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Crítica de «Expiación»(2007) – Estreno en España: 11/01/2008

Tenues cantos de pájaros emergen suavemente del silencio más absoluto. Abre de negro. Las incisivas notas de un piano se aceleran poco a poco a medida que vamos observando la habitación, una gran estancia de una casa señorial cuyas paredes de color azul celeste se encuentran decoradas con motivos que recuerdan a las ramas de un árbol. Muebles, más muebles y en el centro una mesa. Sobre ella, una vieja máquina de escribir Underwood, una de esas con las letras en color gris plata que destacan del fondo negro. Delante, una niña de apenas trece años, con la cabellera rubia perfectamente recortada en forma de yelmo y un torrente de imaginación que se transmite a través de sus manos a las teclas que golpea incansablemente con sus dedos. El característico sonido, similar a un traqueteo, se mezcla con los trinos y con la música de piano convirtiendo la máquina de escribir en un instrumento más de la banda sonora, articulando una preciosa combinación de sonidos que el genio del compositor Dario Marianelli ha convertido en uno de los puntos fuertes de Expiación. Un gran acierto el introducir ese elemento sonoro en la partitura que va a recordar insistentemente la importancia de la letra impresa que procede de las máquinas de escribir en una historia que se va a prolongar a lo largo de mucho, de muchísimo tiempo.

saoirse 1º plano

Dos elementos van a funcionar como la chispa que va a encender la mecha de los acontecimientos. La desbordante, y al tiempo enfermiza, imaginación de esa niña de trece años mezclada con los celos hacia su hermana mayor y una nota escrita por el amante de esta que nunca debió llegar a sus manos, una nota en la que destaca a toda pantalla una palabra que comienza por c y que, curiosamente, tanto en inglés como en castellano tiene cuatro letras.

En el primer tercio de Expiación es sin duda donde se encuentra lo más interesante de esta película. Las relaciones entre ese, parafraseando el nombre del grupo, bizarro triángulo amoroso formado por Briony Tallis, la niña de trece años, Cecilia Tallis, su hermana mayor y el jardinero de la familia, Robbie Turner, es lo que va a marcar el devenir de la primera parte de la historia. Evidentemente dentro de ese triángulo va a sobrar un vértice, Briony, sin duda el personaje más interesante del guión. Es en esta parte donde el adaptador de la aclamada novela de Ian McEwan, el prestigioso Christopher Hampton, y el director de la cinta, Joe Wright, se han tomado su tiempo a la hora de retratar a los personajes y narrar la historia, y eso se nota y se agradece. En esta brillante primera parte se hallan las propuestas más estimulantes de guionista y director, contando la historia desde la percepción de la imaginativa hermana pequeña y a continuación narrando los hechos tal y como ocurrieron realmente.

MOJADA EN LA FUENTE

Por el contrario, el resto de la película da la sensación de estar contado a mata caballo. Se trata de una sucesión de acontecimientos que pasan como una exhalación sin la profundidad que, sin duda, tiene la novela y por tanto sin dejar que el espectador se implique en lo que está contemplando. La narración se queda en un agua de borrajas emocional, una frialdad que coloca al público como mero observador objetivo de lo que pasa sin integrarlo emotivamente con el devenir de los protagonistas. La pasión que transmiten los personajes de Keira Knightley y James McAvoy (Cecilia Tallis y Robbie Turner) se va diluyendo cual azucarillo en la leche cuando la historia deja el bucólico escenario de la casa de campo de la familia Tallis coincidiendo con el paso a un segundo plano del personaje de Briony que pasa a tener 18 años y cambia de actriz que lo interpreta.

James MacAvoy

Lo más interesante de todo esto tiene una mirada intensa y profunda, tiene nombre de mujer y comienza por S. Saoirse Ronan, el nombre de la actriz que interpreta a esa niña rubia sentada ante una máquina de escribir. Ella será seguramente candidata al Oscar a la mejor actriz secundaria y el sonido de sus deditos golpeando las teclas acompañando al piano y al resto de la partitura otorgarán con toda seguridad el Oscar a la mejor banda sonora a Dario Marianelli, premio con el que últimamente compensan a la película que cuenta con muchas nominaciones y corre el riesgo de irse de vacío.

Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © 2012 Universal Pictures, Studio Canal, Relativity Media y Working Title Films. Cortesía de Universal Pictures España. Reservados todos los derechos.

Expiación

Director: Joe Wright

Intérpretes: Keira Knightley, James McAvoy, Saoirse Ronan

Duración: 130 min.

Inglaterra y Francia, 2007

Hace unos años… «Expiación» (2007)

Buscando en el baúl de los recuerdos, como decía Karina, he encontrado la crítica que en su día escribí de Expiación y he pensado que nos venía como anillo al dedo para seguir haciendo crecer la sección hace unos años. Esto es lo que allá por enero de 2008 me sugirió esta película.

Crítica de «ANNA KARENINA» (2013)

Hay veces en las que la valentía, la osadía de un director a la hora de plantear una película supone un logro transgresor, pero también hay ocasiones en las que un realizador, y por ende su película, fenece víctima de su propia sofisticación. Por desgracia tenemos reciente el batiburrillo personajil mezclado en una ensalada de distintas líneas temporales que nos dejó un tanto aturdidos cuando vimos El atlas de las nubes. Sin ir tan lejos, pero siguiendo por un camino de similar complejidad, Joe Wright, con la complicidad del guión del, en ocasiones, barroco Tom Stoppard, ha ingeniado una coreografía que mezcla el uso de steady-cam y una planificación ágil con rápidos cambios de decorado y tramoyas para simular que la mayor parte de la acción sucede entre las tres paredes de un escenario de teatro.

