La inteligencia artificial, presente en la literatura fantástica gracias al ingenio de autores como Isaac Asimov, aterrizó en el cine de la mano de la ciencia ficción. Spielberg, en su filme homónimo a la disciplina científica, estudiaba la vertiente más metafísica del género a través de la figura de un robot-niño y su relación con su madre humana. En los años 80, Paul Verhoeven, mucho más visceral, optó por la acción en el primer RoboCop, aunque sin dejar de atender esa parcela referida a los sentimientos que una máquina pueda desarrollar. Con Chappie nos encontramos ante un híbrido que, pese a quererse parecer en lo filosófico al trabajo de Spielberg, bebe sobre todo de las fuentes de la cinta de Verhoeven, quedando, aun así, a años luz de ambas.
La historia se ubica en un futuro no muy lejano, en el que la brigada de policía de Johannesburgo cuenta con una contundente unidad mecanizada. Uno de estos robots (Chappie) es robado por unos atracadores que obligan a su creador a instalarle un nuevo software que le confiere la capacidad de sentir y aprender por sí mismo, e intentan malearlo instruyéndole para que les ayude en sus perversos fines.
En torno al androide protagonista se produce lo más novedoso e interesante de la película; el momento de insuflarle vida, su proceso de aprendizaje, la ternura que comparte con la delincuente que ejerce de madre y la decepción ante la imperfección humana. El desarrollo de una conciencia, muy bien narrado por cierto, que le permite descubrir el concepto de alma, de personalidad, y su trascendencia por encima del cuerpo.

Chappie se siente solo, un bicho raro. La marginación del diferente, que se encuentra en el germen del apartheid, y en el fondo cualquier forma de discriminación social, es una idea recurrente que aparece en toda la filmografía del sudafricano Neill Blomkamp, que metaforiza esta idea a través de un cuento infantil de título más que gráfico: “La oveja negra”. Por desgracia, el resto del relato muestra un preocupante encefalograma plano.

La presencia de Sigourney Weaver, meramente testimonial. Hugh Jackman, totalmente desaprovechado, en un papel arquetípico y sin evolución. Quien tiene mayor enjundia, gracias a su complejidad y a un arco dramático que profundiza en el alma y en las contradicciones del personaje, no es otro que Chappie. A fin de cuentas, resulta mucho más atrayente que los intérpretes de carne y hueso.

El argumento, convencional, infantil, ramplón, de película de acción de segunda, se diferencia del de esas historias de usar y tirar en la parte intimista. Lo que nos seduce no son la espectacularidad y las explosiones sino el momento en el que se convierte en un filme introspectivo que se asoma a los sentimientos que se encuentran bajo ese armazón de hojalata. Algo tan viejo, por otra parte, como El mago de Oz. El brillante final, con una evidente referencia a Distrito 9, no es suficiente para olvidar que, más allá del robot, el resto resulta tan irregular como decepcionante.

Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.
Copyright imágenes © Columbia Pictures, Alpha Core, Sony Pictures Entertainment, Genre Films. Cortesía de Spny Pictures Releasing. Reservados todos los derechos.
Chappie
Dirección: Neill Blomkamp
Guión: Neill Blomkamp y Terri Thatchell
Intérpretes: Sharlto Copley (voz y gestualidad de Chappie), Dev Patel, Hugh Jackman
Música: Hans Zimmer
Duración: 120 min.
Estados Unidos, México 2015
Si este filme hubiese sido una semblanza biográfica sobre la figura de Martin Luther King se habría titulado King, MLK o algo parecido. Selma toma su nombre de la ciudad de Alabama donde acaecieron los hechos que narra su argumento. Lo que aquí se cuenta se ciñe al periodo entre 1964 y 1965 en el que la citada localidad se convirtió en el centro neurálgico de la lucha por la igualdad de derechos de la población negra a la hora de votar y la tormenta que todo aquello desató en las más altas instancias.
Con este trabajo se han cometido dos injusticias. Ava DuVernay podría haber hecho historia convirtiéndose en la primera mujer afroamericana candidata al Óscar a la mejor dirección. La Academia, que encumbró el año pasado a 12 años de esclavitud y que ha incluido a Selma entre las ocho mejores películas, decidió mirar hacia otro lado en el caso de la realizadora. ¿Demasiado recientes los hechos que se narran y su dureza para los estómagos de los votantes? La ausencia de David Oyelowo entre los candidatos a mejor actor tal vez se haya debido al hecho de no tener tanto nombre como otros postulantes. Su trabajo, contundente pero no falto de sutileza, retrata la imponente presencia y personalidad de un mito del siglo XX como King sin dejar de poner de manifiesto sus flaquezas, sus miedos y debilidades.

