Si ya el solo hecho de ver una película te sumerge en un mundo de emociones lo que sucede cuando asistes a un Festival de Cine es una auténtica inmersión, cuatro, cinco, seis películas vistas en un día hacen que toda una montaña rusa sentimental se suceda en el corto espacio de un día con todo lo que eso conlleva. Aquí tenemos las películas que nos han alterado (más o menos la existencia) en las últimas horas.
Quai d´Orsai, de Bertrand Tavernier
En la Sección Oficial hemos recuperado una película venezolana que se proyectó hace unos días, Pelo malo. Lenta y morosa historia sobre una madre que teme que su hijo sea gay. La cinta no da señales de vida hasta la hora de metraje, pero se trata de un espejismo. Otra historia totalmente distinta es la sátira mordaz sobre la política francesa del veterano Bertand Tavernier,Quai d´Orsai, basada en el cómic del mismo título. Comienza de forma un tanto claustrofóbica, dentro del Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia. Esta presentación tal vez se prolongue en exceso, pero una vez que arranca la película no deja títere con cabeza, con unos diálogos acelerados y una muy fina ironía que nos muestra las vicisitudes para sobrevivir como ayudante dentro del obtuso mundo del Ministerio de Asuntos Exteriores francés de un joven que escribe discursos, y todo esto envuelto en citas de Heráclito. Cuenta con una interpretación magnífica de Thierry Lhermitte y recuerda en su tono y en su temática a la británica In the loop.De lo mejorcito visto hasta ahora. Carne de premio, sin duda.
El equipo de Vivir es fácil con los ojos cerrados
Dentro de la aportación del cine español en el concurso del Festival hoy le ha tocado el turno a Vivir es fácil con los ojos cerrados. Un trabajo nostálgico dirigido por David Trueba que narra la historia real de un profesor de Albacete que enseñaba inglés a sus alumnos traduciendo canciones de The Beatles y que viaja a Almería para conocer a John Lennon, que se encontraba rodando con Richard Lester Cómo gané la guerra. El filme recorre la delgada línea que separa lo sentimental, lo emocionante de lo pasteloso, incluso de lo ñoño, para traspasarla lamentablemente en varios momentos. Este es un lastre que empaña un poquito la gran interpretación del siempre brillante Javier Cámara. La sorpresa de la película la da la prácticamente debutante Natalia de Molina, que seduce tanto a la cámara como a los otros personajes de la película y se rebela como una robaescenas nata.
Javier Cámara, de Vivir es fácil con los ojos cerrados
Para desengrasar un poquito, dentro de Horizontes Latinos, la argentina Victoria Galardi regresa a San Sebastián después de ganar el Premio de la Juventud en 2008 con Amorosa soledad y de participar en la Sección Oficial en 2010 con Cerro bayo. En este caso presenta Pensé que iba a haber fiesta, una comedia romántica, agridulce, entretenida, que se deja ver muy fácilmente y que cuenta con el aliciente de la presencia de Elena Anaya.
Victoria Galardi, directora de Pensé que iba a haber fiesta
Las Perlas del día esta vez han brillado con luz propia. La rumana La postura del hijo, que se hizo merecidamente con el Oso de Oro en el pasado Festival de Berlín, narra una historia muy dura cuya intensidad a la par que el interés de la película se va construyendo de menos a más culminando con una secuencia que la convierte en una auténtica obra maestra donde no se dice nada, pero se dice todo. El conflicto moral que subyace en el fondo de este guión hace de ella una propuesta arriesgada pero acertada. En el otro lado tenemos una producción británica del guionista de Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill y Love actually, y director de esta última, Richard Curtis. Una cuestión de tiempo va más allá de la mera comedia romántica y nos habla de temas tan universales, y que aparecen constantemente en las películas de este Zinemaldia, como las relaciones entre padres e hijos. Jugando con una premisa que puede remitir en un principio a la magnífica Atrapado en el tiempo supera la posible comparación y transita otros caminos dentro de esta licencia fantástica para llegar al melodrama y transmitir sentimientos que traspasan fronteras, países y continentes como ya demostró en su día la magnífica Love actually.
About time – Una cuestión de tiempo
Y para terminar la anécdota del día. El visionado de un magnífico documental, Serrat y Sabina, el símbolo y el cuate en la proyección nocturna para el público. La sorpresa la presencia de los ínclitos pajarracos que apenas dieron un saludo y ocuparon sus butacas. Fue tan fugaz que ni siquiera pudimos sacar una foto medianamente decente. Se trataba del estreno mundial y probablemente era la primera vez que lo veían. Así que se puede decir que asistimos a la proyección de este trabajo sentados a pocos metros de los propios protagonistas.
