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Crítica de «Elysium» (2013)

Tras el visionado de Elysium la primera reflexión que se nos viene a la cabeza tiene que ver con cierto paralelismo que podría existir entre la trayectoria cinematográfica del sudafricano Neill Blomkamp y la del estadounidense de origen mexicano Robert Rodríguez cuyos inicios en el mundillo del celuloide tienen puntos en común. Al igual que Rodríguez, que con un presupuesto irrisorio y enormes dosis de ingenio, consiguió una tremenda repercusión con su primer trabajo, El mariachi, de la misma forma Neill Blomkamp, salvando un poco las distancias, alcanzó el tremendo logro de hacerse con cuatro meritorias nominaciones al Oscar, incluidos mejor guión original y mejor película, con una ópera prima de ciencia ficción, Distrito 9, que tenía el mérito de ofrecer en pantalla mucho más de lo que su presupuesto hacía pensar en un principio.

damon armado

El nexo de unión de El mariachi y Distrito 9 es una buena idea y una forma audaz, atrevida y efectiva de llevarla a cabo, optimizando el presupuesto para lograr un producto que transmita un ratio calidad/precio muy alto. En Distrito 9 se aprovechaba una historia ubicada en un futuro cercano para mezclar elementos de ciencia ficción con exteriores que nos pudiesen recordar a asentamientos actuales de población chabolista a las afueras de una gran urbe, como en aquel caso era Johanessburgo, para hablar de un tema que todavía tiene muchas heridas abiertas en Sudáfrica, el racismo, con el toque ingenioso de hacerlo a través de las relaciones entre humanos y robots, y de paso hacerlo en forma de una película de acción.

moura y damon

Tras el éxito de El Mariachi el paso siguiente que dio Robert Rodríguez fue hacer un remake a lo grande, con mucho más presupuesto y estrellas de Hollywood de la talla de Antonio Banderas y Salma Hayek, reservándole un papel secundario al protagonista de su primer trabajo, Carlos Gallardo. Después de Distrito 9 Neill Blomkamp ha realizado Elysium en la que habla de discriminación entre unos habitantes de la tierra y otros, la que se da entre los que viven rodeados de lujo y opulencia en una estación espacial, una especie de residencia de los dioses en forma de logotipo de una conocida marca de automóviles de gama alta, a la que no pueden tener acceso los ciudadanos de segunda, sin derechos, que habitan un planeta tierra conformado por enormes ciudades repletas de chabolas y chamizos. No en vano el Los Ángeles del siglo XXII del filme se parece sospechosamente a las favelas de Río de Janeiro.

estación espacial mercedes

Los paralelismos con las condiciones de vida en Sudáfrica y las diferencias entre ciudadanos blancos y negros en la época del apartheid y con el argumento de Distrito 9 no son fruto de la casualidad. Es más, esta relación queda subrayada por la forma en que están utilizados los idomas en la película (imaginamos que tristemente solo será perceptible en la versión original). Las élites hablan en un francés que les aporta un aire de exclusividad y sofisticación y el inglés lo dejan para hablar con la chusma que habita la tierra que además del idioma de Shakespeare se expresa en la lengua de Cervantes. No hay que olvidar que la minoría blanca sudafricana era de origen holandés y francés y la población negra se expresaba en inglés y zulú.

copley

Blomkamp ha contado la misma historia teniendo acceso a un presupuesto que ha crecido exponencialmente respecto al de su ópera prima y que le ha permitido trabajar dentro del sistema de grandes estudios, teniendo como cabeza de cartel a pesos pesados del star system como Matt Damon y Jodie Foster, pero dejando un hueco para su actor fetiche y protagonista de Distrito 9, Sharlto Copley. Por desgracia Elysium se queda en una buena película de acción, aseadita, con cierto trasfondo social, como indicábamos, pero le falta la carga de profundidad que llevaba encima el debut de Blomkamp en el mundo del largometraje, eso sí, nos deja la agradable sorpresa de volver a ver al brasileño Wagner Moura, al que recordamos de la estupenda Tropa de élite.

Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © 2013 TriStar Pictures, Media Rights Capital, QED International, Simon Kingberg Productions, Sony Pictures Entertainment . Cortesía de Sony Pictures Releasing España. Reservados todos los derechos.

 

Elysium

Director: Neill Blomkamp

Intérpretes: Matt Damon, Jodie Foster, Wagner Moura

Duración: 109 min.