Más allá de la exactitud histórica de los hechos (los discursos fueron reescritos porque sus derechos habían sido adquiridos por Steven Spielberg) nos encontramos ante un interesante trabajo estructurado como un thriller con reminiscencias de películas como Arde Mississipi o JFK. El impacto que producen secuencias como la brutal represión de la policía a una manifestación pacífica deja paso a la complejidad de una trama política que refleja, durante todo el metraje y con la aproximación realista con la que lo hacía Lincoln, el tira y afloja entre King, el presidente Johnson y el gobernador de Alabama. El único bajón en el interés se produce a los tres cuartos de filme, cuando la historia se detiene para mostrar los problemas que, intencionadamente, el FBI está causando en la vida familiar del protagonista.

La realización no resulta ni mucho menos plana. Se apoya en planos tomados desde atrás y en contraluces para dar la sensación de que nos encontramos en presencia del propio nobel de la paz y de que el espectador se enfrenta junto a él a los retos que se le presentan. DuVernay utiliza, además, planos frontales en un ligero contrapicado para ensalzar su figura, aunque no le tiembla el pulso a la hora de insinuar sus posibles infidelidades conyugales.

A pesar de cierta irregularidad a la hora de captar la atención del espectador, el lenguaje directo y la crudeza de determinadas secuencias (sin llegar a lo panfletario), unidas al simbolismo del puente Edmund Pettus, hacen que el épico final, acompañado de las notas de “Glory”, la canción ganadora del óscar, deje un buen sabor de boca.

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Copyright imágenes © Cloud Eight Films, Celador Films, Harpo Films, Pathé, Plan B Entertainment. Cortesía de Wanda Vision, S.A. Reservados todos los derechos.
Selma
Dirección: Ava DuVernay
Guión: Paul Webb
Intérpretes: David Oyelowo, Carmen Ejogo, Tom Wilkinson
Fotografía: Bradford Young
Duración: 128 min.
Reino Unido, Estados Unidos, 2014
Ayer os dejábamos en este blog la crítica de un estreno de hace dos semanas con el que disfrutamos tremendamente, Kingsman: Servicio secreto. Y hoy os anunciamos que mañana tendréis lista la crítica de Selma, la película ganadora del óscar a la mejor canción que relata los sucesos acaecidos en la ciudad del mismo nombre en la que se reivindicó el derecho real de voto de la población negra de Estados Unidos, con Martin Luther King, interpretado brillantemente por David Oyelowo, como figura visible.
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Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que Matthew Vaughn tiene un sexto sentido a la hora de escoger proyectos. Debutó brillantemente con la adaptación de Stardust, la fábula ilustrada de Neil Gaiman, para luego decantarse por el mundo del cómic de la mano de un superhéroe de culto, Kick-ass, salido del lápiz de Mark Millar y se consagró gracias a la mejor traslación al cine del universo X-men, Primera generación, en la que buceaba brillantemente en el origen de los personajes. Su buen juicio le llevó a abandonar la continuación de la saga de los mutantes (un fiasco artístico) para embarcarse en esta aventura, salida también del noveno arte y del ingenio de un viejo conocido, Millar.
Harry Hart (Colin Firth) define Kingsman como una agencia internacional que opera al máximo nivel de discreción. La conforman una especie de modernos caballeros de la mesa redonda con aspecto de lord inglés y maneras jamesbondianas. No en vano sus nombres en clave comienzan por su cabeza pensante, Arturo, y prosiguen por Galahad y Lancelot, culminando en el hombre de los ingenios (el sosias de Q en las películas de 007), Merlín, cuya verdadera identidad homenajea al inmortal Sherlock Holmes. La acción comienza cuando Hart-Galahad escoge a un joven para acceder a las extremas pruebas de selección del sustituto de Lancelot al tiempo que un magnate de la tecnología se mueve en la sombra para dominar a los mandatarios más poderosos del mundo.