Lo que en un principio puede resultar innovador y sorprendente con el paso de los minutos se torna un tanto cargante e incluso claustrofóbico. Probablemente esa sea la intención del director británico, trasladar al espectador, valiéndose de la forma de narrar la historia en imágenes, ese ambiente opresivo e irrespirable que sufren los protagonistas tanto en Moscú como en San Petesburgo. El problema es que el 90% de la película se encuentra rodado mediante esta curiosa técnica y, además de suceder en interiores, se circunscribe al escenario, el patio de butacas o los palcos de un teatro, con lo que la sensación de ansiedad se acentúa de tal manera y las transiciones entre distintos escenarios revisten tamaña complejidad que resultan una losa, una rémora que lastra irremediablemente el filme. Lo que se había concebido como un hallazgo visual se complica y se prolonga en el tiempo de tal manera que llega a saturar y termina por convertirse en un problema más que en una solución. Ya se sabe, todo en su justa medida, al final lo mucho empalaga.

en la hierba exteriores

Por el contrario cada vez que la película se asoma a un exterior natural, en momentos de paz, de serenidad, de libertad de los personajes, el filme respira y para el espectador supone un alivio tremendo. Es más que posible que este contraste se haya buscado conscientemente por parte de Wright pero la descompensación entre una parte y otra es tan brutal que en lugar de apuntarlo en el haber debemos anotarlo en el debe de esta versión del clásico de Tolstoi.

anna y vronskyCon este realizador británico a los mandos la única opción posible para encarnar a Anna Karenina era Keira Knightley. Ya contó con ella tanto en Orgullo y prejuicio como en Expiación y no iba a entregar un personaje de la profundidad de este a alguien que no fuese de su completa confianza. Esto ya es cuestión de gustos, pero, para este que suscribe, el estilo excesivamente intenso, y un tanto impostado, con que la actriz británica ha venido resolviendo sus últimas interpretaciones contrasta con la naturalidad de la que hacía gala en sus prometedores inicios como secundaria en Quiero ser como Beckham o Love actually. Aaron Taylor-Johnson compone un improbable Conde Vronsky. Su aspecto no termina de encajar con el del militar mujeriego de la novela en gran parte por su aspecto excesivamente juvenil para el personaje y el recuerdo del superhéroe chapucero en mallas de Kick-ass  no hace sino refrendar este hecho.

baile

Jude Law correcto, Matthew Macfayden gracioso, ambos cumplen. La aparición del pelirrojo Domhnall Gleeson y la joven intérprete sueca Alicia Vikander, de la que hemos podido disfrutar en plenitud en la estupenda Un asunto real, suponen un aliciente y un soplo de aire fresco. Ellos dos protagonizan uno de los momentos más brillantes del filme. Un precioso juego infantil de cubos con letras que esconden las palabras de una conversación secreta, clave para el devenir de sus personajes, excelentemente resuelto en la versión original. Esperemos que el ingenio de los adaptadores y dobladores haya sabido conservar el espíritu y la esencia de la secuencia tal como fue concebida.

anna lateral con sombrero

El fastuoso vestuario, ganador de un merecido Oscar, es siempre un motivo de deleite para la vista y se nos muestra en medio de una compleja dirección artística en la que destaca la curiosa forma de introducir un hipódromo, con sus carreras de caballos, dentro de un teatro o de reproducir la emblemática estación de tren de Moscú, un personaje más en esta historia de pasiones desaforadas, entre bambalinas.

Ni la extrema austeridad de Glengarry Glen Ross ni el excesivo barroquismo de Anna Karenina, en cuanto a híbridos entre cine y teatro la virtud se encuentra en el término medio, en la genialidad de una obra maestra como La huella.

Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © 2012 Universal Pictures, Focus Features y Working Title Films. Cortesía de Universal Pictures España. Reservados todos los derechos.

Anna Karenina

Director: Joe Wright

Intérpretes: Keira Knightley, Aaron Taylor-Johnson, Jude Law.

Duración: 129 min.

Reino Unido, 2013

Crítica de «LA PIEL QUE HABITO» (2011) – Estrenada en España el 02/09/2011

El que un cineasta de relevancia internacional como Pedro Almodóvar presentase su última película en el Festival de Cine más importante del mundo, Cannes, cuatro meses antes de su estreno implicaba un riesgo evidente tratándose de una historia en la que resulta clave no conocer cierto elemento de la trama antes de enfrentarse a la proyección del filme. Conociendo las filias y fobias, sobre todo estas últimas, que suscita entre la prensa española, especializada o no, Almodóvar, que no tiene un pelo de tonto, era perfectamente consciente de que se la estaba dejando a botes y pegadita al pie a todo aquel que quisiera desentrañar el secreto de su película y de paso hacer la puñeta a un buen número de espectadores potenciales. Como era de suponer hubo un medio que hizo todo lo posible por poner tras la pista al mayor número de aficionados. En este caso habría que eximir al crítico de cine de toda culpa y achacarla a responsables con mando en plaza que son quienes en el subtítulo de la noticia de la crónica del día 20 de mayo exponían sin ningún rubor el elemento clave de la historia. En aquellos días quien escribe esto tenía acceso a la edición escrita de dicho medio por motivos laborales y por mucho que quiso apartar la mirada, los caracteres de gran tamaño y destacados en negrita fueron leídos de cabo a rabo sin poder evitarlo. Hay críticos que, de vez en cuando, cargan de forma furibunda contra un director o película determinada, pero siempre cumpliendo con un precepto básico a la hora de escribir:  el respeto al derecho de sus lectores a asistir de la forma más aséptica posible al visionado del filme en cuestión. En este caso el destrozo se hizo conscientemente y por razones que, tristemente, nada tenían que ver con el cine.

ella de fondo

Trascendiendo todo lo que rodea a una película así y centrándonos en lo meramente cinematográfico y dejando claro que para quien escribe el factor sorpresa dejó de existir en el momento trágico en que aquella escasa línea y media se cruzó en su camino, hemos de decir que La piel que habito no nos ha producido un sentimiento de rechazo radical ni de adhesión inquebrantable. No se encuentra entre lo peor ni entre lo mejor de Almodóvar. No entusiasma, no emociona, como puede suceder con otras películas del de Calzada de Calatrava, aparentemente fría sin embargo resulta impactante por momentos. Se presenta irregular e incluso puede desorientar al espectador debido a una mezcla de géneros un tanto desordenada, algo que le achacan los más críticos con la cinta.