Serrat y Sabina, el símbolo y el cuate
Esta estupenda película habla de la nostalgia de la que podría ser una última gira para estos monstruos de la canción pero al tiempo hace un recorrido por lo que ha significado Latinoamérica para ambos dos, haciendo hincapié en la siempre interesante Historia reciente de países como México, Uruguay, Perú, pero sobre todo Argentina y Chile, con esos convulsos años 70 y 80. Además cuenta con momentos emotivos que hicieron brotar alguna que otra lagrimilla mientras sonaba de fondo Esos locos bajitos, de Serrat. Los sabinófilos encontrarán también el germen de varias de las canciones más emblemáticas de su ídolo, como una de sus favoritas, Peces de ciudad. Cuando abandonábamos la sala nos dimos cuenta que allí ese habían dado cita músicos, como Leiva de Pereza, o futbolistas como Esteban Granero, el “pirata” de la Real Sociedad que está a punto de operarse de una grave lesión de rodilla. Desde estas líneas le deseamos una recuperación lo más satisfactoria posible.
Copyright del artículo y fotos Vivir es fácil con los ojos cerrados y Pensé que había fiesta © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos
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El testamento cinematográfico de del japonés Hayao Miyazaki es una película más sobria, más adulta de lo que nos tiene acostumbrados el genio de la animación tradicional. Podía haberse realizado perfectamente con actores de carne y hueso por la temática que trata pero Miyazaki, además de utilizar un arte que domina como nadie, se aprovecha de la libertad que concede la animación para introducir su toque caracterísitico en las secuencias oníricas. Compleja, profunda, tal vez demasiado fría y documental en su primera hora a partir de ahí empieza a crecerle un corazoncito que acaba por emocionarnos hasta la lágrima. De momento, la útlma película que realizará jamás Hayao Miyazaki, según anunció en el pasado Festival de Venecia, ya es la primera en el Premio del Público.
The wind rises
Horizontes Latinos ya tiene una firme candidata para hacerse con el galardón al final del Zinemaldia y esa no es otra que la película mexicana La jaula de oro. Magnífico acercamiento a la crueldad y la dureza del mundo de la inmigración, centrado en la que se da desde Centro América hacia el soñado Norte. Las vivencias de los más de 600 viajeros que han prestado su testimonio al director y los guionistas se condensan en los tres niños protagonistas. Desgarrador relato que no puede dejar indiferente a nadie. De lo mejorcito visto hasta la fecha.
La jaula de oro
Fuera de concurso se ha proyectado Las brujas de Zugarramurdi, toda una invitación al exceso de la mano de Alex de la Iglesia. Supone un retorno al universo de El día de la bestia uniendo de nuevo lo esotérico con el cine de acción, un sentido del humor muy,muy negro y todo bajo la influencia de la Diosa, como diría el Robert Langdon de El código Da Vinci. El ideal femenino, ese matriarcado formado por las mujeres de Zugarramurdi que idolatran a la Venus de Willendorf, forman el perfecto reflejo del poder de la mujer en el mundo. Excesiva sí, pero, ¿a quién no le divierte ver a Hugo Silva y Mario Casas sufrir a manos del poder sobrenatural de estas mujeres?
Hugo Silva y Mario Casas, de Las brujas de Zugarramurdi
En lo que a la Sección Oficial a concurso se refiere, Roger Michel, el director de Notting Hill, comienza The week-end de forma dubitativa, pero a medida que el discurso del guión se consolida el filme crece y se convierte en una lúcida reflexión sobre el amor en la edad adulta. Estupendos Jim Broabdent y Lindsay Duncan encarnando a la pareja protagonista que reflexiona sobre su matrimonio y sus sentimientos treinta años después de haberse dado el sí quiero.
De izda. a dra.: Jim Broadbent, Roger Michell (director) y Lindsay Duncan, de Le week-end
Copyright del artículo y fotos Las brujas de Zugarramurdi y Le week-end © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos
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En la crónica de este sábado de festival el primer título que sale a colación no puede ser otro que La vie d´Adele, la película que se hizo con la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes y que recibió ayer por la noche el Premio FIPRESCI. Debido a la programación tan extraña que está teniendo este año el festival, la proyección de las casi tres horas de metraje de este trabajo de Adellatif Kechiche se produjo a las 23:30, con lo que los espectadores que llenábamos la sala del Kursaal 2 salimos del cine a eso de las 2:30 de la madrugada. Una medida extraña el relegar una película de relumbrón a ese horario que puede deberse bien a la imposibilidad de encajarla dentro de la estructura de proyecciones por su extensa duración bien por la temática tan controvertida que trata. Metidos en harina diremos que la aproximación valiente y escrupulosamente real del proceso en el que una adolescente se hace consciente de cuáles son sus preferencias sexuales supone el logro más importante de este filme.