Dos elementos clave definen la personalidad de Hart; una frase y una localización: “los modales hacen al hombre”, toda una declaración de intenciones que precede a la lección de civismo ulterior, y un despacho empapelado con portadas del tabloide sensacionalista The Sun, donde se explica de manera brillante qué significa aquello de “máximo nivel de discreción”.

Colin Firth y Matthew Vaughn han compuesto un personaje intrínsecamente británico. Flemático, irónico, elegante (en el vestir y a la hora de moverse) y seductor de cara al espectador. Pero lo que nos llama poderosamente la atención es la versatilidad del actor para ejecutar secuencias de acción acrobáticas perfectamente coreografiadas que han requerido un tremendo esfuerzo físico aunado con la precisión de unos movimientos que evolucionan, en la más espectacular de todas, al ritmo del riff de guitarra del “Free bird” de Lynyrd Skynyrd. Una conjunción de música e imagen de una plasticidad y espectacularidad epatantes.

El desarrollo de Kingsman ha querido volar por encima de las viñetas aportando toda una serie de personajes, elementos y referencias que no han hecho sino enriquecerla y convertirla en un divertimento salvaje de primer orden. Desde ese inicio demoledor a ritmo de “Money for nothing” hasta el socarrón final con las notas de “Slave to love”, el humor irreverente salpica, a veces literalmente, cada fotograma (el caleidoscópico ballet de explosiones subrayado por algo tan tipical british como “Pompa y circunstancia”, impagable). Vaughn vuelve a demostrar que rueda, monta y sonoriza la acción como nadie. Su cine es sinónimo de entretenimiento y carcajadas, con un estimulante toque de humor negro.
Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.
Copyright imágenes © Twentieth Century Fox Film Corporation, Marv Films, TSG Entertainment, . Cortesía de 20th Century Fox España. Reservados todos los derechos.
Kingsman: Servicio secreto
Dirección: Matthew Vaughn
Guión: Jane Goldman y Matthew Vaughn, basado en el cómic de Mark Millar
Intérpretes: Colin Firth, Taron Eggerton, Samuel L. Jackson
Música: Henry Jackman y Matthew Margeson
Duración: 129 min.
Reino Unido, 2014
En Estados Unidos son muy dados a exportar sus tradiciones a través del cine. Halloween, gracias a películas como Pesadilla antes de Navidad, se ha hecho popular entre los niños de medio mundo. Siguiendo esa senda, Guillermo del Toro, esta vez como productor, ha decidido internacionalizar una celebración de gran raigambre en su México natal: el Día de los Muertos. Él y su director, Jorge R. Gutiérrez, han ideado una mezcolanza de personajes variopintos y universos paralelos a partir del folklore de su tierra (evidentemente inspirados por la cinta de Henry Selick y tomando elementos de otra maravilla burtoniana como La novia cadáver) para conseguir plasmar esa combinación de humor, aventura y romanticismo (sin llegar a extremos tan lúgubres) a través de la explosión de colorido y originalidad que el cine de animación les ha permitido.
Cinco niños que visitan el museo arqueológico escuchan ensimismados el relato que una guía les empieza a narrar. El centro del Universo se encuentra en la patria de Emiliano Zapata, más en concreto en el pueblecito de San Ángel. Bajo su subsuelo se extiende la Tierra de los Recordados, un lugar festivo y mágico para aquellos que nos dejaron y que siguen viviendo en la memoria de sus seres queridos. Más abajo, la Tierra de los Olvidados; destino de las pobres almas de los que ya nadie recuerda. Al frente de ambos, sus respectivos dirigentes; la luminosa Catrina y el temible Xibalba. Juguetones y caprichosos, se fijan en dos amigos, Manolo y Joaquín, enamorados de la misma chica, María. ¿Quién se casará con ella? Catrina escoge a Manolo; Xibalba, a Joaquín. El ganador de esta apuesta, al estilo de Jason y los argonautas, conseguirá el reino del otro.