Al Almodóvar guionista le gusta salirse de la linealidad, utilizar flashbacks, alterar el orden de la historia para que cobre más interés al ser contada de esa manera. En La piel que habito vuelve a jugar con los tiempos para sorprender al espectador al llegar a cierto punto de la narración. Si se tratase de un guión al uso el resultado no sería el mismo, el interés de esta película reside en la sensación inquietante, en la atmósfera malsana que sobrevuela la primera parte de la cinta, trufada de pequeños apuntes que insinúan lo que va a venir después y que va a completar el extraño rompecabezas haciendo cambiar el significado de lo visto hasta el momento.

antonio operando

Elena Anaya resulta brillante y convincente en un papel de una complejidad extrema y su química con Antonio Banderas funciona a la perfección. Hacía tiempo que no se veía a un Banderas tan centrado, tan contenido, tan desprovisto de ese histrionismo tan postizo y tan falso que tantas veces le lleva a la sobreactuación. La composición de su personaje recuerda, a partes iguales, al turbio cirujano y a su más ingenuo hermano gemelo cuya presencia, encarnada en el cuerpo de Jeremy Irons por partida doble, nos helaba la sangre en Inseparables. Y es que La piel que habito bebe por momentos de las fuentes de la etapa más morbosa y perturbadora del cine de David Cronenberg. Dejando atrás su evidente conexión con el mito de Frankenstein o con El silencio de los corderos resulta más intrigante y mucho más interesante la reflexión que puede surgir al situar esta película frente a la parte más oscura de El secreto de sus ojos y confrontarla así mismo con sucesos terribles y reales como la vida misma como el extenso cautiverio de Natasha Kampush.

antonio y ella en la cama

Copyright del artículo © 2011 Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © 2011 El Deseo S.A. Cortesía de El Deseo S.A. Reservados todos los derechos.

LA PIEL QUE HABITO

Director: Pedro Almodóvar

Intérpretes: Antonio Banderas, Elena Anaya, Jan Cornet

Duración: 117 min.

España, 2011

Hace unos años…

Bajo el epígrafe de: Hace unos años… vais a encontrar publicadas críticas de películas que no son de estreno pero que por una causa o por otra fueron noticia en su momento. Películas de todo tipo y condición, de esta o aquella cinematografía. Incluso pueden cobrar interés en la fecha que se publiquen por alguna circunstancia que las ponga de actualidad. Y qué mejor filme para inaugurar esta sección que La piel que habito, último trabajo de Pedro Almodóvar antes de la recientemente estrenada y comentada en ¡Viva Zapata! Los amantes pasajeros, y emitida hace pocas fechas en La 1 de TVE. Espero que disfrutéis de esta sección y contribuyáis con vuestros comentarios a que vaya creciendo y tomando forma.

Crítica de «LOS AMANTES PASAJEROS» (2013)

Frío. Desde que terminó la proyección de la película hasta que las primeras letras han empezado a aparecer en este documento en blanco del procesador de textos del ordenador han pasado por mi cabeza varias formas de definir mi estado de ánimo después de ver Los amantes pasajeros, pero creo que definitivamente podemos decir que me ha dejado frío. Es lo bueno, o lo malo, según se mire, de ver una película a la vez que los espectadores (he de confesarlo, sí, no he podido asistir al pase de prensa, mea culpa), que uno, por mucho que se impermeabilice, debido al bombardeo de información de las dos últimas semanas y la sobre exposición en los medios, por motivos de promoción, tanto del propio Almodóvar como de sus actores y actrices, ya se ha creado cierta expectativa sobre la comicidad de la trama, el trasfondo crítico con la situación actual o el petardeo y la pluma que revolotean a lo largo y ancho de los 90 minutos de proyección. Y, claro, lo que en los años 80, e incluso en los 90, podría haber resultado transgresor, rompedor, en 2013 parece algo banal y tontorrón, aún así, a pesar de eso, seguramente habrá más de uno que se escandalice. Tal vez es que se esperaba algo más salvaje, pero es que la temática gay de la película queda muy descafeinada porque realmente se trata de algo ya visto, ya superado. De Almodóvar se esperaba que fuese capaz de ir más allá y conseguir sacar de ahí una comedia desternillante y ácida. Pero tristemente, ni una cosa ni la otra.

Amantes pasajeros (12)

No le ha hecho ningún favor  el interesantísimo repaso a toda su filmografía que La Sexta 3 ha hecho esta última semana. Porque Los amantes pasajeros palidece ante cualquiera de los magníficos anteriores trabajos del manchego. Mujeres al borde de un ataque de nervios tiene un sentido del ritmo, una medida perfecta del gag, que aquí desaparece por completo. De Almodóvar lo menos que se puede pedir es que no nos aburra, y es cierto, no aburre, narra con fluidez pero no tiene el brío de otras ocasiones, ni siquiera en el número musical, que es de lo poco que tira hacia arriba de la película. ¿El problema? Por una parte, que cuando entras en la sala ya lo has visto en televisión hasta la saciedad, el factor sorpresa perdido, y por otra que tiene partes realmente brillantes en cuanto a coreografía y realización, pero otras que no están a la altura, con lo que el resultado final es un tanto irregular. Se echa de menos a lo largo de toda la película ese gusto del manchego por encuadrar perfectamente los planos, por matizar la luz, por un uso dramático de los colores, del vestuario y de la dirección artística que marcan un estándar estético de gran elegancia y plasticidad. Incluso las notas musicales llenas de personalidad del estupendo Alberto Iglesias, que aquí, salvo en momentos puntuales, pasan muy desapercibidas.