Abdellatif Kechiche presenta La vie d´Adele
El otro aspecto que queda en la retina del espectador es la crudeza y realismo con la que Kechiche quiere mostrarnos la primera relación sexual entre las dos protagonistas. Prácticamente en tiempo real y de forma totalmente explícita resulta verdaderamente impactante. Lamentablemente la fuerza de esta secuencia queda diluida por la sucesiva repetición a lo largo del resto de metraje desdibujándose ese brío, ese ímpetu y esa sorpresa inicial. Al final lo mucho empalaga. Las dos actrices han declarado recientemente que no quieren volver a trabajar con el director tunecino por haber ido demasiado lejos a la hora de rodar estas escenas, pidiéndoles ir lo más lejos posible, reflejar la pasión de los personajes sin coreografía alguna. Todo indica, a la vista está, que lo que se ve en la película es sexo real. En el debe de La vie d´Adele hay que anotar, además de este aspecto, la excesiva duración de la cinta a la que le sobra bastante metraje. Una lástima que La vie d´Adele que podría haber sido una obra maestra se quede en una buena película, que no es poco, pero que sabe a poco dadas las espectativas que había despertado.
En cuanto a sección oficial se ha proyectado Enemy del canadiense Dennis Villeneuve, director de la nominada al Óscar Incendies, que presentará fuera de concurso Prisoners, trabajo que servirá para glosar el talento del flamante Premio Donostia 2013 Hugh Jackman. En su filme a concurso encontramos el reverso oscuro y muy bien llevado de la una situación que se daba en la blandita y fallida La mirada del amor: ¿qué pasaría si fuera cierto esa teoría que dice que todos tenemos un doble en algún lugar del mundo? ¿y si nos encontramos con él, cómo reaccionaríamos? Basada libremente en El hombre duplicado de José Saramago se trata de un relato inquietante, un retrato que se adentra en lo psicológico y en lo onírico. Un trabajo muy interesante que bien podría formar parte del palmarés del Festival. Mélanie Laurent, Sarah Gadon y Jake Gyllenhaal, por partida doble, son sus protagonistas.
Dennis Villeneuve y Sarah Gadon de Enemy
La Perla del día, la japonesa De tal padre, tal hijo, Gran Premio del Jurado del pasado Festival de Cannes, no tiene nada que envidiar a La vie d´Adele. La profundidad del tema que trata que gira en torno a la paternidad y la elegancia y sensibilidad de la realización de Hirozaku Kore-Eda hacen de esta una película especial. El cine siempre nos ha dado grandes trabajos que hablan sobre padres e hijos, aquí tenemos un excelente ejemplo que se une a un excepcional trabajo que todavía se puede disfrutar en cines, Bud, que desde aquí recomendamos fervientemente.
Copyright del artículo y fotos Kechiche y Villeneuve © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos
Copyright de las imágenes La vie d´Adele y Like father, like son © Wild Bunch, Amuse, Fuji Television Network. Cortesía de Vértigo Films y Golem. Reservados todos los derechos.
Tras la interesante rueda de prensa de Futbolín en la que Juan José Campanella ha abordado todo tipo de temas polémicos, como el agravio sufrido en 2009 cuando El secreto de sus ojos resultó ignorada por el jurado o el doblaje al «español» de esta película de animación cuya «versión original» está en «argentino», la tarde, a pesar de la frescura en el ambiente ha comenzado de lo más caliente.
Hemos asistido a la presentación que ha realizado Oliver Stone de su serie documental sobre la Historia Oculta de su país, que por extensión engloba una visión de la historia del siglo XX a nivel mundial, comenzando por los albores de la Segunda Guerra Mundial y la participación de Estados Unidos tanto en ella como en conflictos colaterales como la Guerra Civil española. Stone al presentar la serie se ha hecho eco de la educación en su país, del modo de tratar la Historia en las aulas y de que con esta serie ha tratado de corregir esa visión sesgada y edulcorada que él mismo recibió como alumno en su momento. Ha querido dejar claro que esta serie ha sido inspirada por George W. Bush, aunque no le tiembla la mano a la hora de tocar toda clase de temas delicados sin importarle el signo político del presidente de turno. La serie ha sido emitida ya en Estados Unidos y aquí vamos a poder verla en Televisión Española. Originalmente se trata de doce capítulos de una hora de duración, pero aquí viene la polémica. Stone ha indicado que en TVE solo vamos a poder ver diez. ¿Por qué? Todo indica que es debido a las referencias que aparecen en dos capítulos a la Guerra Civil española y al régimen franquista y a que, por lo visto, alguien cree en el ente público que todavía vivimos en aquella época oscura en la que las tijeras de la censura campaban a sus anchas por el panorama audiovisual español y ha decidido por los espectadores. Tristemente cada vez TVE se parece más a la televisión del régimen.