A pesar del aparentemente manido planteamiento, la protagonista no es el sujeto pasivo del interés de los dos chicos. Al contrario, se encuentra entre los interesantes personajes femeninos de fuerte personalidad que representan a la mujer del siglo XXI que el reciente cine de animación ha venido retratando con acierto. El guión, salvando algún que otro lugar común, ha querido entrar de lleno en temas más complejos como el diálogo, las disculpas y el perdón como las armas más efectivas a la hora de resolver conflictos.
El libro de la vida esgrime argumentos para seducir a espectadores de todas las edades; desde una realización y una dirección artística exquisitas, hasta la ecléctica (y acertada) selección musical. En la banda sonora conviven los clásicos, las rancheras y canciones originales compuestas por un Gustavo Santaolalla que se ha encargado, además, de adaptar temas conocidos que sorprenderán a más de uno. Elvis, Rod Stewart, pero sobre todo “The ecstasy of gold” de Ennio Morricone, que subraya y viste de western épico la secuencia más impactante de la película; una singular corrida de toros coronada por una emocionante versión de cierto incunable del rock alternativo de los noventa. Solo queda tiempo para una última reflexión: ¿por qué este filme no compite por el Oscar a la mejor película de animación?

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Copyright imágenes © 20th Century Fox. Cortesía de 20th Century Fox España. Reservados todos los derechos.
El libro de la vida
Dirección: Jorge R. Gutiérrez
Guión: Jorge R. Gutiérrez, Douglas Landale
Intérpretes(versión original): Diego Luna, Zoe Saldaña, Channing Tatum
Música: Gustavo Santaolalla
Duración: 95 min.
Estados Unidos, 2014
El pasado 24 de febrero este blog, http://www.vivazapata.net, cumplió los dos años de vida. Poco a poco y gracias a vosotros lectores que os acercáis día a día a leer las críticas y comentarios cinematográficos que aquí se publican hemos podido seguir aquí, al pie del cañón. Hemos ido creciendo en la medida de nuestras modestas posibilidades y os intentamos ofrecer críticas de estrenos que satisfagan vuestro interés en el séptimo arte, además de coberturas especiales del Festival de San Sebastián así como de las ceremonias de los Óscar y los Goya.
Así esperamos continuar durante este 2015. Os queremos dar las gracias por vuestra atenta lectura, vuestro cariño, vuestro interés y vuestros comentarios. Muchas gracias porque todos vosotros formáis parte de esta particular manera que tenemos de ver el cine. Para todos, un regalo especial, un resumen del cine estrenado en 2014. Está en versión original, pero merece la pena por cómo está montado y sonorizado.
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Copyright imágenes © Final cut 2014 – Montado por: Nick Bosworth. Todos los derechos de cualquier material usado en este montaje son cortesía de sus respectivos propietarios. All rights to any material used remain courtesy of their respective owners. Reservados todos los derechos.
Me disponía a publicar directamente la crítica de El libro de la vida porque llevo un poco de retraso debido a la vorágine de las semanas pre y post Óscar y al seleccionar las imágenes para vestir el post en el blog me he encontrado con una circunstancia que merecía una reflexión.
Espero que mis amigos de 20th Century Fox España no se molesten por ello, pero me ha llamado la atención una visible diferencia entre el cartel original, el americano, y el cartel que se ha usado en el estreno en España.
Es curioso, pero en el americano la protagonista es María, el personaje femenino que representa a la mujer del siglo XXI que, afortunadamente, cada vez se ve más en el cine de animación, mientras que para su estreno en España han decidido cambiar el cartel dejando a Manolo, el aspirante a torero que prefiere la guitarra a los ruedos, en el lugar central. No quiero hacer elucubraciones, simplemente dejar constancia del hecho.
Aquí os dejo ambos carteles:
Y en breve tendréis la crítica de esta sorprendente película producida por Guillermo del Toro.
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Copyright imágenes © 20th Century Fox. Cortesía de 20th Century Fox España. Reservados todos los derechos.
Si hubiésemos estado esperando que, ante una ceremonia anodina, las sorpresas a la hora de conceder los premios fuesen a animar un tanto el cotarro, nuestro gozo se habría quedado en un profundo y oscuro pozo. Lo cierto es que todo transcurrió por la senda de lo previsible, por lo menos de lo que tenía en mente este que escribe. Resultaba relativamente sencillo pronosticar los resultados casi exactos. La única variación se produjo en la categoría de mejor actor, en la que se pensaba en un triunfo del veterano Michael Keaton, a pesar de que el resto de galardones de la prensa y los BAFTA habían coronado a un Eddie Redmayne que finalmente se hizo con el galardón.