Los amantes pasajeros BAILE 2

Nos encontramos ante un Almodóvar menor, otra Kika. Muy pobre visualmente. Ni la fotografía, ni la planificación, ni los decorados, tan deslavazados que parecen hechos para un teatrillo, ni el vestuario, los uniformes de los azafatos diseñados por David Delfín no dicen nada (al menos en Kika los diseños de Jean-Paul Gaultier para  el personaje de Victoria Abril eran realmente rompedores y provocadores), incluso el libreto parece pergeñado en dos tardes. Ese Almodóvar escritor al que le gusta jugar con las estructuras de sus guiones, los dobles significados, esconder cargas de profundidad, sorprender al espectador, aportar complejidad y reflexión a sus tramas, ése es al que se está esperando pero no termina de hacer acto de presencia.

Estamos de acuerdo en que esto es una comedia ligera, pero aún así se echa en falta esa chispa, esa mala uva, que te haga saltar de la butaca o partirte de la risa. Es de agradecer que saque el colmillo de vez en cuando pero no ha querido ir más lejos, no ha querido retorcerlo e introducirlo de lleno en las yugulares adecuadas. El espectador acudía, de alguna forma, ávido de sangre, debido a lo que había escuchado y que había creado ciertas expectativas, y cuando aparecen las primeras gotas tiene ganas de más; entonces, en el momento en que desaparece, la decepción es tremenda. Sí, hay un par de momentos desternillantes, pero los torpedos dirigidos hacia todo el entramado de corrupción, tanto política como al nivel de la jefatura del estado, llegando a lo más alto como se dice en el guión, no llegan a explotar, se quedan ahí. Una lástima, una verdadera lástima. Almodóvar es como Clint Eastwood o Woody Allen, a los que siempre hay que pedirles algo más que a los demás porque sabemos que pueden darlo.

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Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © 2013 El Deseo S.A. Cortesía de El Deseo S.A. Reservados todos los derechos.

Los amantes pasajeros

Director: Pedro Almodóvar

Intérpretes: Javier Cámara, Carlos Areces, Raúl Arévalo

Duración: 90 min.

España, 2013

CINE-FORUM – BALZAC Y LA JÓVEN COSTURERA CHINA – MARCILLA

Ayer, jueves 7 de marzo, se celebró en el marco incomparable del Salón de Actos del recientemente restaurado Castillo de Marcilla un evento muy especial. Para conmemorar el día de la mujer trabajadora, que se celebra hoy, día 8 de marzo, se organizó por parte de la Concejalía de Cultura del ayuntamiento marcillés un interesante cine-forum sobre la película Balzac y la joven costurera china. Tuvieron a bien el contar con este que escribe para presentar la película y moderar el debate posterior a la misma, labor que realicé con inmenso placer, acompañado por Gloria Perales, bibliotecaria de Marcilla, y con sumo agradecimiento por haber pensado en mi persona para llevar a cabo esta gratificante tarea. A pesar de lo desapacible de la climatología se dio cita un buen número de espectadoras y espectadores que participaron en un interesante debate en el que pudimos analizar y comentar las curiosidades de una novela y una película con el denominador común de su creador.

MANU ZAPATA Y GLORIA PERALES -CINEFORUM MARCILLA - BALZAC Y LA JOVEN COSTURERA CHINA

Gloria Perales y Manu Zapata, ayer en Marcilla

El cineasta y escritor chino residente en Francia Dai Sijie firmó en el año 2000 su primera novela, Balzac y la joven costurera china, que supuso un éxito de ventas en el país vecino y posteriormente, en 2002, se encargó de llevarla al cine con el mismo título, no obstante él es director de cine antes que escritor. La conclusión del debate no fue otra sino que Dai Sijie no traiciona el espíritu de su libro sino que lo completa con su adaptación cinematográfica. Utilizando otra forma de expresión y los recursos que esta le permite no se quiere limitar a volver a contar la misma historia, va más allá y la enriquece añadiendo matices y utilizando el recurso del flashforward, el llevar a sus personajes 20 años adelante en el tiempo, para que el filme tenga una estructura circular y un final cerrado. De esta forma consigue transmitir una mirada con nostalgia, a todo lo vivido, tanto lo bueno como lo malo, al pasado, y eso supone un acierto de la película que no se encontraba en la novela.

balzac y la joven costurera china FOTO

Copyright del artículo y fotografía © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © 2002 Studio Canal. Cortesía de DeA Planeta. Reservados todos los derechos.