USA, 2013

Crítica de «Guerra mundial Z» (2013)

¿Es Guerra mundial Z una película de terror? ¿Se trata de un thriller de suspense? ¿Estamos ante un blockbuster de acción? ¿quizá nos enfrentamos a un filme apocalíptico sobre epidemias? ¿nos metemos de lleno en un drama social? ¿o tal vez asistimos a la adaptación de un best seller? Probablemente sea todo eso, en mayor o menor medida, el problema reside en que este extremo no supone precisamente un punto fuerte sino una indefinición sobre lo que estamos contemplando que hace que la película y el interes que suscita mientras se está viendo se vaya diluyendo como se deshace un azucarillo en la leche. Por desgracia, y digo por desgracia porque uno siempre va al cine con la esperanza de que la historia que va a ver le tome por las solapas y le enganche durante la hora y media larga que va a pasar en aquella sala, por desgracia, decía, Guerra mundial Z no termina de mantenerte en vilo.

Helicóptero zombies cayendo

Se ve con interés pero sin entusiasmo, se trata de algo más racional que emocional, no sentimos empatía con los personajes, nos da un poco igual lo que les pase, en ese sentido es bastante fría y eso crea cierto desapego, hasta el punto de suscitar la carcajada ante ciertos acontecimientos luctuosos que nos dejan un tanto desorientados. Esta lejanía no dice nada bueno acerca de esa vocación de atrapar la atención del espectador. Si a esto le unimos la dejadez con que está tratado el guión a la hora de ir dando pistas, de poner miguitas de pan, para descubrir el camino que lleve a los protagonistas a dar con el posible antídoto de la pandemia que sufre el mundo entero, empiezan a ser ya demasiadas piedras en el camino que trata de unir al público con la historia. Uno echa de menos esa apelación que tienen otros títulos a la inteligencia del espectador, ese juego ingenioso en el que se le propone averiguar la clave que solucionará el enigma que propone la historia, incluso antes que los propios personajes de la misma. En este caso queda resuelto de forma un tanto simplista, casi, casi, por arte de birlibirloque, con un par de pinceladas que más bien son toscos brochazos.

Pitt y family

Para tratarse de un acontecimiento a nivel planetario el último acto de la trama se resuelve de forma meramente testimonial. Se trata de una secuencia intensa, sí, pero al fin y a la postre estamos ante un episodio puntual, una anécdota, un chascarrillo, algo que, aparentemente, nada tiene que ver con la magnitud del resto de lo que se cuenta y que a la postre resulta decepcionante al tiempo que muestra esa falta de conexión entre las distintas partes de la estructura de la película.  Algo parecido a lo que sucedía en la segunda parte de La chaqueta metálica, que reducía la guerra de Vietnam a una simple escaramuza en un edificio derruido.

Pitt suelo lluvia

Esa indefinición de la que hablábamos en un principio hace que Guerra mundial Z no llegue a ser tan divertida como esas maravillas de serie Z del George A. Romero más reciente como La tierra de los muertos vivientes o El amanecer de los muertos, o revisiones del género como Bienvenidos a Zombieland. Si la analizamos desde el punto de vista del cine de epidemias, por darle un nombre, no tiene brío ni tensión dramática suficiente, no sabe explotar en beneficio del argumento el hecho de encontrar la cepa 0 que generó toda la pandemia y a partir de la cual se pueda fabricar un antídoto. Como thriller, por ritmo y tensión, se encuentra a años luz de un trabajo brillante e impactante como 28 días después o de aquel drama que exploraba los orígenes del SIDA, En el filo de la duda, pero sobre todo de una película infravalorada, que quedó olvidada en los años 90 pero a la que los años están colocando en su sitio, Estallido. La comparación con medianías como Contagio o con productos que se quedan a medio camino de todos estos géneros como esta Guerra mundial Z deja patente la brillantez de aquel trabajo de Wolfgang Petersen.

Pitt pasillo rojo

Lo mejor del filme, sin duda, ese epílogo narrado de forma elegante y pausada, contrapunto del prólogo vertiginoso de los créditos iniciales. Estos dos elementos unidos a la sobriedad de Marc Forster en la realización, la presencia de Brad Pitt y la resolución de la trama, a pesar de su cariz anecdótico, donde la película recupera el pulso narrativo, no son suficientes para levantar un trabajo que se mueve por la línea de la corrección pero que no es capaz de ir más lejos.

 Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © 2013 Plan B Entertainment, Apparatus Productions, GK Films, Hemisphere Media Capital, Latina Pictures, Paramount Pictures, Skydance Productions. Cortesía de Paramount Pictures España. Reservados todos los derechos.

 

Guerra mundial Z

Director: Marc Forster

Intérpretes: Brad Pitt, Mireille Enos, Daniella Kertesz

Duración: 116 min.

USA, Malta 2013

En breve crítica de «Más allá de la vida»

Aquí estamos, recién llegados de la filmoteca de disfrutar por segunda vez de este denostado y vilipendiado trabajo del maestro Clint Eastwood. Así que no teníamos más remedio que traer a colación las sensaciones que esta película produjo en nosotros la primera vez que la vimos. A pesar de todo lo que hayáis leído sobre ella desde aquí la recomendamos vivamente. El buen cine siempre tiene un efecto balsámico sobre el organismo. Ahora no tengo tiempo, pero mañana sin falta tendréis aquí la crítica de «Más allá de la vida». Un saludo y buenas noches.