Michael Keaton guarda su discurso. Foto: Esmitv.com
Recientemente ha aparecido un vídeo en el que se observa a Keaton guardar un papel en el bolsillo mientras Redmayne subía al escenario. Se trataba, probablemente, de su discurso en caso de resultar ganador. Lo cierto es que el premio se encontraba entre ellos dos y cualquiera hubiese sido un justo oscarizado. De todos modos no se apreció en Keaton ningún mal gesto, ni ninguna mala cara.
La Academia, cuando le es posible, suele repartir los galardones de tal manera que las películas que han resultado del agrado de sus miembros no se vayan de vacío. En esta ocasión las ocho candidatas a mejor película probaron su trocito del pastel. Y hay que decir que de forma justa. Se podría discutir si el guión adaptado habría podido recaer en Whiplash en lugar de en Descifrando enigma: The imitation game, a pesar de lo cual, se trata de un resultado que quedaba dentro de lo esperado.

Todas las candidatas a mejor película se llevaron su trocito de tarta. Foto: A.M.P.A.S
El óscar de Julianne Moore estaba cantado pero ha sonado a «se lo debíamos desde hace tiempo y ahora tenemos la posibilidad de dárselo». Un caso parecido al de Al Pacino, que tras ocho ocasiones siendo ignorado fue premiado por una película menor, Esencia de mujer. Después de grandes trabajos Moore ha sido oscarizada por una buena interpretación en una cinta que a duras penas sobrepasa la calificación de telefilme. La vencedora debería haber sido Rosamund Pike, sin olvidar los brillantes trabajos de las otras tres contendientes.
Este que escribe se alegra, ante todo, de los tres óscares que se llevó a casa Whiplash, vaticinados en una crítica que se escribió antes incluso de aparecer las nominaciones (aunque fuese publicada después del anuncio de las mismas). De una lógica aplastante: J.K. Simmons, magnífico, y el sonido y, sobre todo, el montaje, ejemplares; para enseñar en las escuelas.
De los cuatro que recibió El gran hotel Budapest tan solo había dudas sobre el de mejor banda sonora. Parecía que, ante una eventual derrota de Eddie Redmayne, se podía compensar este hecho con el premio en esta categoría para La teoría del todo. Finalmente los académicos optaron por reconocer a Alexandre Desplat, que ya se había ido de vacío en sus siete comparecencias anteriores.

Ida, mejor película de habla no inglesa
El largometraje doumental Citenzenfour, acerca de la controvertida figura de Edward Snowden, a pesar de todo era el gran favorito y consiguió el galardón en detrimento de La sal de la tierra. En el mismo caso se encontraba la película polaca Ida que dejó con un palmo de narices a Leviatán y Relatos salvajes; los otros contendientes en la categoría internacional.
En el capítulo de filme de animación, ante las notables ausencias de cintas realmente potentes como La lego película o El libro de la vida, que sin duda hubiesen merecido encontrarse entre las candidatas y entre la terna de ganadoras, la irregular Big Hero 6 se alzo con el triunfo.

Interstellar
Los académicos no quisieron dejar irse de vacío a un trabajo memorable, a pesar de su complejidad, como Interstellar. Su óscar a los mejores efectos especiales, que lucirá orgullosa en su cartel, tiene el marchamo de querer premiar la trascendencia en la historia del cine por encima de la efervescencia de una segunda parte, interesante pero fugaz, como El amanecer del Planeta de los Simios.

John Legend y Common, compositores de «Glory» de Selama, óscar a la mejor canción. Foto: Getty Images
El francotirador consiguió el reconocimiento al mejor montaje de efectos sonoros, Selma, tras una espectacular interpretación y con todo merecimiento, se hizo con la estatuilla a la mejor canción y Boyhood hubo de contentarse con el galardón a la mejor actriz de reparto, que recogió una reivindicativa Patricia Arquette. Los académicos, con buen criterio, consideraron que había que dar un paso adelante y premiar el riesgo técnico y artístico de Birdman en detrimento de una película sobrevalorada por su peculiar proceso de rodaje, pero totalmente vacía de guión en su parte central, como el trabajo de Richard Linklater.