 

 

Los Oscar 2013 (y II)

          LOS PREMIOS

Unos cuantos nombres propios surgen al echar un vistazo a los galardonados el pasado domingo. El primero de ellos es el de Ben Affleck. Cuando se anunciaron las candidaturas la ausencias en la categoría de mejor dirección tanto del propio Affleck como la de Kathryn Bigelow fueron la noticia más sonada. La de la directora se entendía bajo el prisma de la controversia política que había levantado su filme La noche más oscura. En cambio la de Affleck se podría leer como un desaire de la academia hacia un actor metido a director que no despertaba simpatías entre sus colegas (no olvidemos que los candidatos son elegidos por los miembros de cada gremio, en este caso los directores pertenecientes a la Academia de Artes y Ciencias del Cine). A partir de ese momento se produjo un espectacular efecto dominó por el que ARGO y el propio Affleck eran premiados en cada evento que se celebraba, desde los Globos de Oro, pasando por los BAFTA británicos y culminando con los de los Gremios de Productores y Directores. Este californiano hizo historia el pasado 24 de febrero. Tan solo una película había logrado el Oscar a la mejor película sin tener a su director entre sus candidaturas en los últimos 80 años, Paseando a Miss Daisy en la ceremonia de 1990, pero al ser la película con mayor número de candidaturas el premio tenía cierta coherencia. El merito de Affleck y ARGO radica en que no era la primera, ni la segunda sino la quinta película con mayor número de nominaciones. Enhorabuena para este gran director con una producción cinematográfica muy interesante, Adiós, pequeña, adiós fue su impactante debut y The Town (ciudad de ladrones) la confirmación de que aquella no había sido flor de un día. ARGO supone su consagración. Se le puede achacar cierto ataque de patriotismo que no deja entrever las zonas grises tirando a negras que puede haber en la política exterior y en la inteligencia estadounidense, como valientemente sí muestra La noche más oscura, pero que por encima de todo es una película redonda, desde el guión, que mezcla de forma muy efectiva la comedia en dosis adecuadas y el drama que encierra la trama principal, hasta el montaje, que magistralmente hace crecer la tensión a medida que avanza el metraje culminando en una secuencia antológicamente rodada y montada que probablemente es la que ha despejado las dudas a la hora de otorgarle el premio al mejor montaje, no lo puede negar nadie. Son tres Oscars (película, guión adaptado y montaje) que señalan los pilares básicos en los que se sustenta un filme. Los tres pasos en los que se narra la historia serían: el guión en primera instancia, la dirección y por último el montaje. Ya que habían olvidado incluir al director en su categoría, sí que los votantes fueron consecuentes con el resto de apartados que por definición deberían llevar a obtener el galardón a mejor película. Así pues parece una elección acorde a los premios concedidos durante la noche. Affleck subrayó en su discurso que lo importante no son los golpes que te dé la vida, sino levantarse, refiriéndose indirectamente a su etapa más oscura en la que coqueteó con el alcoholismo y de la que salió en gran parte gracias al apoyo de la que hoy es su mujer, la actriz Jennifer Garner.

daniel day lewis EFE

Aquella noche de 1990 de la que hemos hablado nos lleva al segundo nombre propio de la noche, Daniel Day-Lewis, que consiguió, casualidades del destino, ganar su primer Oscar por la conmovedora      interpretación del pintor y escritor aquejado de parálisis cerebral Christy Brown, en Mi pie izquierdo. El círculo se ha cerrado, de momento, con el que acaba de recibir por meterse en la piel de Abraham Lincoln, el tercero que atesora como actor principal, hecho que ningún hombre había conseguido hasta ahora, por encima de él, una grande del cine, Katherine Hepburn, ostenta el record con cuatro. Al recoger el premio de manos de Meryl Streep bromeó diciendo que estuvo a punto de no hacer el personaje de Lincoln porque le habían ofrecido interpretar a Margaret Thatcher y  a Meryl Streep el papel del presidente estadounidense. El mejor chiste de la noche, sin duda.

El nombre de Hepburn nos lleva al otro acontecimiento que hizo singular la ceremonia de los Oscar de 2013. Una de sus cuatro estatuillas la consiguió, en 1968, por El león en invierno tras un empate con Barbra Streisand, protagonista de Funny girl y que curiosamente participó en la ceremonia del pasado domingo. Este hecho se ha producido en tan solo seis ocasiones. El reglamento de la Academia establece que si la diferencia de votos entre dos candidatos es de tres o menos se considera que hay un empate y se otorgan dos premios. En este caso el premio se compartió entre La noche más oscura y Skyfall en la categoría de Montaje de Efectos de Sonido.

Más allá de estas curiosidades un vistazo general al palmarés arroja una conclusión evidente. Los premios han estado muy repartidos y resulta muy, muy curioso que prácticamente todas las películas candidatas a mejor película se han llevado su pellizquito. Tan solo se fue de vacío Bestias del sur salvaje, la película que cubre el cupo de cine independiente que se cuela de rondón en los Oscar. Su premio fue la repercusión que tiene el estar presente entre las cintas candidatas. Este hecho da que pensar. A pesar de producirse una votación entre los casi seis mil miembros que tiene la Academia a lo largo y ancho del planeta todos los años se producen circunstancias más o menos “sospechosas” que hacen que a tal o cual película se le conceda algún premio menor para que no se vaya de vacío, a uno casi le da por pensar que no es fruto de la casualidad. Lo cierto es que esta atomización también es debida a la buena cosecha de cine que ha habido este año, aunque los galardones se han otorgado según los gustos de una institución típicamente estadounidense. Se ha tenido la gentileza de no dejar irse de vacío, por el qué dirán más que otra cosa, a la mejor película, para quien escribe, de las contendientes: La noche más oscura, su valentía y honestidad han levantado tantas ampollas en las altas esferas políticas que parecía condenada de antemano. El otro filme redondo de la noche era ARGO, así pues, dentro de lo caprichosos que puedan ser estos premios no han sido injustos, por una vez y sin que sirva de precedente.

