñó su padre cuando era niño, le encanta disfrutar del cine proyectado sobre una pantalla enorme, con un sonido espectacular, sentado en una butaca en medio de una gran sala a oscuras rodeado de un montón de desconocidos y dando buena cuenta de unas palomitas (o sin ellas). Aquellas palabras mostraban sobre todo el agradecimiento de un gran aficionado al cine más que el discurso de un cineasta de carrera. Mariscal acaba de aterrizar en este mundillo de la mano de Fernando Trueba y su frescura y entusiasmo se han unido a la pasión que el director madrileño tiene por la música cubana, el jazz, el cine clásico, los musicales de los años 50 y las historias de amor bien contadas y esta combinación ha producido un fantástico cóctel que ha dado como resultado una maravillosa película.
Con Chico & Rita sucede como cuando te enamoras. Esa carita sonriente debajo de ese gorrito de lana ha llamado tu atención y tienes curiosidad por saber qué hay detrás de todo eso. De la misma forma que te has acercado a esa chica te aproximas a esta película, algo te atrae y estás a la expectativa. Lo cierto es que no se trata de un flechazo inmediato, y eso es bueno, porque te seduce lentamente. Al principio despierta tu interés, hace que te sientas cómodo con ella y poco a poco te va ganando hasta el punto en que llega a emocionarte y, en última instancia, a enamorarte.
Chico & Rita se alimenta de la cinefilia impenitente de un Fernando Trueba que se acerca a clásicos del cine que tiran de nuestra vena más romántica. Como si de un bolero se tratase ante nuestra atenta mirada se desarrolla la historia de un amor apasionado entre un pianista y una cantante con la música cubana como hilo conductor pero a su vez es una declaración de amor a La Habana, a Nueva York, al jazz latino, al cine musical y a los grandes melodramas. El punto de ignición de este gran incendio de emociones se produce durante una noche de pasión entre los dos protagonistas y a la mañana siguiente, cuando Chico comenzará a escribir una canción, al piano, con una exuberante y desnuda Rita sentada a su lado. Ese tema inacabado que irá arreglando y perfeccionando a lo largo de los años relatará la historia de amor, celos, encuentros, desencuentros y música entre Chico y Rita.
La película comienza ágil, desenfadada, descarada y te va seduciendo poco a poco hasta emocionarte y enamorarte por completo. Por supuesto no se trata de un filme de dibujos animados dirigido a los más pequeños sino a un público adulto que disfrute de un relato bien contado, de las historias de amor más grandes que la vida y de la buena música, con el extra de poder dar un paseo por La Habana y el Nueva York de los 50. Para los que adoramos el musical clásico el espectacular número que ilustra la llegada a la Gran Manzana de los protagonistas inunda de nostalgia y fuerza la pantalla. Ahí se encuentran presentes Un día en Nueva York, Cantando bajo la lluvia, Un americano en París, Una cara con ángel, Melodías de Broadway, Gene Kelly, Fred Astaire, Stanley Donen, Vincente Minnelli o Cyd Charisse, entre otros.
En el fondo Chico & Rita supone una reconciliación con el cine, con la música, con la pasión, con el Amor con mayúsculas, con ese romance secreto e imposible que tenemos ahí escondido y no hemos querido o no hemos podido olvidar, del pasado o del presente, aquel al que nos gustaría escribirle con carmín en el espejo, después del ansiado reencuentro: “Necesitaba volver a besarte”.
Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.
Copyright de las imágenes © 2012 Isle of Man Films, CinemaNX, Estudio Mariscal, Fernando Trueba Producciones Cinematográficas S.A., HanWay Films, Magic Light Pictures, Mesfilms. Reservados todos los derechos.
Chico & Rita
Director: Fernando Trueba, Javier Mariscal, Tono Errando
Intérpretes (Voces) : Bebo Valdés, Idania Valdés, Estrella Morente
Duración: 93 minutos.
España, Gran Bretaña, 2010.
A continuación me gustaría colgar una crítica que va dedicada a un amigo que hace poco descubrió esta gran película que por desgracia ha pasado más bien desapercibida. Él me la recordó y yo la he rescatado del baúl de las críticas de las grandes películas y aprovechando que ayer TVE pasó otra joya del mismo director: Plan oculto, este es mi particular homenaje al cine reciente de Spike Lee.