J.K. Simmons (Whiplash), Patricia Arquette (Boyhood), Julianne Moore (Siempre Alice), Eddie Redmayne (La teoría del todo). Premios de interpretación. Foto: Getty Images
Los Oscar han coronado por segundo año consecutivo a un director mexicano, en este caso a Alejandro González Iñárritu que sucede a Alfonso Cuarón, y a un director de fotografía que repite y comparte nacionalidad; Emanuel Lubezki. Birdman y El gran hotel Budapest con 4 óscares y Whiplash con 3 fueron las grandes vencedoras de la noche.

Birdman, mejor película. Foto: Kevin Winter/Getty Images
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Todos los años se echan de menos nombres en la lista de candidatos a los premios de cine más mediáticos de la temporada. Perdida es el caso más sangrante. Uno de los mejores trabajos del año (si no el mejor) se tuvo que conformar con la nominación a la mejor actriz de Rosamund Pike. Nightcrawler (que tuvo una presencia testimonial como mejor guión original) como película, su director y sus protagonistas, Jake Gyllenhaal y Rene Russo. David Oyelowo como mejor actor por su composición de Martin Luther King y Ava DuVernay como mejor directora por Selma. Ausencias estas últimas sobre las que versaron algunos de los chistes de una noche soporífera que se animó gracias a los discursos reivindicativos y a contados momentos brillantes.
Decepcionante
Se pueden contar con los dedos de la mano los momentos álgidos de una ceremonia mucho más plúmbea de lo habitual conducida por un gris, apagado y decepcionante Neil Patrick Harris del que se esperaba mucho más.
Más que de la propia estructura del evento, del que apenas se pueden destacar un par de chispazos aislados, lo que verdaderamente animó el cotarro fueron las reivindicaciones de todo tipo que se produjeron en los discursos de los ganadores. Entre lo achacable a los productores del evento tan solo el número musical de inicio, que sin ser memorable se mantuvo dentro del estándar exigido en un acontecimiento de estas características, y el paseo de Harris por el backstage hasta el escenario en calzonzillos y calcetines al estilo Birdman con homenaje a Whiplash incluido.
En honor a la verdad también es responsabilidad de los regidores de la gala el momento más emocionante de la noche. Cuando el resto de actuaciones musicales dedicadas a las canciones candidatas al premio se representaron escénicamente de forma sobria y sin mucho brillo en su inmensa mayoría, llegó «Glory» (la canción de Selma y gran favorita) con un crescendo, desde el piano y la voz inicial hasta el coro formado por decenas de gargantas que inundaron el escenario, que consiguió poner en pie a la platea momentos antes de recibir el merecido óscar y arrancó las sinceras lágrimas de David Oyelowo (el Martin Luther King de ficción) y de un Chris Pine visiblemente emocionado. El resto, algún chiste gracioso reivindicando la ausencia del propio Oyelowo entre los candidatos y la parodia de la confusión de John Travolta el año pasado con el nombre de Idina Menzel, condenado a presentar el premio a la mejor canción junto a ella y bromear ambos sobre el recordado incidente.
En el apartado del debe echamos en falta una mayor presencia del presentador, incluyendo una intervención inicial más prolongada, más consistente a la par que mordaz e irónico. Neil Patrick Harris, del que dada su versatilidad y experiencia como anfitrión de premios como los Emmy o los Tony se esperaba mucho, decepcionó tremendamente. Así mismo no encontramos por ningún lado esos increíbles montajes en el que es experta la Academia y que tan bien mezclan la magia y la emotividad de películas legendarias con la espectacularidad de la perfecta combinación de imagen, sonido y música. En esta ocasión (parece increíble, pero es cierto) los Goya les han pasado por encima con su número inicial que mezclaba este tipo de vídeo con un espectacular número musical, e incluso con un inspiradísimo Dani Rovira que ha dado sopas con onda al Barney de Como conocí a vuestra madre. La obsesión por mantener o subir la audiencia e incorporar al público adolescente les ha llevado a intentar ahorrar tiempo minimizando la presentación (hecho que no sirvió para bajar de las casi 4 horas de duración) y a hacer insistentemente cebos anunciando la inminente actuación de Lady Gaga que no se produjo hasta las postrimerías del programa.
En conclusión, una ceremonia bastante más desangelada de lo habitual y que no consiguió sus objetivos de audiencia. Se trata de la menos vista (como ya se podía suponer tras la primera impresión que nos dejó en la madrugada de ayer) desde 2008 con un 10,3% de rating frente al 13,1% del año pasado, por ejemplo. Un considerable descenso en número de espectadores desde los 43,1 millones de 2014 a los 34,6 cosechados en esta edición.
Who gave this son of a bitch his green card? (¿Quién le dio a este hijo de perra el permiso de residencia?)
Esta ceremonia ha resultado ser la más reivindicativa de las que se recuerdan. Los momentos más calientes de la noche han surgido de los agradecimientos de los premiados.
Cronológicamente fue Patricia Arquette quien abrió fuego con su encendida defensa de la igualdad salarial y de derechos de las mujeres en Estados Unidos (asunto que por desgracia también nos afecta) y fue secundada por una entusiasta Meryl Streep, que a pesar de perder frente a ella, se sumó a sus palabras con sus gestos y palabras de apoyo en el momento de su intervención. Una Streep que es una especialista en salir derrotada con elegancia (no en vano es la decimosexta ocasión en la que se va de vacío) y que no deja de acudir siempre que puede y disfruta de la ceremonia.