anne hataway EFE

En las categorías de interpretación además de Daniel Day-Lewis había otro nombre en boca de todo el mundo: Anne Hathaway. Su impresionante interpretación de “I dreamed a dream” en aquel eterno plano secuencia que le regaló Tom Hooper en Los miserables nos puso un nudo en la garganta y dejó aflorar alguna que otra lagrimilla. Su Fantine merecía el Oscar a la mejor actriz de reparto. Las otras dos categorías se presentaban mucho más igualadas. Una radiante Jennifer Lawrence, que tropezó con su vestido cuando salía a recoger su premio como mejor actriz principal, venció a la otra favorita, Jessica Chastain, a la que le pudo frenar la controversia que rodeo, como hemos comentado más arriba, a La noche más oscura. Aún así se trata de un galardón totalmente merecido, el único que consiguió El lado bueno de las cosas. Christoph Waltz era, con mucho, el mejor de los intérpretes de Django desencadenado y se hizo con el Oscar al mejor actor de reparto en una categoría muy competida y de gran nivel este año. Quentin Tarantino consiguió así mismo llevarse a casa la estatuilla correspondiente a mejor guión original. Su homenaje al western es modélico, cercano incluso a la obra maestra en sus tres cuartas partes iniciales, lástima de ese final enloquecido. A pesar de todo, parece un premio merecido.

jennifer cae grande efeLa contienda en la categoría de mejor dirección tomó una deriva sorprendente ante las ausencias de Affleck y Bigelow y parecía tremendamente abierta al principio de la noche. Los premios a su fotografía y efectos visuales, espectaculares, unidos al correspondiente a la banda sonora dejaban a La vida de Pi y a su director Ang Lee en franquicia sobre Spielberg y su Lincoln, que en el momento de concederse el galardón solo contaba con el otorgado a su dirección de producción, hasta el año pasado llamado dirección artística. Finalmente, de forma coherente, el director taiwanés se llevó el gato al agua.

En película extranjera parecía estar todo el pescado vendido. Michael Haneke se creía vilipendiado por el Oscar que merecidamente arrebató El secreto de sus ojos a La cinta blanca y acudió a la ceremonia con el convencimiento de que la Academia le iba a compensar por su supuesto “error” de hace tres años. Tristemente para quien escribe así sucedió y Amor cumplió con los pronósticos no dando oportunidad alguna a la chilena No, merecedora sin duda del galardón, dicho esto con la reserva de no haber visto la canadiense War witch. La sempiterna manía de Haneke de meter el dedo en la herida y regodearse con ello he de confesar que me supera.

Otro premio injusto a todas luces fue el obtenido en la categoría de largometraje de animación por una película, Brave, que a pesar de un comienzo prometedor se diluía como un azucarillo en el agua, en detrimento de la magnífica ¡Rompe Ralph! El que sí se alzó con el galardón fue Paperman, la delicatessen en forma de corto de animación que acompañaba en su proyección en cines a la historia basada en las maquinitas de videojuegos. Su productora fue expulsada de la gala por lanzar avioncitos de papel con besos de pintalabios desde el anfiteatro, imitando al protagonista de su cortometraje.

LOS 4 ACTORES CHOCAN OSCARS

Finalmente Adele, que había interpretado el tema principal de Skyfall en la ceremonia, se marchó contenta como unas castañuelas del Dolby Theatre con su Oscar bajo el brazo al igual que los responsables de una delicia de documental que narra una historia casi imposible, la del cantautor Rodríguez, su título: Searching for Sugar Man. Los que tuvieron que irse de vacío por desgracia fueron Paco Delgado, cuyo colorido vestuario para Los miserables quedó sin recompensa ante la vistosidad más fácilmente premiable de Anna Karenina, y la actriz australiana Naomi Watts, que representaba a Lo imposible, la película de Juan Antonio Bayona sobre el tsunami que asoló las costas de Tailandia.

 

 Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © 2013 EFE, afp, Getty images, AMPAS. Reservados todos los derechos.

 

 

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Los Oscar 2013 (I)

  LA GALA

Todos los años el reto es el mismo, básicamente conseguir hacer de un acto elementalmente monótono y aburrido, la entrega de 23 premios, algo medianamente entretenido. El partido está perdido de antemano se trata de minimizar los daños, por decirlo de alguna manera, mantener la audiencia, a pesar de todo, y tratar de atraer al público más joven reacio a permanecer durante más de tres horas delante de la pantalla cuando hablan de películas que ni siquiera han visto. En esta edición se contaba con la ventaja de que prácticamente la totalidad de películas llevaban bastante tiempo estrenadas en Estados Unidos con lo que los potenciales espectadores ya las conocían y eso facilitaba un tanto su presencia fiel ante la pantalla de sus televisores.

La principal novedad que a priori presentaba la Gala de los Oscar de 2013 era el cambio de presentador. Tras la rentrée del año pasado de Billy Cristal los productores este año se decantaron por Seth MacFarlane, que acababa de dirigir su primera película, Ted, pero con amplia experiencia  en la pequeña pantalla como guionista, director, productor y actor en series como la conocida Padre de familia. El Billy Cristal que condujo la ceremonia en los años noventa supone un referente a la hora de enfrentarse a una tarea tan complicada y salir airoso, el único de los presentadores de los últimos años que fue capaz de hacer algo diferente y sorprendió por su frescura y versatilidad fue el australiano Hugh Jackman. Del bagaje de MacFarlane se podría esperar algo diferente, rompedor, realmente irreverente, pero lo cierto es que a fin de cuentas el resultado fue decepcionante en varios sentidos. En cuanto al presentador, su sentido del humor se decantó por algo chusco, casi, casi estúpido. Su número musical de entrada estuvo dedicado a las actrices que generosamente han mostrado sus pechos en la gran pantalla. Realmente falto de gracia. Si hubieran querido ser realmente transgresores, y ya por meter el dedo en la llaga totalmente, deberían haber tenido previstas cámaras para recoger las reacciones reales de las interfectas presentes en el Dolby Theatre y no las teatralizadas, grabadas previamente, que incluyeron en el vídeo. Las intervenciones de MacFarlane no fueron afortunadas en líneas generales, nos debemos estar haciendo mayores pero lo cierto es que donde esté Billy Crystal y su fino y elegante sentido del humor, capacidad de improvisación y sus canciones de presentación de las películas nominadas, que se quiten todos los MacFarlane que puedan  venir. El problema es que Crystal ya está más bien jubilado y un poco mayor, Hugh Jackman dijo que una y no más, a pesar de su brillante labor, así que habrá que esperar la llegada de alguien más adecuado, porque mucho me temo que MacFarlane no volverá a ser anfitrión de esta ceremonia.