Crítica de «La mejor oferta» (2013)

Resulta curioso observar cómo coinciden en la cartelera en mitad del tórrido verano dos películas cuyos protagonistas son las obras de arte, las subastas, los atildados maestros de ceremonias de estos engolados ritos y los sentimientos que, aunque parezca mentira, pueden fluir por las venas con sangre de horchata de estos peculiares personajes. Hasta ahí las similitudes entre Trance y La mejor oferta. Lo cierto es que en cuanto miramos el nombre de los directores nos encontramos con que el cine de Giuseppe Tornatore podría situarse perfectamente en las antípodas del que realiza Danny Boyle.

subasta

Y esto nos lleva directamente al final, empecemos la casa por el tejado. Lo cierto es que la maestría del italiano a la hora de poner el broche de oro a esta historia de ambiciones, misterio, sentimientos y pintura es tal que provoca un pálpito en el cinéfilo impenitente que lleva tiempo sin degustar la cadencia, el poso, la elegancia de una narración puramente cinematográfica, sin apenas diálogos, hilada a través de la partitura de un eterno (84 años) e inefable Ennio Morricone, al ser testigo de un trocito de obra maestra. Otro director, otro guionista, otro productor, otra industria cinematográfica hubiese cerrado esta historia de una forma muchísimo más evidente y chapucera, pero la sensibilidad de la pluma, primero, y de la dirección y del montaje de Tornatore más tarde, ha conseguido que, a pesar de poder hacerle algún mínimo reproche, durante los últimos quince minutos de metraje la palabra cine brille con luminosas letras mayúsculas en la mente escrutadora de quien acumula, tal vez, excesivas horas de butaca en butaca y de sala en sala.

praga

Nada como la música de Morricone para transmitir de forma sutil pero persuasiva los sentimientos cambiantes de ese protagonista, brillante e impoluto Geoffrey Rush como de costumbre, encerrado en su armadura de plata, en su torre de marfil, protegido de cualquier peligro que pudiera perturbar su alma y entregado a las mujeres que nunca le harán daño, aquellas que puede tener cerca, que puede observar, con las que se puede deleitar pero que no le van a crear ni el más mínimo problema. Muy intenso tiene que ser el incentivo para abandonar esa vida monacal y entregarse a lo desconocido, a lo extraño, a lo ingenuo pero también a lo sensual y a lo peligroso de ese misterio que tiene ante sí en forma de mujer atormentada y de curiosas piezas formadas por distintos tipos de engranajes que parecen conformar un todo que poco a poco se va desentrañando al mismo tiempo que se van uniendo los hilos que fluyen en torno a los protagonistas.

en el taller

Cómo no sucumbir ante el hechizo y las buenas artes, en este caso, del director que nos arranco auténticos lagrimones con la secuencia más emocionantemente bella que nos ha mostrado nunca el cine dentro del cine. Aquellos besos robados del Nuovo Cinema Paradiso serán para siempre inolvidables. Tornatore sigue en forma. Qué placer escuchar al que tiene algo que decir y que además te lo cuenta de esa manera tan especial que te hace atender con fruición, con los ojos y los oídos bien abiertos, de forma que apenas puedes respirar ni fijar tu atención en otra cosa que no sea el relato que tu interlocutor está construyendo.

rush junto a la pared

Para dejar el misterio en el aire quedan las palabras de uno de los personajes de la película ante la actitud inquisidora del protagonista.

-¿Cómo es vivir con una mujer?- pregunta.

– El matrimonio, y el amor por extensión, es como participar en una subasta. Nunca sabes, ni probablemente sabrás, si la tuya es la mejor oferta.

Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © 2013 PACO Cinematografica, Warner Bros. Cortesía de Filmax. Reservados todos los derechos.

 

La mejor oferta

Director: Giuseppe Tornatore

Intérpretes: Geoffrey Rush, Jim Sturgess, Sylvia Hoeks

Duración: 124 min.

Italia, 2013

Crítica de «Un invierno en la playa» (2013)

Cuando te has propuesto escribir sobre una película en concreto, Antes del atardecer por nombrar una de las estrenadas recientemente, y de pronto aparece otra que interfiere con tanta fuerza que te provoca unas irrefrenables ganas de contar cosas, es preferible ponerse delante del folio en blanco o del teclado del ordenador y dejar fluir las distintas sensaciones que se agolpan y pugnan por salir intentando ordenar de forma coherente el cúmulo de ideas para que tomen forma y el discurso no aparezca deslavazado y disperso a los ojos del potencial lector. Lo cierto es que estas líneas iban a girar en torno a los 18 años de historia de amor de Jesse y Celine repartidos en los tres famosos  Antes de… pero tras dejar pasar de largo una de las películas del año, si no La Película,  Las ventajas de ser un marginado, sin escribir una letra al respecto en esta ocasión no podía ignorar un trabajo delicioso, interesante, con poso, excelentemente escrito, con unos personajes perfectamente dibujados e interpretados y que se ve con una sonrisa permanente.