Este título bien nos pudiera traer a la memoria el debut de Carlos Saura en el terreno del largometraje allá por los años sesenta del siglo pasado. Un brillante trabajo con resonancias de la Guerra Civil en forma de metáfora que se desarrollaba en el transcurso de una partida cinegética. En aquel caso se trataba de la caza del conejo, título original del filme obligado a cambiarse por la censura en lo que supone una de las escasas decisiones de este mecanismo inquisidor que redundó en beneficio del tono dramático e incluso trágico de la película. En este trabajo del danés Thomas Winterberg los disparos reales se ciñen a una única secuencia, con ciervos de por medio, aunque el proceso de linchamiento social se prolonga durante gran parte del metraje.
Lo que más se ha destacado de La caza desde su paso por el Festival de Cannes de este año es el impresionante trabajo de Mads Mikkelsen encarnando a ese profesor de guardería que se ve acusado falsamente y es estigmatizado por la comunidad donde reside. Aunque en realidad los pilares sobre los que Vinterberg se apoya para contar esta historia son dos, el propio Mikkelsen y Thomas Bo Larsen, una pareja de excelentes intérpretes de los muchos que la escuela danesa ha dado en los últimos veinte años.
Sus carreras, sólidas ambas, se han desarrollado por caminos diferentes, mientras Mikkelsen ha tenido mayor presencia en el panorama internacional, Larsen se ha ceñido sobre todo a la industria cinematográfica de su país. Al primero lo hemos podido ver en multitud de registros diferentes, el gran público lo conoció como Le Chiffre, el villano del, probablemente, mejor Bond de todos los tiempos, Casino royale, pero ya antes había destacado en Después de la boda que fue la película que le ayudó a trabajar fuera de Dinamarca. Recientemente hemos podido disfrutar de este excelente actor de carácter en Un asunto real, nominada al Oscar a la mejor película extranjera. Se trata de uno de los más interesantes y versátiles intérpretes de su generación.
El papel que hizo conocido a Thomas Bo Larsen se lo dio, precisamente, Thomas Vinterberg en Celebración, la más alabada de las películas de aquel movimiento que vino a llamarse Dogma y que surgió bajo los auspicios de Lars Von Trier en los años noventa. Al contrario que Mikkelsen, Larsen ha desarrollado toda su carrera en su país con trabajos que de vez en cuando nos llegaban como la reciente Cuando un hombre vuelve a casa. El nexo común de los dos curiosamente es una película española, Torremolinos 73, ópera prima del bilbaíno Pablo Berger, aclamado a lo largo de este último año por su maravillosa visión del cuento de Blancanieves.
Vinterberg tenía claro que la elección de los dos actores que debían interpretar los principales roles de este guión iba a ser vital para transmitir todos los matices que tenía esta historia y no hacer una película de buenos y malos, de blancos y negros, sino introducir toda esa gama de grises que existe dentro de la naturaleza humana y el resultado final así lo atestigua. Se puede apreciar en cada personaje aspectos brillantes y oscuros de su personalidad y una evolución que no responde tanto a un arco narrativo convencional y sí más a lo que nos podríamos encontrar en cualquier pueblo o pequeña ciudad que conozcamos. Ese es uno de los grandes activos de La caza, que por un momento pueda hacernos olvidar que nos encontramos ante una ficción. En ese sentido la resolución del filme es modélica compendiando en esa metafórica secuencia donde asistimos a una montería de caza mayor el meollo de todo lo que se nos ha venido contando a los largo de 115 apasionantes minutos.
Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.
Copyright de las imágenes © 2012 Film i Väst, Zentropa Entertainment. Cortesía de Golem Distribución. Reservados todos los derechos.
La caza
Director: Thomas Vinterberg
Intérpretes: Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larsen, Annika Wedderkopp
Duración: 115 min.
Dinamarca, 2012
Alto, corpulento, de pelo canoso, perilla al estilo mosquetero, profundas bolsas bajo los cansados ojos y voz cavernosa. Aparentaba unos setenta años, aunque todavía no los había cumplido. Parecía un ogro junto a la menuda Ami Canaan Mann, la hija de su amigo Michael Mann, junto a la que presentaba en San Sebastián el ciclo dedicado al cine negro americano contemporáneo, American Way of Death. Aquel tipo con pinta de duro era Walter Hill. Toda una enciclopedia viviente tras una vida dedicada al séptimo arte y, visto lo visto, con ganas de seguir dando guerra.