Las palabras de Patricia Arquette fueron las que más eco obtuvieron en las redes sociales, pero a ellas se sumaron las de John Legend recordando que no parece que hayan pasado 50 años de los acontecimientos de Selma ya que hoy en día también es necesario seguir luchando por la justicia, y no solo hablaba por la población negra en Estados Unidos, su compañero, el rapero Common, lo circunscribió a todo el mundo: «el espíritu de este puente (que simboliza el logro del derecho al voto para los negros conseguido por King), trasciende la raza, el género, la religión, la orientación sexual y el estatus social.»
El guionista ganador por Descifrando enigma (The imitation game) lanzó un alegato contra la homofobia y contra la discriminación a los que no son como la mayoría dando aliento y ánimo a aquellos y aquellas adolescentes que por ser diferentes se sienten un bicho raro para que se quiten de la cabeza, si alguna vez la han tenido, la idea de suicidarse, cosa que el mismo intentó cuando tenía 16 años. No cambiéis, seguid siendo así – dijo Moore – ahora es vuestro turno, vosotros sois los que estáis ahora en este escenario.
Al final de la noche, la frase que más polémica desató fue la morcilla que Sean Penn metió antes de leer el nombre de Birdman como mejor película. Sus palabras textuales fueron «Who gave this son of a bitch his green card?», algo así como, «¿Quién le dio a este hijo de perra el permiso de residencia?». Se refería a Alejandro González Iñárritu (que se hace llamar Alejandro G. Iñárritu, destacando el apellido de origen vasco de su madre) y a su condición de mexicano. Pero lo hacía con ironía, de forma cariñosa y desde la amistad, ya que él fue su director en 21 gramos el año que ganó su primer óscar por Mystic river. No hay lugar para la polémica, porque no tendría que entenderse de otra forma.
Estas palabras probablemente fueron las que animaron al realizador a desear en su discurso que junto a sus compatriotas que viven en Mexico encuentren el gobierno que merecen y que los mexicanos que están en Estados Unidos sean tratados con el respeto y la dignidad con las que fueron tratados los que vinieron antes que ellos y construyeron aquella increíble nación de inmigrantes (refiriéndose a los Estados Unidos de América). Valientes palabras que dejaron un hueco para invitar a Michael Keaton a expresarse ante el micrófono. Un Keaton que dio muestras de su humildad y su felicidad por la victoria de su película, por encima de una posible decepción por no haber ganado el premio al mejor actor y que aplaudió, como no podía ser de otra manera, a Eddie Redmayne cuando subió a recoger su óscar, y reinvindicó a los enfermos de E.L.A.
He querido dejar para terminar el sencillo, directo y emotivo mensaje que dejó J.K. Simmons al final de su agradecimiento. Llamad a vuestros padres. Si tenéis la suerte de que estén vivos, llamadles. No les mandéis un mensaje o un mail. Llamadles por teléfono y decidles que les queréis. Dadles las gracias y escuchad todo lo que tengan que deciros.
Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.
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Ayer, viernes 20 de febrero, a partir de las 19:30, pudimos disfrutar de nuevo de un interesante cine fórum en el incomparable marco que nos proporciona el Salón de Actos del Castillo de Marcilla. Estos amenos encuentros los realizamos en colaboración con el club de lectura de la Biblioteca de Marcilla, con la bibliotecaria Gloria Perales al frente, y bajo el auspicio de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de la localidad.
En esta ocasión nos acercamos a la novela gráfica de Marjan Satrapi, Pollo con ciruelas, y en la adaptación cinematográfica que la propia Satrapi dirigió a cuatro manos con su compañero de andanzas Vincent Paronnaud, con un reparto de campanillas que incluía a Mathieu Almaric, María de Medeiros, Golshifteh Farahani, Isabella Rosellini, Chiara Mastroianni y Jamel Debouzze, entre otros. Ambos realizadores ya eran mundialmente conocidos por haber llevado al cine, en este caso, en forma animada y en blanco y negro, otra novela gráfica de Satrapi, Persépolis, que cuenta sus experiencias como adolescente durante la revolución islámica, trabajo que consiguió la nominación al Oscar en el apartado de mejor película de animación en 2008.
Se trata de un filme heterodoxo en las formas que proviene del mestizaje de dos países tan diversos como Francia e Irán. Aunque se podría hablar perfectamente de una película multicultural. Rodada en Alemania, con varios actores franceses, alguno de ascendencia marroquí, una actriz iraní, otra portuguesa, dos italianas, hablada en francés, y que cuenta una historia que sucede en el Irán de mediados del siglo pasado.
Yeki boud, Yeki neboud. Había alguien, no había nadie. Así empiezan los cuentos persas. Estas son las primeras palabras de Pollo con ciruelas, un canto de amor al cine, pero sobre todo un canto de amor al hecho de contar historias y a las diferentes formas que hay de contarlas, que nos trae al recuerdo al protagonista de Cometas en el cielo, que tan gratamente vimos y comentamos en este mismo lugar, y que tan aficionado era a escribir y leer este tipo de cuentos a su inseparable amigo de la infancia.