CONNELLY Y EX MARIDO

A priori a Un invierno en la playa no le pides mucho, partiendo de que ya el título directamente aleja a muchos espectadores potenciales de las salas (un nuevo patinazo de la distribuidora española de turno). Esa es probablemente la razón de que sorprenda tanto, en el sentido positivo, de que supere con creces las mínimas expectativas que cualquiera pudiera haberse creado.

HIJO Y SU CHICA

Este filme seduce y engancha desde el primer plano, desde las primeras palabras que además de escucharse aparecen escritas en pantalla con tipografía que simula la caligrafía de quien las pronuncia. Mirarla dolía. Recuerdo que era tan hermosa que mirarla me dolía. Como dice uno de los personajes posteriormente, este podría ser perfectamente el principio de un buen libro, un buen gancho para atrapar al lector desde la primera frase, de la misma manera que es el punto de partida de una buena película, de esta película. Una forma sencilla, con un detalle nimio pero capital, de captar la atención y de ir ganándose al espectador poco a poco. Así sucede al presentar a los tres personajes principales de esta tragicomedia, cada uno desde su peculiar forma de escribir. El primero que hemos visto, un adolescente obnubilado por su compañera de pupitre; su hermana, una universitaria alérgica al amor pero que no le hace ascos al buen sexo; y el padre de ambos, un divorciado, que por alguna razón sigue esperando que su ex mujer regrese. Los tres, escritores, como reza el título original (Writers) con el que la película se presentó en septiembre del año pasado en el Festival de Toronto.

los 3

Así que lo del invierno en la playa se queda en mera anécdota, en la ocurrencia trasnochada del iluminado de turno. Lo que realmente subyace debajo de todo esto es una reflexión bastante más profunda sobre la experiencia en la vida trasladada a la creación literaria.  Yendo más lejos, se nos habla sobre la vida en sí misma, sobre vivirla intensamente para poder plasmarla negro sobre blanco o dejarla pasar a un lado mientras se te va escapando de las manos, sobre el amor con sexo o el sexo con amor (aunque sin dejar de lado el sexo sin amor), desde el punto de vista masculino o femenino, desde el principio de la edad adulta o desde la madurez. Una apuesta importante, una carga de mucha profundidad para tratarse de una primera película.

COLLINS Y KINNEAR POR LA PLAYA

El responsable de todo esto, Josh Boone, debuta en la dirección con este guión propio, trabajado, redondo, intenso, donde los personajes dejan de serlo para convertirse en personas. Son complejos, intrincados, profundos y se encuentran muy pegados a la realidad y aparecen dentro de una historia que hace que te reconcilies con ese buen cine que se esconde debajo de las piedras y que te sientes afortunado de encontrar de vez en cuando, ese que, cuando esto sucede, intentas acercar a cuanta más gente mejor. Si algo habría que achacarle al novato cineasta sería cierta impericia a la hora de realizar, de planificar determinadas secuencias, algo menor, en este caso, en comparación con el texto y con una magnífica elección de intérpretes y con una no menos estupenda dirección de los mismos.

lerman y collins ok 

Porque no hemos dicho nada hasta ahora pero es que el hecho de ver aparecer en los primeros diez minutos de metraje a todos y cada uno de los componentes del insuperable elenco de Un invierno en la playa hace que la sonrisa de satisfacción se amplíe por momentos. Además de la estimulante presencia de Greg Kinnear y Jennifer Connelly nos encontramos con Logan Lerman, el protagonista de Las ventajas de ser un marginado y Lily Collins (sí, la hija de Phil), la Blancanieves de la versión con Julia Roberts que acaba de dar el salto y definitivamente ha dejado de ser “hija de” para convertirse en una actriz con mayúsculas. Y si de postre aderezamos todo con una gotas de Raymond Carver y Stephen King, ¿qué más se puede pedir para refrescarnos del pegajoso calor estival?

 Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © 2013 Informant Media, MICA Entertainment. Cortesía de DeA Planeta Home Entertainment. Reservados todos los derechos.

 

 

Un invierno en la playa

Director: Josh Boone

Intérpretes: Greg Kinnear, Lily Collins, Jennifer Connelly

Duración: 97 min.

USA, 2013

 

Crítica de «Las vidas posibles de Mr. Nobody» (2009) – Estreno en España: 23-julio-2010

Una estación de tren pequeña, de esas de localidad británica situada más en el campo que cerca de las grandes aglomeraciones urbanas. Dos adultos, un hombre y una mujer, y de la mano de ambos un niño de apenas nueve años. Una elección imposible, de esas que marcan una vida para siempre.