El primer capítulo al que hemos asistido da la medida de una serie en la que el montaje ágil, marca de la casa, la música y la omnipresente voz en off del propio Stone auguran un muy interesante periplo a lo largo del siglo XX y estos principios del XXI.
La otra película de la tarde ha resultado un bluff. Una tremenda decepción. Un final brillante, incluso poético y emocionante, se antoja vacío cuando el desarrollo que lleva a él aparece vacío, tedioso y exasperante en ocasiones. La mirada del amor, con una excesivamente intensa Anette Benning y un Ed Harris correcto, como de costumbre, no hace gala al nombre de la sección, Perlas, de la que forma parte. Ese sentir la mirada de una mujer que le hace al personaje de Harris enamorarse y que, bien desarrollado, podría haber dado lugar a una historia emocionante, se queda en una exasperante agua de borrajas.
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Ya estamos en San Sebastián. Mañana lluviosa para recibirnos. Más que lluviosa con un poco de sirimiri. Primera proyección del día. Fubolín del oscarizado Juan José Campanella, director de El secreto de sus ojos, ilustre ignorada en el palmarés del Zinemaldia del año 2009, es la película elegida para inaugurar la sección oficial del Festival, aunque no entra en competición.
Se trata de una película de dibujos animados con una impecable realización técnica. Adolece de cierto tono infantil en su primera media hora de metraje, obviamente se trata de un filme hecho para niños pero se agradece que las producciones de este estilo piensen también un poquito en el público adulto que suele acompañar a los infantes. Le cuesta un tanto arrancar, pero cuando estamos al borde de la decepción, el guión da un giro de 180º y Metegol, así se llama el juego y la película en Argentina, comienza a subir, el público entra en la película, el sentido del humor, que al principio se nota un tanto forzado, comienza a contagiarse y los toques de ternura no resultan empalagosos. Lo cierto es que deja un buen sabor de boca. Una propuesta arriesgada y diferente para inaugurar un Festival que en los últimos años, de la mano de José Luis Rebordinos, se ha querido distinguir por la audacia y la valentía. Vamos a ver por donde respira el Zinemaldia en esta sexagésimo primera edición.
Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos
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Como viene siendo habitual, a partir del próximo viernes 20 de septiembre estaremos por tierras donostiarras para cubrir el Festival de Cine de San Sebastián. Todos los días tendréis una reseña de lo más destacado que suceda tanto en lo que respecta a proyecciones a las que acudamos como en cuanto a las ilustres visitas que se vayan produciendo a lo largo de las ocho jornadas del Zinemaldia.
Lo tuyo es puro teatro rezaba el estribillo de la canción de La Lupe que se escuchaba en los créditos finales de Mujeres al borde de un ataque de nervios. Y eso se puede decir de gran número de piezas teatrales que han sido adaptadas a la gran pantalla. Siguen siendo puro teatro filmado, no se han sabido adaptar al medio, son buenos textos, brillantes en ocasiones, excelentemente interpretados, pero siguen siendo teatro. Es como si nos llevamos una cámara, la ponemos frente al escenario y esperamos a que las palabras y los actores hagan el resto. Algunos dirán que el director ha querido dejar el protagonismo al libreto y al estado de gracia de las interpretaciones y ha decidido no interferir. Paparruchas, que diría Scrooge. Resulta muy fácil ocultar la falta de pericia en la realización detrás de tan endeble argumento.