A medida que avanzan los minutos irán apareciendo fragmentos narrados en acción real, otros contados a través de dibujos animados, personajes que se desdoblan en otros personajes, pequeños homenajes realizados de forma manierista al expresionismo alemán de Fritz Lang y Murnau, al Orson Welles de Ciudadano Kane y de El proceso, a Hitchcock, a Martin Scorsesse, y referencias a una obra maestra del romanticismo de la época muda del cine, El fantasma de la ópera, protagonizada por el hombre de las mil caras, Lon Chaney.
En la mesa moderando la conversación nos encontramos la anteriormente citada Gloria Perales, que hizo acertadas acotaciones acerca de la novela gráfica y su relación con la película, y este que os escribe, Manu Zapata, que se encargó de la parte cinematográfica.

Llegamos a la conclusión de que la película completó de alguna forma lo recogido en el cómic, que a ojos de los lectores reflejaba de forma un tanto fría y distante la historia de este excelso violinista que ha perdido la pasión por interpretar música y por vivir, y que se deja morir en ocho días. Los dos medios de expresión enriquecen la historia gracias a un peculiar sentido del humor que hace que el lector y el espectador se encuentren sorprendentemente cómodos ante una historia que en el fondo puede resultar demoledora. La vertiente política del texto se recoge de forma sutil, pero perceptible, en un segundo plano que deja el protagonismo a la historia de amor y a la reflexión sobre la muerte que sobrevuelan tanto la novela como la adaptación.

El filme, gracias a la música, al colorido, a las maravillosas interpretaciones de los actores y al carácter lúdico de los realizadores, se antoja como un todo con una sorprendente estructura y un final totalmente redondo y lleno de emoción. No sobra ni uno solo de los planos utilizados para narrar esta historia, ni falta absolutamente nada. 93 hermosos minutos de cine en estado puro en los que se mezclan géneros y formatos, y se homenajea a todo el cine que han vivido sus directores como aficionados al séptimo arte.

Pollo con ciruelas contiene una reflexión sobre la vida, sobre los lazos familiares, sobre el destino, sobre la música, y por elevación sobre el arte, y sobre el artista, y más aún, sobre el genio, con sus arranques llenos de ingenio y de talento, pero también con su egocentrismo, su crueldad con los que le rodean y su alma torturada. Y en el fondo sus razones, que poco a poco nos irá desvelando el relato de este cuento con un narrador sorprendente que va a comenzar con las palabras con las que empiezan todos los cuentos persas.
Yeki boud, yeki neboud. Había alguien, no había nadie…

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