-Hijo mío, tienes que decidir, ¿quieres venir conmigo o prefieres quedarte con tu padre?

La imagen se congela mientras la voz en off del niño subraya:

-No podemos volver atrás. Por eso es tan difícil elegir. Tienes que tomar la decisión correcta. Mientras no eliges todo sigue siendo posible.

NIÑO ENTRE PAPÁ Y MAMÁ EN EL TREN

No resulta casual, ni mucho menos, que esta secuencia se produzca cerca de las vías del tren. Una metáfora visual de la línea de la vida que en determinados puntos de inflexión se bifurca en varias alternativas, varias vidas posibles propiciadas por distintas elecciones hechas en un punto clave. Jaco Van Dormael realiza una reflexión sobre el tiempo en sí mismo y las distintas vidas paralelas que podríamos vivir de existir agujeros en el continuo espacio temporal que lo permitiesen. Habla de conceptos como la causalidad, más que la casualidad, de lo que nos acontece, del efecto mariposa, que más o menos viene a decir que todo lo que sucede por mínimo que sea condiciona lo que va a pasar después en lugares remotamente lejanos unos de otros. Toma la teoría del Big Bang como el principio por el cuál el universo y todo lo que sucede dentro de él se encuentra en permanente expansión. Y sitúa en medio de este torbellino de filosofía, de ideas y de ciencia a un individuo al que bautiza como “don nadie”, Mr. Nobody, alguien que no existe, que no ha existido, un conejillo de indias de las generaciones del futuro para estudiar cómo era la vida en las últimas décadas del siglo XX. Lo curioso es que  dentro de tanta ciencia ficción y de tanta sofisticación argumental se encuentra una historia desgarradoramente  romántica, llena de sentimientos contradictorios, pero rebosante de fuerza dramática. Detrás de toda esta elucubración cientificofilosófica, aparentemente fría y milimétricamente calculada, surgen las palabras, los sentimientos, las emociones, que complementan el conjunto y hacen de ésta una película compleja pero muy interesante por lo que aporta en ambos sentidos.

LAS TRES NIÑAS SENTADAS

Uniendo la idea de ver qué hubiese pasado con la vida de este personaje dependiendo de haber tomado unas u otras elecciones y esta especie de historia romántica con mucha ciencia ficción nos viene a la cabeza que podríamos hallarnos ante un híbrido entre la obra maestra de Frank Capra Qué bello es vivir y el maravilloso romanticismo rodeado de excelentes, adecuados y medidos efectos especiales de un clásico moderno como es Olvídate de mí. Las referencias a la película de Capra resultan más que evidentes, ese accidente de un niño con un trineo y esa casa abandonada apuntalada con listones de madera clavados sus ventanas. Aunque tampoco el director belga se olvida de títulos emblemáticos más recientes como Matrix y la directa alusión que hace al “arquitecto”.

DOS VECES NOBODY

Esta profunda reflexión sobre la vida puede resultar de difícil digestión, está claro que no se trata de un entretenimiento de domingo por la tarde, más aún viniendo de un director que espacia mucho sus trabajos, el último de ellos data nada más y nada menos que de 1996. Ante todo se trata de una película que atrapa tanto intelectual como sentimentalmente al espectador inquieto e interesado en historias con cierto poso, de esas que siguen dando vueltas por la mente horas y días después de haberlas disfrutado, un filme desesperadamente romántico cuyo espíritu se puede resumir en dos frases que Van Dormael pone en boca de un Mr. Nobody anciano:

-No tengo miedo de morir. Tengo miedo de no haber vivido lo suficiente.

LOS DOS TUMBADOS

Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © 2012. Pan Europeéne, Virtual Films, Christal Films, Pathé, Canal +. Cortesía de Wanda Vision. Reservados todos los derechos.

Las vidas posibles de Mr. Nobody

Director: Jaco Van Dormael

Intérpretes: Jared Leto, Diane Kruger, Sarah Polley

Duración: 138 min.

Canadá, Bélgica, Francia, Alemania, 2009

En breve: Crítica de «Las vidas posibles de Mr. Nobody» de Jaco Van Dormael

Hace tiempo que quería haber publicado esta crítica de una película que me impactó mucho y que no he vuelto a ver desde entonces. Lo cierto es que, después de releer la crítica, tengo unas ganas enormes de recuperarla. Espero que disfrutéis del texto y que, si no habéis visto la película (pasó casi de tapadillo por la cartelera), intentéis encontrarla y le echéis un vistazo. Merece la pena.