LOS MISERABLES GENERAL

Los productores de la gala quisieron conferirle cierto sentido del ritmo de forma un tanto ingeniosa reduciendo el tiempo de los agradecimientos (a pesar de que se tuvo cierta manga ancha con los premios más importantes) y avisando a los premiados de que se debían largar ipso facto del escenario con las notas del tema principal de Tiburón, que poco a poco iba subiendo en volumen y engullendo y ahogando sus palabras. Fue un recurso útil, pero el tiempo ganado no se aprovechó para dotar de mayor espectacularidad a la ceremonia. Se utilizó mucha música pero, a diferencia de lo que pasó en otras ediciones, estaba desnuda, sobre todo en el caso de Shirley Bassey, Barbra Streisand y Jennifer Hudson. No había un ballet, una retroproyección, apenas se encontraban apoyadas visualmente. Esta claro que se trata de grandes intérpretes pero nos encontramos en un medio que entra por los ojos además de por los oídos. El caso de Adele fue más hiriente si cabe, la mezcla de sonido ahogaba ese chorro impresionante de voz con que nos estaba deleitando con la música de la orquesta, que en esta ocasión estaba situada en un edificio cercano, con la consiguiente complicación técnica. En otras ediciones la realización nos ha sorprendido con algún que otro hallazgo visual que ha aportado su dosis de espectacularidad y de originalidad. Se echó de menos un concepto del espectáculo más acentuado. Catherine Zeta-Jones contó con un cuerpo de baile para su particular homenaje al musical Chicago pero se le notaba un tanto limitada a la hora de acompañar los movimientos del ballet. El único número que realmente nos puso la carne de gallina fue el dedicado a Los miserables en el que todo el elenco de la película estuvo presente en el escenario, apareciendo poco a poco para lograr un estupendo crescendo que culminó en la apoteosis final. De todos modos los números musicales fueron tan pobres que daba la sensación de cierta restricción en el presupuesto. El otro aspecto que dejó bastante que desear fue el referido a los montajes que se hacen habitualmente, se ha pasado de la genialidad de otras veces a un desangelado compactado de imágenes de las películas de la serie Bond de la que, por cierto, se celebraba su 50 aniversario sin haber podido contar siquiera con la presencia de los seis actores que han interpretado al agente con licencia para matar (en las películas oficiales). El toque de distinción y el bombazo de la gala fue la sorprendente aparición de nada más y nada menos que la primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama para anunciar el principal galardón de la noche, el de mejor película, no sin antes ensalzar el cine patrio de forma vehemente. No sé porqué pero no veo yo algo similar en los Goya.

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A pesar de todo los resultados de audiencia han sido los mejores de los seis últimos años, esperamos que esto no ponga una venda en los ojos de los productores de la próxima gala. Lo que ya queda claro es que Seth MacFarlane no la presentará, ya ha dejado por escrito en su twitter sus intenciones. Teniendo en cuenta que el mejor chiste de la noche lo hizo un otrora serio y hierático Daniel Day-Lewis, mucho más distendido y cercano de lo habitual, parece correcta la decisión de MacFarlane. Me veo un poco como la escritora Carmen Rico-Godoy, que en paz descanse, que en plan gruñón tildó a Billy Crystal, en su primera aparición en los Oscars allá por 1990, como un “mariquita de tercera” cuando a este que escribe le había parecido brillante, transgresor, diferente y me lo había hecho pasar muy bien. Tal vez estemos ya un poco cascarrabias, pero lo cierto es que a MacFarlane no se le ve el futuro que se le podía augurar por aquel entonces a Cristal. Aquella fue la primera vez que trasnochamos para ver los Oscar, los retransmitía Televisión Española y moderaba una animada mesa de debate presidida por los carteles de las películas finalistas, y en la que se encontraba la ínclita Rico-Godoy, Rosa María Mateo. Curiosamente en marzo del 90 fue la última ocasión, antes del pasado domingo, que la ganadora del premio a la mejor película, Paseando a Miss Daisy, no tenía a su director entre los candidatos y abundando un poco más en el tema de las coincidencias un actor británico le birló el Oscar delante de sus narices al mismísimo Tom Cruise ganando la primera de las tres estatuillas que posee, ¿quién?, el ya nombrado señor Day-Lewis. Pero de estos menesteres ya hablaremos cuando nos metamos con el reparto de galardones.

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Crítica de «NO» (2012)