Con Una bala en la cabeza ha querido volver a esa fórmula que tan bien funcionó en los action films de los años ochenta pero con una ligera puesta al día en lo que se refiere al aspecto visual. Si no fuera suficiente la presencia de un icono de aquel cine como Sylvester Stallone, el rythm and blues que acompaña a los créditos de inicio con un toque de armónica rollingstonesco supone toda una declaración de intenciones en cuanto a ese “clasicismo ochentero” con el que nos vamos a deleitar.
Lo que se nos presenta no tiene trampa ni cartón, la típica buddy movie en la que dos compañeros con perfiles totalmente antagónicos se ven forzados a formar equipo para vengar un asesinato, resolver un crimen, rescatar a alguien, acabar con los malos de turno o las cuatro cosas a la vez. Un esquema que el propio Hill conoce perfectamente y que explotó con gran éxito en títulos como las dos partes de Límite 48 horas (1982-1990) o Danko: calor rojo (1988) que se ven reflejados en cierta manera en Una bala en la cabeza.
Si pensamos en Stallone, el antecedente directo a su personaje podría ser perfectamente el teniente de policía que interpretó en Tango y Cash (1989), salvo que este caso se encuentra al otro lado de la ley. La subtrama “familiar”, por llamarla de alguna manera, de aquel trabajo en el que compartía cartel con Kurt Russell guarda similitudes más que evidentes con el argumento de esta película. La otra parte de la pareja es un policía de Washington de origen oriental de personalidad totalmente opuesta, como era de esperar, interpretado por el norteamericano de origen coreano Sung Kang.
El ambiente sureño, el haber convertido a Nueva Orleans en un personaje más de la película supone un acierto. Aporta un toque de personalidad subrayado por la estupenda banda sonora, lo que nos trae a la memoria el estupendo debut de John Woo en el cine de acción made in USA, Blanco humano (1993), que se desarrollaba también en Luisiana, pero en aquel caso en un ambiente rural. De la misma forma que en la película de Woo, los malvados son excesivos, exagerados, pasados de rosca, arquetípicos de este género cinematográfico, malos de cómic, no en vano Una bala en la cabeza está basada en la novela gráfica del mismo título del autor francés Alexis Nolent. El curioso trío, formado por un abogado, un magnate de los negocios sucios y un peligroso sicario no deja de ser variopinto y cuenta con la imponente presencia de Jason Momoa, el último Conan del cine, y el regreso de un Christian Slater venido a menos, que se mueve más por series de televisión.
A fin de cuentas se trata de un plato del gusto de quienes disfrutaban (disfrutábamos) sin ningún tipo de prejuicios del cine de acción de los ochenta, con la única vocación de entretener y sin mayores aspiraciones. Uno a uno van a ir apareciendo todos los tópicos y las señas de identidad del género pero introducidos con gracia y sentido del humor dentro de un guión que no aburre. El empaquetado es impecable, bien realizada, fotografiada y montada (son 92 minutos) y no pierde el sentido del ritmo en ningún momento. Cumple perfectamente con su cometido. Quien le pida algo más a esta película saldrá, sin duda, defraudado, pero a quien le apetezca un entretenimiento divertido, salvaje en ocasiones (la sangre y las vísceras salpican en más de una ocasión) y que rinda homenaje a aquellos títulos míticos de su(nuestra) adolescencia disfrutará de este regreso al cine de acción de la mano de Walter Hill y Sylvester Stallone.

Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.
Copyright de las imágenes © 2012 Dark Castle Entertainment, IM Global, After Dark Films, Automatik Entertainment, EMJAG Productions, Millar Gough Ink, Silver Reel. Cortesía de eOne Films. Reservados todos los derechos.
Una bala en la cabeza
Director: Walter Hill
Intérpretes: Sylvester Stallone, Sung Kang, Jason Momoa
Duración: 92 min.
USA, 2013





