Crítica de «Trance» (2013)

La espectacular secuencia de arranque de Trance y todo lo que sucede desde ahí hasta la primera hora de metraje responde al más puro estilo Danny Boyle. El británico es capaz de mantenernos pegados a nuestras butacas gracias a ese tremendo oficio que le permite ser uno de los realizadores que mejor sabe utilizar la cámara, el montaje y la música para crear atmósferas, espacios, intriga, inquietud al tiempo que sube al espectador en la montaña rusa del frenesí y la espectacularidad que rodea al robo, casi imposible, de una obra de arte en mitad de una subasta. Y qué mejor que un cuadro del inmortal Goya, “El vuelo de las brujas”, como centro de atención de una película que quiere acercarse al terreno del thriller psicológico. Porque, como bien reflejaba el propio Boyle en la presentación de la película en Madrid, Goya fue el primer pintor que reflejó en sus obras lo que sucede en la mente y más en concreto la oscuridad y lo más turbio que se esconde en el alma humana como reflejan sus caprichos o las impactantes pinturas negras. El tema de la subasta de este cuadro es una licencia que se toma el guión ya que la pintura se encuentra en el Museo del Prado.

cuadro de goya

El planteamiento de esta historia rezuma brillantez y magnetismo. Se adivina a un Danny Boyle especialmente cómodo manejándose con destreza en medio de una historia tan adulta, probablemente debido a que supuso un respiro, un cambio de tercio, en medio de los dos años en los que estuvo preparando las ceremonias de inauguración y de clausura de los Juegos Olímpicos de Londres. Aprovechó un receso en aquella extenuante tarea de tono más bien blanco y para todos los públicos para sumergirse en una historia diametralmente opuesta argumental y temáticamente. De modo que puede entenderse Trance como un divertimento, un intento de cine negro con toques psicológicos y ciertas ramificaciones eróticas, una película de género sin mayores pretensiones que, por suerte, se encuentra por encima de productos similares que supusieron tremendos blufs en los años 90 como las fallidas El color de la noche o Acosada, pero a años luz de la solidez y el brío de Instinto básico.

todos juntos

Y esa cuesta abajo se inicia en la segunda mitad del filme. Demasiado intrincada, más complicada (innecesariamente) que compleja. El guión quiere jugar a lo espectacular, a lo inesperado, pero lo único que consigue es aturdir y confundir al espectador en una serie de vueltas de tuerca que hacen que el tornillo de las entendederas del común de los mortales termine por pasarse de rosca y que no sirven en absoluto para justificar la supuesta genialidad de la resolución.

sentado en la consulta

El argumento expuesto linealmente apenas daría para un cortometraje ligeramente extendido o tal vez para un mediometraje. El ardid para dilatar la duración se encuentra en la utilización de un recurso que Boyle ha manejado con soltura desde sus inicios, el flashback. Desde los tiempos de Trainspotting, probablemente su mejor trabajo junto a su ópera prima Tumba abierta, el director de Manchester ha demostrado su gusto por esta forma de narrar y su pericia a la hora de utilizarla como bien hemos podido observar en trabajos más recientes, más reconocidos pero menos brillantes, como Slumdog millionare  o 127 horas. Gracias a estos saltos adelante y atrás en el tiempo se trata de epatar al público, de introducirlo en una envolvente que, en este caso, en lugar de levantar la película más bien trata de ocultar las carencias de un guión que tras un prometedor punto de partida se pierde irremisiblemente en un mar de dudas. La tela de araña que trata de atrapar el interés del espectador termina por enmarañar a la propia historia. Eso sí, la valentía (y la voluptuosidad) de Rosario Dawson dejarán una huella indeleble en la retina de cualquiera que se acerque a este thriller psicoerótico.

juego de espejos

Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © 2013 Pathé, Cloud Eight Films, Decibel Films, Film4. Cortesía de 20th Century Fox España. Reservados todos los derechos.

Trance

Director: Danny Boyle

Intérpretes: James McAvoy, Rosario Dawson, Vincent Cassel

Duración: 101 min.

Reino Unido, 2013

Crítica de «El gran Gatsby» (2013)

Confieso que no he leído la inmortal novela de Scott Fitzgerald. Confieso que apenas recuerdo la adaptación que Robert Redford protagonizó en los 70. Confieso que el grandilocuente y efectista Baz Luhrmann no es precisamente santo de mi devoción. Por eso, este comentario se va a centrar exclusivamente en los valores cinematográficos del último trabajo del director australiano.

Desde los primeros minutos la sombra de Moulin rouge sobrevuela por encima de este Gatsby luhrmaniano y eso lo que deja claro es que, por un lado, se ha dado gran importancia a la música, demasiada para la que debería tener en una película donde lo realmente capital habrían de ser la historia y los personajes, y en segundo lugar, que se ha utilizado un lenguaje audiovisual y unas claves que no casan en absoluto con el hecho de que se está adaptando un clásico de la literatura universal. El estilo de Luhrmann se acerca mucho al exceso, a un barroquismo exacerbado que para quien escribe ya destrozó la eterna historia de los amantes de Verona en una (extremadamente) particular versión de Romeo y Julieta y que tan solo ha funcionado plenamente en la anteriormente citada Moulin rouge, en la que la acertada elección de las canciones adecuadas, cuyas letras servían para narrar la trama, hace de ella su película más redonda regalándole a la vista momentos de gran intensidad, tanto en lo visual como en lo acústico, como ese vibrante número a partir de la versión en tango de Roxanne, el mítico tema de The Police.