La riqueza de una película muchas veces se encuentra en las múltiples lecturas, a distintos niveles, que pueda tener. En el caso de NO podemos ver desde una clase magistral de comunicación publicitaria hasta un drama basado en hechos reales con aspecto casi documental pasando por un thriller político de primer nivel cargado de tensión y suspense. A partir de los conceptos de “comunicación publicitaria” y de “suspense” surge una primera reflexión. El que se acerque habitualmente a estas líneas sabrá de sobra que se trata de un tema recurrente pero lo cierto es que vuelve a salir a colación la sempiterna manía de las distribuidoras de cambiar el cartel, el título o la imagen de cara a los medios del filme en cuestión. En este caso solamente se trata  de un pequeño añadido en el póster, que no aparece en el que la película ha tenido en su distribución internacional, aún así, la información que se revela hace que la palabra suspense desaparezca del vocabulario del espectador potencial. De esta manera se desvanece, desgraciadamente, uno de los muchos alicientes que posee NO. Se podrá decir que este trabajo relata un episodio de la historia de Chile conocido por mucha gente aunque tratándose de algo sucedido hace veinticinco años gran parte de los que se pueden acercar ahora al cine ni siquiera habían nacido o bien se encontraban en su infancia o adolescencia y no recuerdan con exactitud aquel acontecimiento. Así que si alguien se ve incluido en alguna de estas clasificaciones, y no conoce o no recuerda los hechos, que evite mirar el cartel en la medida de lo posible. Quizá en otros asuntos no, pero en estos menesteres los estadounidenses son unos maestros. Ahí tenemos el éxito de Argo que relata la crisis de los rehenes que se dio en el contexto de la revolución de 1979 en Irán y, a pesar de eso, se han cuidado muy mucho de no revelar más de lo indispensable para preservar uno de los puntos fuertes de la película, la tensión.

Manu Zapata_El cine (de estreno) fácil de leer_vivazapata.net_NO_Gael García Bernal en su despacho

Chile, 1988, la dictadura de Augusto Pinochet se ve obligada por presiones internacionales a convocar un plebiscito, una consulta para que el pueblo chileno diga SÍ, queremos que Pinochet siga ocho años más, o NO, demandamos que se convoquen elecciones democráticas para determinar quien gobierna. NO narra estos hechos desde el punto de vista de un prestigioso publicista al que los partidos políticos de la oposición acuden para que les ayude a articular la campaña por la negativa. Más allá de la premisa histórica, que ya de por sí resulta fascinante, el interés y la importancia de esta película comienza a fraguarse desde el momento en que su director, Pablo Larraín, decide adaptar al cine la obra de teatro El plebiscito de Antonio Skármeta. Del planteamiento de partida va a depender que todo el trabajo quede enfocado en la dirección correcta y ofrezca un resultado final satisfactorio, aunque la mayoría de las veces no existe un único camino para llegar a buen fin. En otros filmes esto da un poco igual pero en NO, o por ejemplo en JFK, el concepto queda fijado desde el principio. El título de la película de Oliver Stone no ha surgido por casualidad, se trata de una narración que incluye imágenes documentales y a las que su director decidió dar un tratamiento diferente al resto del filme. Larraín contaba con gran cantidad de material audiovisual correspondiente a los programas televisivos que acompañaban a las campañas del SÍ y del NO y, al contrario que Stone, decidió rodar en formato 4:3, en el que emitía la televisión en 1988, y utilizar cámaras UMATIC, las que el medio catódico usaba por aquel entonces, para dotar a toda la película de la textura y el aspecto visual de las imágenes reales con las que contaba. De esta forma tan audaz y sacando de sus actores unas interpretaciones naturalistas ha conferido un tono casi documental a NO, consiguiendo que el material rodado y el preexistente  casen perfectamente y se conciban como algo único, como un todo.

Manu Zapata_El cine (de estreno) fácil de leer_vivazapata.net_NO_Gael García Bernal cabizbajo

Se ha contado con varias de las personalidades reales que participaron de aquellos eventos, como Patricio Aylwin y el presentador de televisión marginado por el régimen Patricio Bañados, a los que vemos con su aspecto actual pero en un instante, a través de una licencia dramática consistente en un simple movimiento de cámara hacia un aparato de televisión, retrocedemos veinticinco años para ser testigos de los testimonios reales que grabaron en 1988. El trabajo de realización y fotografía, jugando con los encuadres y movimientos de cámara, es soberbio y demuestra que en una pantalla de 4:3 es posible componer el plano de manera tan estética y efectiva como se pudiera hacer en un cinemascope. El guión de Pedro Peirano consigue que los distintos planos argumentales de los que hablábamos en un principio convivan a la perfección y que se produzca la comunión entre ficción y documento audiovisual, a lo que contribuye el estupendo montaje de Andrea Chignoli que hace desaparecer la frontera entre lo rodado y las imágenes históricas y confiere un ritmo que hace crecer la tensión a medida que llegamos al final sin descuidar ese recurso tan brillante, que tiene algo de elipsis, de hacer continuar una misma conversación en distintos decorados. Un trabajo de orfebrería fina excelentemente realizado.

Manu Zapata_El cine (de estreno) fácil de leer_vivazapata.net_NO_Gael García Bernal y Luis Gnecco

Gran parte del atractivo que genera NO reside en el concepto puramente ceñido a la mercadotecnia de la campaña política, que queda planteado desde la secuencia de inicio. El poder establecido ha convocado el plebiscito para ganarlo y se ha apropiado inteligentemente del SÍ, mucho más fácil de defender. El proceso mediante el que se intenta dar la vuelta a un concepto negativo y difícil de vender como el NO resultará fascinante para aquel espectador interesado en el lenguaje publicitario. No obstante esta campaña ha sido objeto de estudio y se han utilizado conceptos similares en un entorno bastante más próximo, tanto en el espacio como en el tiempo, como más de uno será capaz de apreciar. Gael García Bernal destaca en una interpretación contenida, soberbia e intensa, protagonizando, en una de las variadas lecturas del filme, el combate intelectual entre dos publicistas brillantes que intentan que su producto supere al de su competidor. Un buen deseo, para terminar, más que un vaticinio, ojalá NO se haga finalmente con el Oscar a la mejor película extranjera en la primera ocasión en que Chile se cuela entre los países finalistas. Lo tiene muy complicado pero lo merecería sin duda ninguna.

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NO

Director: Pablo Larraín

Intérpretes: Gael García Bernal, Alfredo Castro, Antonia Zegers

Duración: 118 min.

Chile, Francia, USA 2012