El cine está lleno de ejemplos de esto y contraejemplos que rebaten por completo tan peregrina justificación. Allá por el año 1992 la crítica se deshizo en elogios hacia Glengarry Glen Ross, corrieron ríos de tinta glosando las impresionantes interpretaciones de Jack Lemmon, Al Pacino, Alec Baldwin y compañía del excelente texto de David Mamet. Un auténtico peñazo rodado en dos decorados con un concepto del lenguaje audiovisual carente de cualquier profundidad. Para ver teatro te vas al teatro, uno paga su entrada para ver cine y todo lo que eso conlleva en cuestión de imagen, sonido y música. A todos los que salivaron ante el estatismo y la sublimación del texto frente a la imagen de la película de James Foley habría que recomendarles que revisasen o viesen por primera vez una obra maestra del cine como La Huella (1972). La última lección de un maestro, Joseph Leo Mankievicz, de cómo adaptar una obra de teatro al cine, en el más difícil todavía, un único escenario, una casa y dos actores, Lawrence Olivier y Michael Caine. Cine por los cuatro costados. Qué manera de colocar y mover la cámara y de utilizar el sonido.
Curiosamente este año en la excelente cosecha de cine que compite por ganar el Oscar nos hemos encontrado con dos ejemplos similares. Por el lado del teatro filmado, La duda, un excelente texto que ha contado probablemente con el mejor reparto y las mejores interpretaciones de las películas candidatas al Oscar, pero que es totalmente plana en cuestión de realización. Ha sido dirigida por el autor de la obra de teatro y del guión, John Patrick Shanley. Supone su segundo filme en 18 años. Y en el otro extremo El desafío: Frost contra Nixon. Un magnifico libreto adaptado por el propio autor de la obra de teatro Peter Morgan, guionista de la laureada The Queen (2006) y dirigido por un todo terreno, Ron Howard, que es capaz de pasar del cine comercial al más serio y trascendente con una facilidad pasmosa, de El código da Vinci o Ángeles y demonios a Una mente maravillosa o Frost/Nixon.
De sus películas “serias” ésta es la más sobria y la mejor de su filmografía sin duda alguna. Gracias a su pericia como realizador y a la ajustada banda sonora de Hans Zimmer ha conseguido trasladar a la gran pantalla esta historia divertida, inteligente, intensa y llena de suspense. El retrato de dos personajes muy distintos a primera vista, un ex presidente de los Estados Unidos ya retirado y una estrella de los talk shows televisivos, que tienen más cosas en común de las que parece. Dos personalidades contradictorias que se encuentran mucho más cerca de lo que hubiesen pensado en la mejor secuencia de la película, una conversación telefónica que nunca existió hecha con alevosía, nocturnidad y cierto toque de embriaguez.
Michael Sheen y Fank Langella que interpretaron a David Frost y Richard Nixon sobre las tablas, cinco días después de su última representación comenzaron el rodaje sin haber tenido tiempo de quitarse la segunda piel de esos personajes. Lo curioso del tema es que Peter Morgan escribió la obra teatral pensando conscientemente en que no fuese adaptable porque quería que sólo fuese una obra de teatro, pero Ron Howard y los productores le convencieron de lo contrario. Y él mismo se encargó de este guión que retrata más al hombre que al personaje en ambos casos. Asunto de vital importancia cuando se retrata a dos personajes reales.
El Nixon político, además de lo ruin y maquiavélico que pudiera resultar, poseía un gran intelecto todo lo contrario que Frost, a quien no le tomaban como un periodista serio y que era muy inseguro intelectualmente. Por el contrario, no es complicado sentir compasión por el Nixon humano. Para él la vida en sí era difícil, no se fiaba de nadie, no tenía amigos íntimos, se sentía herido, estaba solo. Mientras Frost era un comunicador nato, hacer amigos y caer bien era marca de la casa. Su histórico enfrentamiento se plasmó en una serie de entrevistas televisivas que todavía son el espacio con mayor audiencia de la historia catódica y que han servido para inspirar la obra de teatro y esta película. Un combate de boxeo, una partida de ajedrez, dos hombres enfrentados, cada uno con su equipo detrás. Una batalla entre dos mentes en la que cada uno luchaba por salvar su vida profesional y en la que sólo puede haber un vencedor. Y como telón de fondo la innegable influencia y borrosa responsabilidad del cuarto poder, la televisión, a la hora de influir en la opinión pública.
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El desafío: Frost contra Nixon
Director: Ron Howard
Intérpretes: Frank Langella, Michael Sheen, Kevin Bacon
Duración: 122min.
USA, 2008
El pasado domingo falleció el periodista y comunicador británico David Frost. Como homenaje, y aprovechando el próximo estreno de Rush, lo nuevo de Ron Howard, en breve publicaremos la crítica de la película que el propio Howard dirigió en 2008 con Frank Langella y Michael Sheen como protagonistas y con un estupendo guión a cargo de Peter Morgan, autor también del libreto de Rush.






