Fiesta a lo Moulin Rouge

En El gran Gatsby el director australiano pretende hacer una introducción llena de espectacularidad para presentar a un misterioso protagonista como Jay Gatsby (Leonardo DiCaprio) y al que va a ser el alter ego del espectador, Nick Carraway (Tobey Maguire). A modo de videoclip funciona y como banda sonora las versiones que incluye merecen la pena ser escuchadas como un elemento aparte, independiente de las imágenes, no en vano uno de los productores ejecutivos de la cinta es el músico, y pareja de Beyoncé Knowles, Jay-Z. Sin embargo algo chirría cuando queremos trasladarnos hasta los años 20 del siglo pasado a través de esta estética y esta realización  a ritmo de Amy Winehouse, Lana del Rey, los integrantes de Black Eyed Peas y, como no, los omnipresentes Beyoncé y Jay-Z. Definitivamente El gran Gatsby no es un musical.

sentado con MAguire

Estoy totalmente convencido, a pesar de no haber leído a Scott Fitzgerald, de que el escritor de la generación perdida no reflejó esta historia con el tono semifolletinesco, acercándose peligrosamente al culebrón, con el que el director australiano, coautor del guión, la ha llevado a la gran pantalla. Una gran e intensa historia ha quedado banalizada por la impericia de quien ha pretendido hacerla propia cuando, con un texto universal entre las manos, es lo último a lo que se debería de aspirar, y ya somos reincidentes, ¿verdad señor Luhrmann? La mano del de Nueva Gales del Sur no solo ha estado errada a la hora de escribir, gran parte del desatino se circunscribe a la dirección de actores. Se echa de menos una mayor presencia de un personaje que se antoja interesante, Jordan Baker, que se adivina que puede aportar algo diferente a la trama pero que desaparece antes de lo esperado. El espectador pide más en este sentido tanto del personaje como de la actriz que lo encarna, una desaprovechada Elizabeth Debicki, que aporta frescura y que es una de las sorpresas agradables de la cinta en su segunda aparición en la pantalla grande.

la sorprsa de la peli

Pero donde realmente se aprecia el desfase entre la primera y la segunda parte de El gran Gatsby es en la interpretación de Leonardo DiCaprio. Realmente parecen dos películas distintas. Está totalmente descompensado, pasa de parecer ridículo, excesivo, absurdamente cómico cuando está esperando a que le presenten a Daisy Buchanan, a irradiar una serenidad y una elegancia sin par y ese magnetismo personal e intransferible marca de la casa que le caracteriza hacia el final del metraje, que es justo cuando el filme adquiere una pausa y un poso que no había tenido hasta entonces y que mejora con creces lo visto en las dos horas anteriores. Es como si el golpe que recibió Luhrmann en pleno rodaje con una de las cámaras que iba subida en una grúa le hubiera afectado de tal manera que al reanudar el trabajo tras unos días de interrupción hubiese cambiado por completo su modo de enfocar el tono de la historia. Por mucho que El gran Gatsby hubiera ido a concurso en el pasado Festival de Cannes DiCaprio no hubiese tenido ninguna opción de hacerse con el premio a la mejor interpretación masculina. Curiosamente un actor que participó en el otro Gatsby, el de 1972, junto a  Robert Redford, Bruce Dern, fue quien se llevó el galardón a casa.

DiCaprio con copa

Cuando estaba planteándome escribir sobre esta película se fue repentinamente un amigo que, a sus 72 años, acompañaba al grupo que seguimos los partidos de Osasuna en un céntrico bar madrileño, justo el día anterior a la gran victoria ante el Sevilla que selló la permanencia de los rojillos. Seguro que tu mano estuvo ahí detrás, sentado junto a nosotros en la mesa del Avanty´s y dando un empujón a los rojillos. Adiós amigo Manu, socarrón, fanfarrón, pero con ese punto de ternura y ese encanto inimitables. Te echaremos de menos.

Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © 2013 Warner Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures, A&E Television Networks, Bazmark Films, Spectrum Films, Red Wagon Entertainment. Cortesía de Warner Bros. España. Reservados todos los derechos.

 

El gran Gatsby

Director: Baz Luhrmann

Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Tobey Maguire, Carey Mulligan

Duración: 142 min.

Australia, USA, 2013

Crítica de «Nader y Simin, una separación»(2011) – Estreno en España 7-Octubre-2011

Película iraní. Plano fijo. El encuadre tan sólo enmarca a dos personas, un hombre y una mujer, sentados en sendas sillas mirando al frente. Tras ellos una pared blanca. Duración del plano secuencia, unos cinco minutos. Tópico: si estamos hablando de una cinematografía exótica cuyos rasgos característicos responden a un cine contemplativo, de ritmo exasperadamente lento en ocasiones, que cuenta historias sencillas, a veces con cierta ingenuidad, esto tiene pinta de otro trabajo similar a lo que antes nos han presentado directores como Kiarostami o la saga de los Mahkmalbaf, procedentes de la antigua Persia. Error. Los dos actores se enzarzan en una intensa discusión motivada por las circunstancias que los tienen ahí reunidos. Sus personajes se están separando, ella quiere dejar el país junto a su hija para procurarle un mejor futuro pero él se opone porque ha de cuidar a su padre enfermo y no quiere renunciar a la niña, y exponen al juez, que se situaría en el punto de vista del espectador, sus diferentes argumentos sobre el asunto. La intensidad y el ritmo de la conversación es tal que, lejos de encontrarnos ante una película iraní al uso, más bien parece que lo que estamos viendo y escuchando nos acerca más a esa secuencia trepidante repleta de diálogos acerados e ingeniosos que abre un filme que se podría encontrar perfectamente en las antípodas de éste, La red social de David Fincher. El resultado final en cuanto al espectador es el mismo. Una secuencia inicial que te deja sin aliento, que te mete de lleno en la historia y ante la que te preguntas si será posible mantener el mismo ritmo y el nivel de interés durante los siguientes 118 minutos. Con dos principios similares a los que siguen dos desarrollos muy diferentes lo cierto es que finalmente nos encontramos ante dos grandes trabajos.

Foto cartel, buena

La solidez del guion de Nader y Simin, una separación es una de las importantes bases sobre las que se sustenta esta maravillosa película. A través de esta historia adulta sobre las consecuencias que provoca una separación en la vida de dos familias podemos adentrarnos y conocer una sociedad tan extraña a nosotros como la iraní. Lejos de los tópicos asociados a las culturas y los regímenes que gobiernan en los países de Oriente Medio este filme nos asoma, desde dentro, a la vida en Teherán, a gente intensamente religiosa y no tanto, a hombres y mujeres que se guían más por las tradiciones y a otros más aperturistas. Simplemente esto ya supone un aliciente para acercarse a esta película. Pero, adentrándonos más en el corazón del argumento y en sus personajes, nos encontramos ante una historia bien contada, adulta, coherente, real, sacada de la vida misma y reflejo de ella, perfectamente estructurada y narrada, tan, tan bien escrita y filmada que no se le ven las costuras, el mecanismo detrás de todo, los trucos de guión. A nuestros ojos simplemente es un trozo de las vidas de varias personas que se entrecruzan. Como ya comentamos a la hora de hablar de Win win, ganamos todos nos encontramos ante gente que intenta hacer las cosas como es debido, buenas personas que en situaciones complicadas intentan mirar por los suyos y que en determinadas circunstancias pueden meter la pata gravemente. Así pues, esta no es una historia de buenos y malos y eso la hace doblemente interesante y atractiva.

nader plano chulo

Por último, pero no por ello menos importante, hay un director detrás de esta historia. Alguien que se ha preocupado de la forma en la que dar vida a sus propias palabras escritas en las páginas del guión. El que Asghar Farhadi  haya escrito y dirigido Nader y Simin, una separación ha enriquecido el resultado final. La elocuencia con la que muchos planos de la película nos hablan sin necesidad de utilizar palabras es abrumadora. La fuerza de las imágenes, la planificación de las secuencias, el ritmo narrativo y la conjunción de las maravillosas interpretaciones de sus protagonistas hacen de ésta una de las películas más fascinantes vistas en mucho tiempo porque igualmente fascinantes son las relaciones humanas y todo lo que tiene que ver con ellas. Asghar Farhadi ha tenido problemas en su país incluso para que su película fuera elegida para representar a Irán en la próxima edición de los Oscar, pero finalmente estará en la carrera y con muchas posibilidades de ganarla. Me gustaría terminar esta crítica con las palabras que el jurado del Festival de Berlín utilizó para galardonar al filme con los premios a la mejor película, al mejor actor y a la mejor actriz: “sus personajes expresan las contradicciones y la pugna interna de una sociedad en busca de la modernidad, pero a su vez muy anclada en la religión y en sus tradiciones”.

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Copyright del artículo © Manu Zapata Flamarique. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © 2012 Asghar Farhadi. Cortesía de Golem Distribución. Reservados todos los derechos.

 

NADER Y SIMIN, UNA SEPARACIÓN

Dirección: Asghar Farhadi

Intérpretes: Peyman Moaadi, Sareh Bayat, Leila Hatami

Duración: 123 min.

Irán, 2011